Conocí a Fernanda un 8M del 2024. Fuimos con OCUPA y las Musas Sonideras a llevar música y baile al penal de Tepepan. En este penal están recluidas mujeres procesadas o sentenciadas por algún delito y que viven con diversas enfermedades mentales.Las Musas Sonideras instalaron sus bocinas mientras las internas poco a poco empezaron a llenar el patio. El reguetón empezó a sonar y todas a bailar. Fernanda se acercó a mí y, un poco tímida, me preguntó:—Oye, ¿pueden poner una de Karol G?—¡Claro! ¿Cuál quieres?Y empezó a cantar: “¿Qué hubiera sido / si antes te hubiera conocido?”. Esa quiero.En cuanto empezó a sonar su canción, la timidez de Fernanda desapareció. Ella, feliz, cerraba su puño e imaginaba que era un micrófono. Me llamó la atención lo joven que era. Cuando la veía cerrar los ojos y cantar, me parecía una niña feliz imitando a su artista favorita, soñando estar en un estadio frente a un público que le aplaudía, sin importarle que en realidad estaba en el patio de una prisión frente a un montón de internas que la ignoraban.Cuando acabó de cantar, se bajó de su escenario imaginario y se sentó conmigo.—¿Cómo te llamas?—, le pregunté.—Me llamo Fernanda.—Yo me llamo Paola.—¿Paola? ¿En serio? ¡Qué coincidencia! Así se llamaba mi mamá… Mira, tengo su nombre tatuado en el brazo.—¡Wow! Sí que coincidencia. ¿Qué le pasó a tu mamá?—Dicen que la maté… pero es que ella le pegaba a mi perrito.Fernanda es muy delgada, tiene el pelo corto, los ojos cafés claros y la mirada tierna. Por una de las trabajadoras sociales del penal supe que Fernanda tenía 18 años cuando entró a prisión, aunque su edad mental es la de una niña de 7 años. Vive con diversas discapacidades, incluidas esquizofrenia y autismo. En 2022 fue acusada de matar a su mamá y a su tío. Los tres vivían en extrema pobreza, en un cuarto lleno de basura y excrementos de perros y humanos, en el que Fernanda vivía violencia física por parte de su madre y abuso sexual por parte de su tío.En ese momento, Fernanda todavía no tenía sentencia. Estaba en prisión preventiva oficiosa; la Fiscalía pedía 120 años de prisión y la defensa buscaba su libertad argumentando que no había pruebas suficientes en su contra, además de que, por su condición mental, en todo caso resultaría inimputable. Es decir, que no se le puede considerar culpable de un delito, ya que su discapacidad mental le impide comprender y controlar sus acciones.—Pronto le dictarán sentencia, lo más probable es que salga—, me dijo la trabajadora social.—Ojalá—, respondí.—No, ojalá que se quede. Afuera no tiene familia ni quién la cuide. Acá, aunque sea presa, está segura y le damos sus medicamentos. La calle es un enorme riesgo para ella.El destino de Fernanda me pareció desolador. Volví a buscarla entre las internas. En cuanto la encontré, me tomó de la mano y me llevó a sentarme bajo la sombra del único árbol que hay en el patio de Tepepan, como dos amigas en el recreo.—¿Cómo te imaginas que sería el día que salgas, Fer?—¡Uy! El día que salga mi abogada me va a llevar a comer a un restaurante y vamos a festejar. Seguramente me va a regalar una playera de Karol G para cambiarme la ropa del reclusorio y me llevará con alguna asociación para que me den en adopción.Su respuesta me conmovió. —Oye, y si no te pueden dar en adopción, ¿qué harías?—Buscaría a mi novia.—¡Ah! ¿Tienes novia? ¡Qué bien!—Sí, ella también estaba interna aquí en Tepepan. Salió hace unos meses.—¿Y en dónde la vas a buscar?—Me dijo que la buscara en una calle que se llama Sullivan. ¿Sabes dónde es?No quise contestarle.El caso de Fernanda supera todas las contradicciones del sistema de justicia, sobre todo porque no es un caso aislado.Según la ley penal en México, las personas inimputables deben ser internadas en centros especializados de salud mental y no en las cárceles, ya que deben ser tratadas como personas enfermas y no como delincuentes. Sin embargo, en 2022 hubo una reforma a la Ley General de Salud en la que se estableció el cierre de los hospitales psiquiátricos, dejando únicamente la opción de atención ambulatoria.A falta de pruebas, Fernanda fue absuelta en abril de 2024; el juez ordenó su libertad inmediata.¿Libertad para qué? ¿Para vivir en la calle? ¿Para trabajar en Sullivan y ser abusada sexualmente debido a su vulnerabilidad mental? ¿Para dejar de tomar sus medicamentos?La recién aprobada Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México reconoce el cuidado como un derecho humano y, por lo tanto, implica obligaciones para el Estado. En ella se establece que la Ciudad contará con albergues para personas en situación de calle que así lo “requieran” y que el Instituto para la Atención a la Salud Mental y las Adicciones “coadyuvará” en la atención de personas que se encuentren en esta situación y que así lo “soliciten”.Otra vez: sólo atención ambulatoria, sólo si lo solicitan.Nuestra legislación reconoce por una parte que las personas inimputables, por sus condiciones mentales, no pueden comprender ni controlar completamente sus acciones y, al mismo tiempo, espera que sean ellas las que se hagan cargo de sí mismas y soliciten medicamentos, y cuidados.Y en la eterna contradicción de la justicia, ahí siguen, en cada semáforo, frente a una sociedad indiferente y un gobierno omiso.
¿Sabes dónde es Sullivan?
Las personas inimputables deben ser internadas en centros de salud mental y no en cárceles, ya que deben ser tratadas como personas enfermas y no como delincuentes












