OpiniónLa inmovilidad y el silencio le hicieron perder a Cepeda la iniciativa política en el proceso electoral.PROFESOR TITULAR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL03.06.2026 22:01 Actualizado: 03.06.2026 22:01 En la política, como en la vida, la iniciativa es como la inocencia. Cuando se pierde no se recupera nunca. En ambas la pérdida se hace sentir como un duro golpe del que solo se es consciente después de que se reciben. Y son de difícil y lenta recuperación. Pero la iniciativa no se pierde de un momento para otro. Se va perdiendo en una cadena de errores silenciosos y fracturas imperceptibles, que van llevando a la inmovilidad.En política, la iniciativa se puede definir como esa fuerza que le permite a un político impulsar cambios, establecer agendas, movilizar apoyos y orientar el curso de las cosas. Y por tanto, construir poder y hacer la política. No de otra manera se puede entender cómo, para Maquiavelo, así como la iniciativa es la fuerza que le permite al gobernante moldear los acontecimientos, su pérdida le significa quedar a merced de la fortuna. Un gobernante sin iniciativa no moldea los acontecimientos, son ellos los que lo arrastran por el fango. Es el verdadero declive del poder. Y para Gramsci, la iniciativa es la base sobre la que se erige la hegemonía, pero perderla, además de un resquebrajamiento de ella, marca el comienzo de una crisis de autoridad.Es lo que le sucedió con el gobierno y con la oposición en el país. Por una parte, Petro con los continuos errores y fracturas institucionales que sus órdenes desataban, fue perdiendo la iniciativa política. Su exagerada presencia en las redes, sus declaraciones inadecuadas, la falta de respeto por las reglas del juego político e institucional, el desorden interno del Gobierno y la sucesión de escándalos de corrupción en todos los niveles de gobierno, si bien le permitían mantener el control sobre la agenda pública, le iba restando capacidad para impulsar sus reformas en el Congreso, movilizar apoyos en las calles y orientar el curso de los acontecimientos en el Gobierno, en un escenario en el que cada vez eran mayores los frentes de confrontación política.Los 10’300.000 votos de Abelardo les hicieron sentir el golpe de haber perdido la iniciativa política. Pero ya era tarde. También habían perdido la inocencia.La entrada de lleno en el proceso electoral, lejos de dar un lugar principalísimo al candidato Iván Cepeda, termina sobrecargando de responsabilidades al Gobierno y desgastando el poder presidencial. El candidato del Pacto Histórico desarrolla una campaña a la primera vuelta montado en la cresta de la popularidad del Presidente y la acogida de sus “realizaciones”. Sin darse cuenta, como diría Miguel Yusti, convirtieron a Cepeda en un subalterno de Petro. Creyeron que con el discurso de Petro y los silencios del candidato a los escándalos y problemas del Gobierno sería suficiente para ganar en primera vuelta.Pero el verdadero problema estuvo en otra parte. La preocupación obsesiva por el presidente Uribe le hizo perder el foco a la campaña de Cepeda. Desde la misma formulación de la propuesta de gobierno (que cita en casi un centenar de veces a Uribe) hasta la designación de la senadora nasa Aida Quilcué como candidata a la vicepresidencia, todas las decisiones y acciones estuvieron atravesadas por el objetivo de derrotar a Uribe.No se dieron cuenta de que Uribe, por su parte, nublado por la amenaza que representaba la creciente favorabilidad electoral de Cepeda para su futuro, también había perdido el foco al no poner orden en la cada vez más desorganizada y errática campaña de su candidata Paloma Valencia. Como jefe de la oposición, también se había quedado sin iniciativa política.La inmovilidad y el silencio le hicieron perder a Cepeda la iniciativa política en el proceso electoral. El exceso de confianza en las encuestas y en encerramiento de los responsables de la campaña no le permitieron escuchar ni siquiera los llamados de Petro a reaccionar. Tanto que el Presidente llegó a considerar la posibilidad de renunciar para asumir la campaña de su heredero. Los 10’300.000 votos de Abelardo les hicieron sentir el golpe de haber perdido la iniciativa política. Pero ya era tarde. También habían perdido la inocencia.* Profesor titular de la Facultad de Ingeniería, Universidad Nacional Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. 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La iniciativa, esa magia del poder y la política
La inmovilidad y el silencio le hicieron perder a Cepeda la iniciativa política en el proceso electoral.













