A veces los científicos tienen conflictos de interés en las investigaciones que publican. Este ha sido el caso de un trabajo liderado por el oncólogo Mariano Barbacid, jefe del Grupo de Oncología Experimental en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). La revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) retractó en abril un estudio que el equipo realizó en ratones y que mostraba avances en una nueva diana terapéutica que podía eliminar en los roedores tumores de cáncer de páncreas. Tanto Barbacid como dos coautoras tenían intereses financieros en Vega Oncotargets, que se creó con el objetivo de desarrollar terapias contra esta enfermedad. La revista ha vuelto a aceptar una nueva versión del paper que incluye esta información.PublicidadSobre esta cuestión, el CNIO responde a Público que "la publicación del artículo es una decisión enteramente de la revista científica" e indica que no le corresponde al centro "hacer declaraciones al respecto". De acuerdo con la política editorial de PNAS, "los miembros de la Academia que tengan un conflicto de interés, financiero o de otro tipo, que pudiera considerarse que influye significativamente en su objetividad o que crea una ventaja competitiva desleal para cualquier persona u organización vinculada a la investigación, deben enviar su trabajo como una presentación directa".Barbacid renunció a las participaciones que tenía en Vega Oncotargets, según anunció el pasado 5 de mayo. Asimismo, se desvinculó de las patentes solicitadas por el CNIO. Él y las coautoras Vasiliki Liaki y Carmen Guerra cofundaron esta empresa. Guerra tiene el 5,15% del total de acciones y Liaki el 1,43%, información que ahora sí figura en la nueva versión publicada. También se precisa que Barbacid era propietario de 750 acciones, lo que representaba el 9,77% del total, pero que ya no las tiene.¿Es habitual tener conflictos de intereses?"No hay que demonizar a nadie", expresa a Público Alfredo Corell, inmunólogo y catedrático de la Universidad de Sevilla. "Tener un conflicto de intereses es de lo más normal, sobre todo en el campo de la biomedicina". Por su parte, Candela Ollé, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y experta en ciencia abierta, comenta que "quizás hay disciplinas que pueden tener más conflictos que otras", aunque considera que "no suceden cada día". En este sentido, destaca que en el caso de las ciencias sociales la financiación suele provenir principalmente de ayudas públicas, pero reconoce que el ámbito biomédico cuenta con una mayor relación con las empresas privadas.Un dosier monográfico sobre el impacto de estos conflictos publicado en 2025 remarca "la obligación moral del investigador" en este aspecto"Nosotros queremos que un hallazgo de laboratorio acabe convirtiéndose en un fármaco que va a curar una enfermedad", declara Corell. "Y para llegar a esto, este camino pasa por patentes, empresas y financiación de la industria, así que una parte importante de los investigadores de la biomedicina que publican tienen intereses de por medio", añade. "Esto en sí mismo no es una anomalía", pero existe una diferencia entre "tener este conflicto de intereses y declararlo". En este último punto, el catedrático reconoce que "los datos flojean". De este modo, "lo que distingue a un buen científico no es no tener conflictos, sino declararlos siempre, hasta los que puedan parecer una tontería".PublicidadPor qué se deben declarar los conflictos de interesesUn dosier monográfico sobre el impacto de estos conflictos, publicado en 2025 en la Revista de Bioética y Derecho –de la Universitat de Bacerlona–, establece que "la obligación moral del investigador consiste en actuar con rigurosidad científica y publicar todos los resultados de su investigación, manteniendo la veracidad de los datos, sean positivos o negativos, y la interpretación de estos. Además, debe declarar los posibles conflictos de intereses". El artículo menciona casos documentados en la bibliografía anterior donde se evidencia que "los estudios financiados por la industria obtuvieron resultados más favorables en términos de eficacia, de efectos adversos y en sus conclusiones".Alfredo Corell: "Es importante no confundir a la gente. Corregir un conflicto no es desmentir el descubrimiento"Candela Ollé indica que los conflictos de intereses pueden "afectar muchísimo" a la calidad de un estudio. "Si hay intereses económicos detrás, nos plantea sesgos importantes", aduce. Coincide con ella Alfredo Corell, pero remarca que esto "hay que decirlo con mucho cuidado y precaución". "El hecho de que exista un conflicto no significa que el resultado sea falso". A colación del caso de Barbacid, el científico recuerda que se retiró por una declaración de conflictos de intereses incompleta, "pero lo que es la ciencia nunca se ha puesto en duda", tampoco por parte de la revista. "Es importante no confundir a la gente. Corregir un conflicto no es desmentir el descubrimiento. El descubrimiento sigue estando ahí".Desde la Oficina Española de Integridad en la Investigación (OEII) señalan a este diario que la falta de transparencia sobre los conflictos de intereses no tiene por qué afectar a la calidad de un artículo científico, pero sí "a la integridad y confianza en el estudio completo". Explican que si un autor oculta esta información conscientemente, surgen las dudas sobre si ha hecho lo mismo con "otras malas praxis".PublicidadSobre el caso concreto del CNIO, "ellos mismos han contestado públicamente y de forma transparente a las dudas surgidas, incluso a ciertas duplicidades de imágenes que aparecían en esta misma publicación", valoran desde la OEII. "Esto no suele ser habitual y podría pensarse que han sido errores no cometidos de forma consciente y con el afán de engañar", consideran.Cómo garantizar la transparencia científicaEn caso de existir conflictos de intereses, la OEII que un autor, puede reconocer el error. Se trata de "algo que puede suceder, de habérsele pasado", indican. En este escenario, deberá "escribir a la editorial y solicitar lo que corresponda; un corrigendum o retractar [el artículo], así como aclarar y adjuntar todos los raw data – los archivos originales–, en caso necesario, para validar y confirmar la confianza en el resto de la publicación". Si se trata de una mala praxis, "por acto consciente, se debe retirar y poner en duda el resto de la publicación solicitando los raw data, por ejemplo".Corell subraya que "el modus operandi es clarísimo y sencillísimo y además es muy antiguo". Cuando se dan conflictos de intereses, "hay que declararlo todo antes de nada, en el primer momento de enviar el trabajo, y dejárselo claro al editor de la revista y a los lectores para que lo valoren". Pero si la declaración sucede a posteriori, con el paper ya publicado, "entonces toca corregir una fe erratas". En los casos menos graves, basta con indicar que faltaba completar una información, pero en casos más serios como el sucedido con Barbacid, sucede una retractación.La investigadora de la UOC pone de relieve que "existen acciones de ciencia abierta que nos da transparencia. Y esto evita malas praxis o conductas que no son éticas". En este sentido, indica que las propias revista incluyen en sus formularios epígrafes dedicados a la declaración de conflictos de intereses. Asimismo, los artículos pasan por una revisión por pares ciegos, de modo que los revisores también pueden identificar esta clase de incorrecciones. "Hay diferentes momentos donde ya se intenta validar esta responsabilidad", declara Ollé. Así, la experta en ciencia abierta defiende el valor de la honestidad para crear un conocimiento transparente y confiable.