Cuatro años después del naufragio del pesquero gallego Villa de Pitanxo en aguas de Terranova (Canadá) en el que murieron 21 tripulantes (de los cuales solo pudieron recuperarse nueve cuerpos y 12 continúan desaparecidos), la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha presentado su escrito de acusación en el que solicita nueve años de prisión por homicidio imprudente para el capitán del pesquero, Juan Enrique Padín Coastas, y los propietarios de la empresa armadora del buque, José Antonio Nores Rodríguez y José Antonio Nores Ortega. La mercantil Pesquerías Nores, con sede en Marín (Pontevedra), y la entidad aseguradora British Marine serán responsables civiles en este proceso. Los tres acusados se enfrentan a 13 años de inhabilitación para desempeñar actividades en el sector pesquero. El fiscal concluye que “al hundimiento del buque, con sus trágicas consecuencias contribuyeron diversos factores con la responsabilidad de los investigados, los cuales tenían facultades de decisión, ejecución y control sobre el trabajo desempeñado, y que permitieron que se desempeñara la actividad en condiciones inseguras, con inobservancia de medidas preventivas y con grosero desprecio para la vida e integridad física de los tripulantes del buque, lo que desembocó en el fatal desenlace”.La investigación destaca que el buque estaba sobrecargado. Parte de dicha sobrecarga eran unos tanques de combustible, instalados sin autorización legal, que no figuraban en el proyecto del buque, por lo que la tolva de desperdicios estaba más cerca de la superficie del mar de lo que correspondía, según el libro de estabilidad del buque, aumentando la frecuencia de los embarques de agua. “Tanto el capitán como los armadores autorizaron y consintieron que se hicieran modificaciones al buque para poder cargar más combustible y que los calados a la salida del buque fueran mayores que los autorizados”, incide el fiscal.La acusación pública describe con detalle las causas del siniestro que están avaladas por múltiples informes periciales, como el de la CIAIM (Comisión de Investigación de Accidentes Marítimos), o por las pruebas documentales recogidas durante la expedición para localizar el pecio hundido a 750 metros de profundidad con un robot. Ello permitió inspeccionar el casco y las artes de pesca y tomar imágenes para reconstruir las supuestas negligencias que había denunciado uno de los tres supervivientes de la tragedia.Semanas después del naufragio, el marinero Samuel Kwesi declaró ante la Guardia Civil, dando una versión opuesta a la del capitán y su sobrino, que habían apuntado a un parón súbito del motor como causa del hundimiento. Su testimonio le ha convertido en el principal testigo de cargo de la Fiscalía y su versión ha quedado avalada por la abundante prueba documental que será analizada en este juicio para el que todavía no hay fecha. El 15 de febrero de 2022, sobre las 2.50 de la madrugada, el buque sufrió problemas con el aparejo cuando este quedó atrapado por algún obstáculo, por lo que la velocidad se redujo a menos de la mitad, dificultando su avance. Ante esta situación, el primer oficial de puente, el fallecido Juan Antonio Cordero Coro, que estaba realizando la guardia de navegación, emitió tres pitadas cortas para advertir a la tripulación y al capitán. “Este subió al puente de navegación, tomó el mando y fue virando y desvirando los cables de arrastre para que el aparejo quedara liberado”, relata el escrito del fiscal. Una hora de agonía En aquel momento, los marineros iban acudiendo a la cubierta superior para esperar la llegada de las capturas, vestidos con ropa de agua, mientras el tiempo iba empeorando, con olas cercanas a los 7 metros y máximas de 10 metros, con velocidad media del viento de 40 nudos (aproximadamente unos 74 kilómetros por hora). Otros bajaron al parque de pesca a prepararlo para las capturas que vendrían con la virada, y abrieron la tolva de desperdicios y las válvulas del colector de desagüe de las máquinas de procesado, como hacían en cada faena. También quedó abierta la puerta de comunicación del parque de pesca con el entrepuente de cartonaje y túneles de congelación. En los últimos minutos de la virada, la tolva quedó sumergida y comenzó a entrar agua en un caudal muy superior a la capacidad de achique de las bombas automáticas del parque de pesca, por lo que el agua comenzó a acumularse a babor y el buque comenzó a escorar.Aproximadamente a las 3.48 el aparejo pudo ser liberado y la velocidad del buque aumentó a 3,3 nudos, según la velocidad efectiva transmitida por el SIA (Sistema de identificación automática). Unos 20 minutos después, el capitán consideraba que la situación todavía era recuperable, sobrepasándose los 4 nudos, y el buque continuó navegando mientras viraba el arte. Pero a las 4.16, el motor propulsor del buque se paró al quedar sin energía eléctrica. Las bombas de achique del parque de pesca se pararon y se activaron los generadores de emergencia.“La causa más probable de parada del motor principal fue la escora excesiva, de más de un 35%. De forma casi simultánea al arranque del generador de emergencia, el capitán emitió una llamada de socorro y ordenó el abandono del barco. La mayoría de los tripulantes se encontraban en la cubierta superior y trataron de acceder al puente para dirigirse a las balsas salvavidas”, relata el fiscal. En esos instantes de desconcierto, varios tripulantes lograron arriar la balsa salvavidas de estribor en la que embarcaron el capitán, Eduardo Rial Padín, y al menos otros siete tripulantes con ropa de trabajo o chaleco salvavidas, pero sin traje de inmersión. A las 4.19, el Centro de Comunicaciones Radiomarítimas de A Coruña recibió una llamada selectiva digital de socorro correspondiente al Villa de Pitanxo.Pero no todos los tripulantes lograron llegar al puente. Algunos se encontraban en los espacios interiores cuando el buque se hundió. “Se emitió la última señal AIS a las 4.23, pudiéndose concluir que el buque se hundió totalmente pocos instantes después de emitirse, y entre 4-5 minutos después de que se ordenara el abandono a la tripulación”, sostiene el escrito de acusación.Unos 15 minutos después, el Centro Nacional de Coordinación de Salvamento localizó dos pesqueros gallegos que faenaban en las inmediaciones del hundimiento del buque. En la balsa salvavidas solo tres tripulantes fueron rescatados con vida, otros cuatro habían fallecido. Se lograron recuperar otros cinco cuerpos flotando. De entre las víctimas, la autopsia concluyó que siete dieron positivo en covid.
La Fiscalía pide nueve años de prisión para el capitán del Villa de Pitanxo y dos armadores del buque por la muerte de 21 tripulantes
El fiscal les acusa de homicidio imprudente por la cadena de negligencias desencadenantes del naufragio: “Actuaron con grosero desprecio para la vida”
