Hace unos meses, en un centro para niños desnutridos en el fondo de la región de Darfur, en Sudán, un bebé huérfano que había llegado días atrás al borde de la muerte agarró con fuerza el dedo de Tom Fletcher. El jefe humanitario de la ONU asegura que esos segundos mitigaron su frustración ante la inacción internacional y la “rabia” que le provocan los recortes en cooperación, en un mundo donde se multiplican las necesidades y los conflictos.“El plan de la ONU para salvar 87 millones de vidas cuesta menos de la mitad de lo que Wall Street se gasta en bonus y menos de lo que el mundo emplea en juguetes para mascotas o en videojuegos”, dijo el responsable británico, de 51 años, en una entrevista con EL PAÍS en Madrid, donde se reunió con miembros del Gobierno y participó en la V Conferencia de Política Exterior Feminista. El responsable de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés) también lamentó que la vida en Gaza, una de las prioridades de su gestión, no haya mejorado tras el alto el fuego que entró en vigor en octubre y criticó los volúmenes de ayuda humanitaria insuficientes para dar comida, refugio y salud a sus dos millones de habitantes. “Estamos estancados”, lamenta.Pregunta. Los recortes en la ayuda humanitaria han obligado a cerrar programas en todo el mundo. ¿Cómo han afectado a OCHA?Respuesta. En 18 meses, he pasado de coordinar unos 50.000 millones de dólares (43.102 millones de euros) de ayuda humanitaria a gestionar 23.000 millones. Nuestros equipos tienen que tomar decisiones brutales: los recortes nos obligan a elegir qué vidas salvar y qué vidas no salvar, qué programas financiar y cuáles abandonar. En cada viaje hablo con personas que me dicen que sus familiares están muriendo porque hemos cerrado el hospital más cercano o que han tenido que viajar más lejos para dar a luz o para encontrar un médico. Y esas son solo las personas con las que nos encontramos. Piense en todas las que no vemos porque mueren antes de llegar a nosotros o de que lleguemos hasta ellas.P. ¿A cuántas personas van a llegar con esos 23.000 millones de dólares?R. El plan es salvar 87 millones de vidas, del total de 340 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria. Ese dinero es menos de la mitad de lo que Wall Street se gasta en bonus y menos de lo que el mundo emplea en juguetes para mascotas o en videojuegos. La buena noticia es que en los primeros tres meses del año, hemos llegado con este plan a 16,4 millones de personas. Es un tercio de la población de España.P. ¿Cómo se toman las decisiones dentro de OCHA en medio de este desplome de la financiación?R. Si tengo que elegir entre gastar un dólar aquí salvando la vida de alguien o cuatro dólares allá en organizar una conferencia en Europa, elijo alimentar a una persona. También intentamos hacer que todo el sector sea mucho más eficiente, eliminando capas de burocracia y trasladando el poder a las organizaciones locales, implicándolas mucho más en las decisiones de cómo se gasta el dinero. Si tengo que elegir entre gastar un dólar aquí salvando la vida de alguien o cuatro dólares allá en organizar una conferencia en Europa, elijo alimentar a una persona.P. Detrás de los números y los recortes hay vidas. ¿Hay alguna persona, algún encuentro que le haya marcado especialmente en estos meses?R. A principios de este año pasé una semana en Darfur. En un centro para niños desnutridos conocí a una mujer muy joven cuya familia había sido asesinada. Huyó con el bebé de sus vecinos, que también era el único superviviente de la familia. En el camino, fue violada por un grupo, y se rompió una pierna, pero siguió adelante con el bebé. Finalmente alguien la ayudó y terminó en este centro. El niño estaba muy debilitado, pero tras dos o tres días logramos salvarle. No fue solo mérito nuestro sino de esa chica tan valiente. Lo tomé en brazos, me apretó el dedo con fuerza y sentí esa extraordinaria conexión con el mundo. Quise creer que si ese niño podía apretarme el dedo era en parte gracias a nuestra labor.P. El último informe de OCHA alerta de reiteradas violaciones de la ley internacional humanitaria impregnadas de una creciente impunidad. ¿Por dónde se empieza a revertir esta situación?R. A menudo, la gente critica a la ONU y dice que no estamos haciendo lo suficiente, pero nosotros solo contamos con el mandato que nos dan los Estados y no tenemos un ejército para detener los conflictos en Sudán o en la República Democrática del Congo. Cuando alguien ataca a Naciones Unidas, hay que preguntarse: ¿qué se gana al tener una ONU más débil? Y la respuesta es bastante evidente: países que quieren un mundo donde solo sobrevive el más fuerte. Y tenemos que plantar cara.P. Hablando de plantar cara, la mayoría de la población de Gaza sigue desplazada y podría terminar viviendo en un 30% de los 365 kilómetros cuadrados de superficie de la Franja. ¿Cómo se pueden contrarrestar las ambiciones israelíes? R. Lo que ocurre en Gaza es devastador. He estado dos veces en los últimos 18 meses, la última en octubre, y sé de qué