La idea es sencilla: ni matarás, ni torturarás, ni humillarás toros, ni en corridas ni en fiestas. Es anticristiano, es pecado, es inhumano. Ni con los toros ni con cualquier otro animal: “Todas las criaturas de Dios”, según decía San Francisco de Asís. Desde hace décadas, y con más fuerza en los últimos años, son numerosas las voces dentro de la Iglesia que exigen una condena firme de los festejos taurinos, y con ella una exigencia de obediencia a sus miembros. No hay lugar dentro de la fe cristiana para tanta crueldad. Sin embargo, cada Papa ha evitado pronunciarse, a pesar de que los defensores de la tauromaquia son una escandalosa minoría en la cristiandad de nuestros días. ¿Por qué tanto miedo? ¿Ejercen tanto poder la Conferencia Episcopal Española y organizaciones como el Opus Dei? ¿Tiene sentido hablar del amor al prójimo, torturando y asesinando toros en las plazas y calles de España, Francia y Latinoamérica?

Nuevo Papa, vieja lucha. Una vez más, como ya se hiciera con su antecesor Francisco, la comunidad global en defensa de los derechos de los animales actuará en España para reclamar coherencia y justicia al máximo representante de la Iglesia católica. Es decir, pedir al Papa lo que es del Papa. Exigir lo que plantean las Sagradas Escrituras, contrarias a la tortura animal, reclamando a los asistentes y devotos que acudirán en masa a la visita de León XIV una condena firme a las corridas y festejos con toros. El objetivo es convertir esta visita histórica en un acto transformador, con la sociedad y en la fe que les une. Por eso mismo, desde el respeto a sus creencias religiosas, nace la exigencia de que sean cristianos hasta las últimas consecuencias. Que levanten la mano contra la opresión y el sufrimiento de los más débiles: los animales, los toros, las vaquillas, los becerros. Los creyentes y devotos del Papa pueden hacer estos días algo más que rezar y aplaudir: deben exigir a su máximo representante que condene la tauromaquia. Si lo hacen, nos tendrán a su lado.