La población de lince ibérico marca un nuevo máximo histórico con 2.633 ejemplares, un 10,9% más que el año anterior, cuando se registraron 2.401 ―1.711 adultos o subadultos y 952 cachorros―, según el censo de 2025 difundido este viernes. La otra cara de la recuperación del emblemático felino se encuentra en la elevada mortalidad en carretera y otras infraestructuras: de las 273 muertes contabilizadas, 212 se deben a atropellos, el 77,9% del total. Una situación que se repite año tras año y que el Ministerio para la Transición Ecológica califica de “preocupante”. A pesar de esta tendencia positiva, se ha producido una ralentización en el ritmo de crecimiento, que ha bajado a la mitad con respecto a la media del 20% registrada en los últimos años. “Creemos que las poblaciones buenas, en las que nacen más linces, han alcanzado su capacidad de carga, es decir, no queda hueco, y eso puede estar provocando un estancamiento”, responde Ramón Pérez de Ayala, responsable de especies de WWF, organización conservacionista que participa en el programa europeo de recuperación de la especie.La mayor parte de los linces censados vive en España: 2.269 en España (85% del total) y 394 en Portugal. Las dos comunidades con más población son Castilla-La Mancha, en la que se detectaron a 1.051 ejemplares, casi uno de cada dos linces del total, mientras que Andalucía registró 885, alrededor de uno de cada cuatro.Las tres principales áreas geográficas mejores para el lince ibérico se encuentran en Sierra Morena, con 1.145 individuos contabilizados, en núcleos compartidos por las comunidades autónomas de Andalucía y Castilla-La Mancha. En Extremadura se censaron 302 ejemplares y en la Región de Murcia, 19. En 2025 se registraron también 11 individuos en Castilla y León en la comarca del Cerrato palentino, mientras que a la Comunidad de Madrid llegó en julio del año pasado desde Guadalajara el macho, Uraclio, que todavía sigue sin pareja. En esta tendencia positiva que sigue el lince, el número de hembras reproductoras territoriales ascendió a 542, lo que supone 72 más que el año pasado. Un número que cada vez se acerca más a las 750 que se consideran necesarias por el grupo de trabajo de la especie para declarar al lince en estado de conservación favorable. Esas hembras reproductoras parieron el año pasado a 952 cachorros, con una tasa de fecundidad de 1,75 por cada una de ellas. Todos estos logros condujeron a que en 2024 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la máxima autoridad científica internacional en protección de especies, trasladara al lince ibérico de la categoría de en peligro de extinción a vulnerable en su Lista Roja. España, sin embargo, considera que, a pesar de las buenas perspectivas, la especie se enfrenta aún a importantes amenazas y la mantiene en la situación de “en peligro”. Uno de los hitos más importantes en el sinuoso camino recorrido fue cuando el felino consiguió dejar atrás la etiqueta de “en peligro crítico de extinción” para pasar a “en peligro” en la legislación española, hace más de una década, en 2015. Dentro de esos peligros que todavía existen se encuentran, además de las muertes en carreteras y otras infraestructuras, las que se produjeron por “otras causas”, entre las que destaca el furtivismo. Hay “una mayor incidencia por disparos o persecución ilegal, seguido del ahogamiento en balsas y traumatismo”, indica el informe. El crecimiento de la población provoca que cada vez sea más complicado contar de forma individual a los ejemplares de cada núcleo, como se hacía antes, indica el ministerio en un comunicado. Un trabajo que se vuelve casi imposible en las dos comunidades con más linces de España (Andalucía y Castilla-La Mancha). Por ese motivo, las cifras dadas en este último censo se deben considerar “como un número mínimo de linces”.