Mientras muchos artistas elegirían retirarse ante un diagnóstico tan complejo, Peter Frampton decidió adoptar una filosofía diferente. A sus 76 años, el legendario guitarrista británico convive con una enfermedad degenerativa que afecta progresivamente su movilidad y su capacidad para tocar la guitarra, pero asegura que prefiere concentrarse en todo lo que la vida le permitió vivir antes que en las limitaciones que enfrenta hoy.“Así es la vida”, resumió el músico en una reciente entrevista, donde habló con sinceridad sobre la miositis por cuerpos de inclusión (MCI), una rara enfermedad muscular que le fue diagnosticada hace algunos años y que no tiene cura.Lejos de mostrarse abatido, Frampton eligió poner el foco en la gratitud. “He tenido muchísima suerte. Mi carrera ha tenido altibajos, pero cuando miro los últimos 60 años pienso: ‘Guau, soy el hombre más afortunado del mundo’”, afirmó.La miositis por cuerpos de inclusión es una enfermedad progresiva que provoca debilitamiento muscular e inflamación, especialmente en las manos, los dedos, las muñecas y las piernas. Con el paso del tiempo, tareas cotidianas que antes resultaban simples pueden transformarse en verdaderos desafíos.Frampton reconoce que tuvo que adaptar numerosos aspectos de su vida diaria. Actualmente utiliza un bastón para desplazarse y recurre a herramientas especiales que le permiten sujetar objetos en su casa. Sin embargo, lejos de resignarse, considera que cada nueva dificultad es un reto que vale la pena enfrentar.La guitarra, naturalmente, ocupa un lugar central en esa batalla. “Tuve que cambiar mi forma de tocar”, explicó. “Es un desafío, y siempre estoy dispuesto a afrontar un desafío”, agregó.La enfermedad también modificó profundamente su manera de ver el mundo. Según contó, convivir con una condición progresiva le permitió comprender algo que suele pasar inadvertido: todas las personas están atravesando algún tipo de lucha, aunque muchas veces esa realidad permanezca oculta.“Me hizo darme cuenta de que la amabilidad es lo más importante”, reflexionó. “Cuando conocés a alguien, sea famoso o no, no tenés idea de lo que está ocurriendo en su vida, en su cuerpo o en cualquier otro aspecto. Por eso decidí concentrarme en la amabilidad”, reveló.Sus palabras llegan en un momento particularmente activo de su carrera. A pesar de las dificultades físicas, el músico completó una gira durante el último año y acaba de publicar su decimonoveno álbum de estudio solista, Carry The Light.El trabajo, lanzado el 15 de mayo, fue compuesto y producido junto a su hijo Julian Frampton y cuenta con colaboraciones de figuras destacadas como Sheryl Crow, HER, Tom Morello y Graham Nash. El proyecto representa no solo un nuevo capítulo artístico, sino también una celebración del vínculo familiar que ocupa un lugar fundamental en la vida del músico.La actualidad de Frampton también incluye el estreno del documental Frampton, presentado en el Festival de Tribeca. Dirigida por Rob Arthur, colaborador histórico del artista, la película reúne material de archivo inédito, entrevistas íntimas y registros de algunos de los momentos más destacados de su carrera.Y hablar de la carrera de Peter Frampton implica inevitablemente regresar a 1976, cuando publicó Frampton Comes Alive!, el álbum en vivo que lo transformó en una estrella internacional.El disco doble se convirtió en uno de los álbumes en directo más vendidos de todos los tiempos, con más de siete millones de copias comercializadas y una serie de éxitos que marcaron a toda una generación. Sin embargo, el éxito masivo también tuvo un costado oscuro.Peter FramptonX.comFrampton recordó que comenzó a sentirse abrumado cuando descubrió que las ventas del álbum habían superado a las de Tapestry, la obra maestra de Carole King. “Eso me asustó muchísimo. Empecé a entrar en pánico pensando qué iba a hacer después”, admitió. Durante años, el músico intentó encontrar nuevamente su rumbo artístico. Paradójicamente, una de las oportunidades que le permitió recuperar impulso llegó gracias a un viejo amigo de la adolescencia: David Bowie.La amistad entre ambos se remontaba a los tiempos escolares. El padre de Frampton era profesor de arte y tuvo entre sus alumnos a un joven David Jones, mucho antes de que el mundo lo conociera como David Bowie.Peter FramptonX.comFrampton recuerda haberlo visto tocar el saxofón y cantar en una banda escolar cuando todavía eran adolescentes. Fascinado por su creatividad, decidió acercarse a él durante un almuerzo en la escuela. Desde entonces mantuvieron una amistad que se extendería durante décadas.Años más tarde, esa relación desembocó en la participación de Frampton como guitarrista en la gira Glass Spider Tour de Bowie, en 1987, una experiencia que ayudó a revitalizar su carrera y que ocupa un lugar destacado en el documental.La película también muestra una faceta más íntima del músico: su relación con sus tres hijos, Julian, Jade y Mia. Esta última incluso tuvo una breve pero recordada participación en la exitosa comedia Damas en guerra (2011). “Como ocurre con todos mis hijos, soy muy afortunado”, aseguró Frampton. “Tenemos una relación maravillosa”.