El mi�rcoles por la tarde, la C�mara de Representantes de Estados Unidos aprob� por primera vez una resoluci�n para limitar los poderes del presidente Trump en la guerra de Ir�n. El resultado, 215-208, ajustado, fue posible gracias al voto a favor de cuatro republicanos y tiene m�s peso del que podr�a parecer. Desde febrero, la oposici�n dem�crata ha intentado en media docena de ocasiones sacar adelante iniciativas parecidas: un texto que ordenara al presidente retirar las tropas o conseguir la aprobaci�n del Congreso para continuar la guerra.Un mensaje, en definitiva, de que el Legislativo est� en contra de una intervenci�n que consideran da�ina, innecesaria, fatalmente gestionada y que est� costando una fortuna cuando est� a punto de cumplir 100 d�as. La Casa Blanca hab�a logrado mantener prietas las filas una y otra vez. Ya no.Estados Unidos est� harta de la situaci�n en Oriente Pr�ximo. Aunque formalmente hay un alto el fuego desde hace semanas, los escarceos son continuos y las noticias sobre drones o misiles no paran de llegar. Y el precio de la gasolina sigue disparado. El propio presidente no puede ocultar su fatiga y frustraci�n. Dice un d�a que el acuerdo podr�a ser inminente y a la ma�ana siguiente que le da igual si hay acuerdo o no. Insulta y abronca a su principal socio en la regi�n, Israel. Y constata que no hay una salida buena, f�cil ni r�pida.Sin embargo, el mayor desaf�o no est� ahora mismo en los detalles concretos del acuerdo, ni siquiera en el principal escollo, la cuesti�n del programa nuclear. El problema a largo plazo son los l�mites del poder hegem�nico de Estados Unidos, la p�rdida de su influencia y la teor�a del poder de su l�der. La Tercera Guerra del Golfo puede que cambie de forma estructural el ciclo del petr�leo o las alianzas y equilibrios en la regi�n, o puede que no. Pero sin duda est� reescribiendo la forma de entender las alianzas, la fidelidad, la guerra y la fuerza bruta en la era de los drones y la IA.Tras el bombardeo del verano de 2025, con un despliegue asombroso de aviones por todo el planeta, y tras la operaci�n que se sald� con la captura de Nicol�s Maduro, Trump envi� un potente mensaje al resto del mundo, y sobre todo a Rusia y China. Dej� claro que su Ej�rcito puede hacer cosas que los dem�s ni sue�an. Que puede golpear casi en cualquier lugar, sin consecuencias ni bajas. Pero la operaci�n en Ir�n ha mostrado, al mismo tiempo, todas las debilidades del pa�s que no pudo derrotar a Vietnam y acab� harto de los talib�n."La situaci�n es insostenible"Las amenazas de Trump han funcionado en este a�o y medio de segundo mandato contra sus socios comerciales y aliados, resignados al maltrato como mal menor; y contra pa�ses peque�os y a los que superaba abrumadoramente en t�rminos militares, lo que explica que haya podido bombardear hasta seis de ellos sin apenas resistencia. Pero sus m�todos no han funcionado con China en lo que a aranceles, negociaciones y comercio se refiere, ni mucho menos sobre Taiw�n. Y tampoco han servido para doblegar a Teher�n como pensaba que ocurrir�a. Por lo que la Casa Blanca se ve ahora obligada a buscar una salida completamente diferente y mucho m�s dif�cil de encajar en su narrativa habitual."La situaci�n con Ir�n es insostenible. Por mucho que Trump necesite y desee un acuerdo para superar el estancamiento, sus propias decisiones siguen saboteando el proceso de negociaci�n. Para alcanzar un acuerdo, Trump primero deber� reajustar sus exigencias a la realidad estrat�gica, que ahora favorece a Ir�n. Esto implica abandonar las posturas maximalistas sobre el programa nuclear iran� y renunciar definitivamente a cualquier esperanza de imponer restricciones a las capacidades misil�sticas de Ir�n o al apoyo a fuerzas interpuestas. Para que el acuerdo sea viable, adem�s, Trump tambi�n deber� abordar un problema creado por las acciones de Estados Unidos durante los �ltimos 18 meses: la falta de garant�as cre�bles. Presionar a Teher�n para que acepte un acuerdo requiere m�s que simples amenazas militares. Tambi�n requiere convencer al r�gimen iran� de que, al cooperar con las exigencias estadounidenses y renunciar a su programa nuclear, puede prevenir futuras agresiones. Al atacar durante las negociaciones y emplear una ret�rica maximalista en l�nea, como su amenaza de eliminar 'toda una civilizaci�n', Trump ha hecho cada vez m�s dif�cil que Washington ofrezca el tipo de compromisos", avisan en un reciente art�culo Jennifer Kavanagh, profesora del Georgetown University's Center for Security Studies, y Rosemary Kelanic, directora del programa de Oriente Pr�ximo del think tank Defense