hablamos cuando hablamos de destrucción o de trauma. Son personas que se han tenido que desplazar varias veces y que ahora se ven hacinadas en un espacio cada vez más pequeño. A la comunidad internacional le ha costado mucho moderar las acciones de Israel. Desde el pasado otoño, a través de la iniciativa del presidente Donald Trump, hemos logrado terminar con el conflicto directo, pero la vida de los gazatíes no ha mejorado como debería haber ocurrido. Está entrando más comida, medicamentos y material para los refugios, pero sigue siendo una gota de agua en el océano de necesidades.La vida de los gazatíes no ha mejorado como debería haber ocurrido. Está entrando más comida, medicamentos y material para los refugios, pero sigue siendo una gota de agua en el océano de necesidadesP. ¿Cuáles son las prioridades humanitarias en Gaza?R. La principal sigue siendo el alimento. Estamos suministrando 1,1 millones de comidas calientes por día en Gaza porque la mitad de la población depende de ellas para subsistir. En segundo lugar, las vacunas para los niños. Estamos contentos porque hemos logrado realizar una campaña de inmunización el mes pasado. Después, el refugio, porque hay que mejorar las condiciones de vida de la gente antes del invierno. Y también la educación. Pero la realidad es que estamos estancados en la primera fase del plan y no hablamos aún de la fase dos, que es la reconstrucción. Cada día nos enfrentamos a obstáculos burocráticos y a restricciones en la entrada de productos que, según Israel, podrían tener doble uso y utilizarse para fines militares.P. ¿Qué palabra utilizaría para definir su relación con Israel? R. Complicada. Israel ha sido muy crítico conmigo, con nuestro trabajo y con la ONU. En varias ocasiones se ha negado a colaborar con nosotros y no aprecia cuando defendemos abiertamente el derecho internacional humanitario y la protección de los civiles. Yo soy un humanitario neutral. Somos imparciales. Estamos totalmente centrados en conseguir el máximo nivel de ayuda vital para quienes la necesitan. Y por eso hablaremos con todos y trabajaremos con todos. P. Tras el desmantelamiento de USAID, Estados Unidos está firmando acuerdos bilaterales con distintos países, algunos de los cuales merman los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Cómo afecta a su organización?R. Tenemos muy claro que no podemos comprometer nuestros valores fundamentales. Así se lo hemos trasladado explícitamente a EE UU y a otros donantes. Las mujeres y las niñas son quienes más sufren el impacto de estas crisis. Lo vemos en la violencia sexual y en su utilización como arma en lugares como Haití, la República Democrática del Congo o Sudán. Por eso no podemos ceder en este punto: seguiremos priorizando a mujeres y niñas en nuestra respuesta.Las autoridades españolas nos retan a ser mejores, a hacer reformas con intensidad y rapidez y lo hacen de forma constructivaP. Usted ha advertido del impacto creciente de los drones en los conflictos, especialmente sobre la población civil. ¿Qué está viendo sobre el terreno?R. Hace un mes visité Somalia, conversé con refugiadas y no hablaban de sequías, hambrunas o inundaciones, sino de drones. Una mujer me contó que estaba recogiendo agua y un dron las atacó. Una amiga suya murió. Le pregunté si los drones no atacaban a los combatientes. “Nos matan a todos”, me respondió. Dentro de unos años, uno de los grandes temas será el aumento del uso de drones en los conflictos. En el primer trimestre de este año, fueron asesinados en Sudán un 25% más de niños que en el mismo periodo del año pasado. Y eso son los drones.P. Usted ha mencionado la importancia de que la próxima secretaria general de la ONU sea mujer. ¿Qué cambiaría ese liderazgo femenino? R. Creo que ya ha llegado la hora. Llevamos 80 años con secretarios generales hombres. Durante mi vida académica he comprobado que cuando las mujeres participan en la formulación de políticas sanitarias es más probable que tengan éxito y sean sostenibles. En mi trabajo humanitario también he visto el impacto que tienen las ONG dirigidas brillantemente por mujeres en lugares como Sudán o Myanmar. P. En este momento de recortes y de replanteamiento de la ayuda al desarrollo ¿cómo es visto el papel de España en la defensa del multilaterialismo? R. España ha adoptado posiciones políticas difíciles de defensa del Estado de derecho. Es algo que me parece muy importante y también lo es para nuestro personal en el terreno. Porque cuando sienten que el mundo les ha dado la espalda, que son literalmente atacados, hay voces como las que escuchamos aquí que dan fuerza y tranquilidad. Las autoridades españolas nos retan a ser mejores, a hacer reformas con intensidad y rapidez y lo hacen de forma constructiva.
Tom Fletcher, jefe humanitario de la ONU: “Los recortes nos obligan a elegir qué vidas salvar y qué vidas no”
El máximo responsable de la OCHA denuncia desde Madrid que la ayuda que llega a Gaza es insuficiente y lamenta que Israel haya sido muy “crítico” con su trabajo y el de la ONU






