Hay que congratularse del debate público sobre la inmigración, aunque al tratarse de un fenómeno tan poliédrico hay que huir de simplificaciones. De los posibles aspectos a considerar hoy quisiera comentar algunos relativos al saldo ingresos-gastos públicos.Hace décadas que existe una abundante literatura económica, en particular en EE.UU., que destaca el positivo balance fiscal de la inmigración. Por ello no sorprende que la política del primer Trump, contraria a ella, generara reacciones opuestas como las de la Academia de Ciencias (The Economic Consequences of Inmigration , 2017). El segundo Trump no ha hecho más que reverdecer esta discusión, con numerosos trabajos que estiman explícitamente los beneficios fiscales de los inmigrantes. Así se destaca en el estudio del Congressional Budget Office, que muestra un balance favorable a los nativos tanto los últimos años como la próxima década (Effects of the Immigration Surge on the Federal Budget and the Economy , 2024). También hay que citar, y con un sesgo ideológico liberal, a Bier y colaboradores (Immigrants. Recent Effects on Government Budgets: 1994-2023 , 2026), un detallado análisis que concluye que, sin la inmigración, la deuda pública americana sería hoy prácticamente el doble de la actual. Una estimación positiva que sería la mínima, ya que no incluye los favorables efectos fiscales del aumento del PIB, ahorro e inversión y consumo.Sin los que han llegado de fuera, la deuda pública de EE.UU. sería casi el doble de la actualEl consenso sobre estos resultados refleja aspectos diversos de los que quisiera destacar tres. El primero, gasto y pirámide de edad de los inmigrantes, hoy y las próximas décadas: el sector público no ha tenido que financiar su educación, ni próximamente deberá pagar pensiones, ni tampoco, y en gran medida, sanidad (más del 50% del gasto se efectúa en el último año de vida).El segundo, ingresos fiscales y ocupación. Su más elevada participación laboral y el mayor número de horas trabajadas (el 72% de los inmigrantes trabaja más de 40 horas por semana) se traduce en unos ingresos públicos que son relativamente más elevados.Finalmente, ciclo vital de la inmigración y saldo fiscal. Estimarlo exige considerar que, en general, no se mantienen hasta la jubilación en los puertos de entrada al mercado de trabajo: la evidencia empírica muestra un proceso de mejora ocupacional; además, su tasa de emprendimiento es superior a la de los nativos; finalmente, deberían incluirse las transferencias de renta que efectuarán los hijos de los inmigrantes cuando se incorporen al mercado de trabajo. Considerando estos factores conjuntamente, los ingresos fiscales de ciclo vital mejoran.Como pueden ver, complejo tema. Y cierto que no somos EE.UU., pero es allí donde la evidencia de su impacto ha sido más analizada. Por ello, conviene ir con cautela ante afirmaciones simples. Y la del saldo fiscal es sólo una de ellas.
De nuevo, la inmigración, por Josep Oliver Alonso
Hay que congratularse del debate público sobre la inmigración, aunque al tratarse de un fenómeno tan poliédrico hay que huir de simplificaciones. De los posibles aspectos a considerar hoy quisiera comentar algunos relativos al saldo ingresos-gastos públicos. Hace décadas que...









