El cerco sigue estrechándose. En la misma semana en la que las sanciones aprobadas el 1 de mayo empiezan a hacer mella en lo poco que queda del sector económico internacional en Cuba, con la salida de Meliá, Iberostar, Visa y Mastercard por miedo a las represalias de EEUU, el Departamento de Estado ha anunciado más sanciones, esta vez contra el presidente cubano, MIguel Díaz-Canel, su entorno familiar, las Fuerzas Armadas, los Comités de Defensa de la Revolución, familiares de Raúl Castro y otras personas y entidades de la dirección del país.

Para justificar las sanciones a un país que lleva casi seis meses sin haber recibido más que un barco con petróleo por el bloqueo estadounidense, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, afirma, sin proporcionar evidencias: “Durante casi siete décadas, el régimen comunista cubano ha librado una continua campaña de guerra política, ideológica e institucional contra Estados Unidos. Trágicamente, el pueblo cubano es rehén de un gobierno brutal y represivo que ignora su seguridad y prosperidad para promover el verdadero propósito del régimen de Castro: servir como puesto avanzado para nuestros adversarios y exportar violencia y terror de izquierda radical a todo nuestro hemisferio”.