María Carcaboso Abrié y Punyawee Polsen |

Bangkok, 4 jun (EFE).- Viajó de Tailandia a Georgia para supuestamente convertirse en gestante de una pareja extranjera, pero al echarse atrás tuvo que elegir entre donar óvulos o pagar para poder regresar a su país. Es el caso de Na, ejemplo de las oscuras redes transnacionales que operan en el negocio de la fertilidad.

Buscando empleo en Facebook, esta tailandesa en la treintena dio con una oferta para gestar para terceros en Tiflis, la capital georgiana: le prometían 400.000 bat (11.600 dólares) tras dar a luz y una asignación mensual de unos 30.000 bat (900 dólares).

«Me dijeron que una familia extranjera quería tener un hijo y necesitaba una gestante», relata Na –nombre ficticio– en una entrevista con EFE.

Aceptó sin saber que el intermediario tailandés que se lo propuso trabajaba presuntamente para BabyCome, una empresa china que se cree que capta a mujeres para gestar en Georgia en condiciones coercitivas, según testimonios recopilados.