Priorities.Los insultos de Trump y los exabruptos del secretario de Defensa, Pete Hegseth, no cambian el hecho de que los objetivos principales de la Operaci�n Furia �pica —eliminar para siempre el programa nuclear iran� y, en la medida de lo posible, provocar un cambio de r�gimen— no se han logrado. Al rev�s. Pese a descabezar el Gobierno y acabar con su l�der supremo, pese a destruir la armada y muchos silos de misiles, Ir�n no est� derrotada. Tras el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a todos sus vecinos, golpeando de paso decenas de instalaciones norteamericanas, la situaci�n es ahora mucho m�s delicada en toda la regi�n. Peor, en muchos aspectos, que antes del inicio de la operaci�n.Trump es una persona muy impaciente, que se cansa muy r�pido de los temas, sobre todo si le van saliendo mal. Sus obsesiones son perpetuas, sus odios son eternos, pero su capacidad de concentraci�n y seguimiento es limitada. Tiene siempre prisa y eso casa mal con las estrategias a largo plazo y se alinea con lo que Lawrence D. Freedman, uno de los grandes analistas contempor�neos de historia y cuestiones militares, llama el problema o la 'falacia de la guerra corta', esto es, la convicci�n de que la clara superioridad militar y tecnol�gica "permitir�an a un Estado derrotar a un enemigo con la rapidez, la precisi�n y la contundencia de un ataque inicial".Freedman explica que las grandes potencias "tienden a suponer que su significativa superioridad militar abrumar� r�pidamente a sus adversarios", como le pas� a Rusia en Ucrania. "La brillantez t�ctica estadounidense no pudo garantizar el �xito estrat�gico", en gran medida porque el pensamiento militar estadounidense, que en esto coincide bastante con la cosmovisi�n de Trump, "ha consagrado la idea de que atacar con fuerza y rapidez conduce invariablemente a la derrota y capitulaci�n del enemigo". Esta convicci�n no ha hecho sino reforzarse con la Inteligencia Artificial.'�Qu� pasa si se equivocan?'En sus comparecencias, los mandos militares y el secretario de Defensa presumen siempre del n�mero de posiciones atacadas, de la cantidad de aviones usados en cada operaci�n y del n�mero de tropas involucradas. Igual que el presidente repite en cada intervenci�n el n�mero de barcos enemigos hundidos. La IA y la capacidad de escoger objetivos han reforzado a�n m�s esa forma de enfocar el conflicto y el poder. Que algo pueda ser eficaz en el campo de batalla no quiere decir que pueda servir en el terreno de la diplomacia. "La lecci�n de Ucrania e Ir�n es que cualquier l�der al que se le ofrezca un plan para una victoria r�pida y f�cil deber�a preguntar primero: '�C�mo podemos estar tan seguros?'. Y luego: '�Qu� pasa si se equivocan?'". Trump no pregunt� y ahora paga las consecuencias.Mark Leonard, del European Council on Foreign Relations, sostiene desde hace tiempo que esta guerra de Ir�n est� mostrando por primera vez, m�s all� de las elucubraciones acad�micas, c�mo es la geopol�tica cuando la idea misma de orden se derrumba. Es un estado de cosas que �l denomina 'un-order', algo que no se traduce exactamente como desorden, sino como falta o ausencia des mismo. A Trump no le gustaba el orden internacional anterior porque cree que Estados Unidos sal�a perdiendo y que es est�pido que la mayor potencia del planeta no obtenga todav�a m�s beneficios del sistema. A pesar de que ha hecho todo lo posible por reventarlo, �l quiere otro orden, con �l en el centro, quiz�s incluso con esferas de influencia, pero no una ausencia total de jerarqu�a. Todo lo contrario sue�a con un orden b�sico con el resto pleg�ndose a sus deseos e intereses."El desorden surge cuando se infringen deliberadamente las normas establecidas. Describir una situaci�n como desordenada implica, parad�jicamente, afirmar que a�n existen normas compartidas, incluso cuando se violan. El no-orden, en cambio, surge cuando los acontecimientos superan esas normas y ya no existe un entendimiento com�n de lo que est� bien y lo que est� mal, ni siquiera de la verdad misma. En su lugar, persiste una incertidumbre m�s profunda e irreductible. En lugar de regirse por normas compartidas, el sistema internacional se ve ahora asediado por episodios de coerci�n y represalias".Y por eso, tras sacudir la OTAN, ofender a sus vecinos, burlarse de los amigos y los d�biles, ahora todos miran a Washington pensando con una mezcla de temor y satisfacci�n en el viejo mantra de la pol�tica: si lo rompes, lo pagas.
Donald Trump y el fracaso de un mundo sin reglas: "Sus decisiones sabotean el proceso de negociaci�n"
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