Los Knicks no van de farol. Serán campeones o no, pero su capacidad de lucha y supervivencia está demostrada.Los neoyorquinos encadenaron doce victorias consecutivas, siete a domicilio, esta miércoles en el pabellón de los Spurs de San Antonio (95-105), en principio los favoritos, en el primer choque de los playoff por la corona de la NBA, Ganaron y arrebataron el factor campo.Fue un duelo entre Jalen Brunson, el base de los de Manhattan, uno de los jugadores más bajos de esta competición (1,88 metros), y el gigante francés Victor Wembanyama (2,24 metros) al frente de los texanos. Esta vez David le pudo a Goliat.Los dos tiraron de sus escuadras. Brunson, 30 puntos, tuvo gran protagonismo en el último tramo, tras anular una diferencia de los locales de 14 en el tercer periodo. Wemby se quedó en 26 puntos y doce rebotes. Del frasco pequeño salieron esta vez las mejores esencias.A pesar de la distancia, los jugadores de los Knicks se contagiaron de la energía que desprendía su ciudad, en los bares o en las concentraciones frente a su pista del célebre Madison Square Garden o en otros referentes como Central Park.Había un grito común esta tarde-noche del miércoles: “Let’s go Knicks”.El “vamos Knicks” era el saludo que muchos se daban por la calle, lo que propiciaba una sonrisa e incluso el chocar de manos. “Let’s go Knicks”. Era una jornada soleada que invitaba al paseo y que resultaba reconfortante por el espíritu ilusionado que se palpaba.Las calles de cualquier barrio de la ciudad estaban llenas de gente con la camiseta o la gorra (o ambas) del equipo local de la NBA que por primera vez jugaba la gran final desde 1999, y precisamente contra el mismo rival, los Spurs, que hace 27 años se impusieron. Se evidenció que hay mucho anhelo por celebrar y más en una metrópoli huérfana de títulos deportivos en general.Pero la resaca por el baloncesto, en una de las ciudades con más canchas en todo el mundo, todavía es más severa. Los neoyorquinos no se apuntan un título desde 1973. “Vamos a ganar porque somos mejores y porque me lo deben, nunca he podido celebrar la victoria” comentó Derek, treintañero en busca de un bar en el Upper West Side de Manhattan en el que poder ver el partido con sus amigos. Había colas para acceder a cualquier establecimiento.Una vez dentro, la aparición del quinteto titular de los Knicks provocó el delirio. El enfoque sobre Brunson causó un desbordamiento de la pasión. “MVP, MVP”, corearon. En contraste, la imagen de Victor Wembanya recibió un abucheo muy sonoro. Da miedo, es la gran estrella del rival y a cualquiera que se le preguntara mostraba esperanza en la victoria de los suyos, pero nadie ocultaba que el crack francés podía ser el factor determinante.El partido no puedo arrancar mejor. Paras los estudiosos de los designios del destino, Karl Anthony Tows le ganó en el salto a Wembanyama y Brunson colocó el 0-3. Era un presagio.Los Spurs, el equipo de los jovencitos que eliminó a los Thunder de Oklahoma, los campeones de la temporada pasada, tuvieron que esperar a que transcurrieran ocho minutos para adelantarse en el marcador. Llegaron a ponerse diez puntos por encima y eso causó un bajón en los ánimos en ese bar donde no se cabía. El primer cuarto se cerró con un 27-19.“Vengo cada partido a este local porque es un talismán. Cada vez que vengo ganan los Knicks”, bromeó Erik, ejecutivo de 64 años e integrante del reducido grupo de los presentes que ya habían nacido en 1973. Erik no recuerda sin embargo aquel triunfo. No vivía todavía en Nueva York. “Necesitamos ganar, es algo importante para esta ciudad, le hace falta esa alegría”, remarcó.Durante el segundo periodo dominaban los locales. En ese intercambio de canastas, los Spurs llegaron al descanso con una ventaja de siete puntos (55-48)El partido era vibrante, emocionante de alternativas, de subidas y bajadas. A la vuelta del vestuario, los texanos estaban más enchufados y abrieron brecha. Hasta 14 puntos. En otras ocasiones podría ser motivo para dar por resuelto el encuentro. Pero eso no ocurre con estos Knicks, que son granito puro. El tercer periodo concluyó con empate a 76.El tramo definitivo arrancó con una canasta de los visitantes (76-78), que tomaron una delantera que ya no dejarían, salvo en el empate a 86 a falta de poco más de siete minutos. A partir de ahí Brunson se transformó en letal, que una vez más emergió por su apodo de Captain Clutch, el capitán decisivo. Poco a poco se ampliaba la brecha, a pesar del empeño de Wembanyama por resistir. Pero Brunson no cedió y acabaron con una ventaja de diez puntos, la mayor de la que gozaron en este choque.Euforia en el bar. “Esta serie la ganamos cuatro a cero”, dijo uno de los clientes más exaltados. “Solo quedan tres partidos para ser campeones”, terció su amigo. “Está claro que este local, cuando vengo a ver a los Knicks, es un talismán”, proclamó Erik. Y se despidió con un “hasta el viernes”, noche del segundo partido.
Los Knicks no van de farol
Los neoyorquinos ganan el primer partido de la final (y ya van doce victorias consecutivas en estos playoff) en el campo de los Spurs de San Antonio, en un debut en el que el bajito Brunson, de los visitantes, superó al gigante Wembanyama, de los locales, en el gran duelo de...










