La última tapa de NOTICIAS fue premonitoria. “La socia de riesgo”, se tituló, con la imagen de Patricia Bullrich abrazada a Javier Milei. En la bajada se contaba: “Desafía en público al Presidente y enfrenta el poder de Karina. Criticó a Adorni y fue castigada en el tedeum. La acusan de complotar contra los Milei. Por qué se vende como el plan B del círculo rojo. La aliada que podría convertirse en la peor pesadilla del Gobierno”. Y en la nota se narraban detalles de la convivencia cada vez más difícil entre el jefe de Estado y la ex ministra que lo supera en las encuestas de imagen y aspira a quedarse con el lugar que hoy ocupa él.
Las evidencias estaban a la vista, por más que el mileísmo se empeñara en ocultarlas y la prensa oficialista minimizara el asunto como si se tratara de un elefante en la habitación que todos ven pero nadie nombra. Sin embargo, lo que esta revista expuso quedó demostrado en los hechos en los últimos días, cuando Bullrich volvió a desafiar a sus jefes y se diferenció de ellos en el escándalo del pliego de la candidata a jueza María Verónica Michelli, que el Gobierno pidió retirar por su parentesco con el periodista Hugo Alconada Mon, cuyas investigaciones incomodan a los hermanos Milei. La ex ministra habló de “libertad de conciencia” para plantear su desacuerdo con la movida y dijo que se lo comunicó personalmente al Presidente. Y no solo eso: presentó su renuncia a la jefatura del bloque de senadores libertarios, rechazada por Milei. En un santiamén, el conflicto se volvió indisimulable.














