El 9 de mayo, cuando Rusia celebra el Día de la Victoria, en Moscú existía un miedo real a que los cada vez más audaces drones ucranianos aguaran la fiesta al presidente Vladímir Putin. En declaraciones públicas, el mandatario amenazó con obliterar Kiev bajo centenares de misiles, y en privado, se reportó que Washington presionó a los ucranianos para que respetaran la efeméride. Así se hizo. Una semana después, la noche del 13 al 14 de mayo, Rusia golpeó Kiev con "el mayor ataque con drones" desde el inicio de la guerra. 1.567 drones y 56 misiles. Y, a diferencia de otras ocasiones, cuando la defensa antiaérea ucraniana lograba acabar con el grueso del ataque, el resultado fue especialmente mortal, con 24 muertos solo en Kiev y grandes barrios residenciales afectados. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció que Moscú había aprovechado el alto el fuego del 9 de mayo, instigado y anunciado por el propio Donald Trump, para hacer abastecimiento de misiles que desplegar contra ciudades ucranianas. Pero no fue solo eso: el altísimo grado de letalidad de los últimos ataques contra Kiev (que se repitieron en masa el 24 de mayo y el 2 de junio) ha desnudado una "ventana de vulnerabilidad" en las defensas antiaéreas ucranianas —que denuncian la escasez de baterías estadounidenses Patriot— y que Moscú está aprovechando para firmar uno de los meses más sangrientos para civiles en Ucrania. Una semana después, la noche del 23 al 24 de mayo, Rusia volvió a lanzar un ataque masivo (600 drones y 90 misiles), utilizando en esta ocasión un misil Oreshnik, hipersónico y con capacidad nuclear. Se trata del tercer misil de este tipo que utiliza contra Ucrania desde 2022. Murieron dos personas y varios museos ucranianos sufrieron grandes daños, en especial, el Museo Nacional de Chernóbil, que acababa de ser renovado y abierto al público. Y este 2 de junio, Rusia volvió a batir récords con un ataque masivo (700 drones y 73 misiles) que dejó 23 muertos en toda Ucrania, incluidos varios vecinos de un edificio residencial en Dnipro. Estos ataques tienen una doble motivación para Moscú, política y física. En casa, Putin recibe cada vez más críticas internas por parecer débil (como en el pacato desfile del 9 de mayo) e incapaz de sellar la invasión de Ucrania con su capitulación. En el frente, las tropas rusas se estancan lejos de las expectativas del Kremlin, y en el último mes, los drones de medio alcance están paralizando la logística rusa hacia Crimea y el resto del sur de la Ucrania ocupada. Así que necesita estos ataques contra Kiev como una suerte de desahogo psicológico para esos rusos que quieren ver la capital arder. El impacto en las capacidades militares ucranianas o el frente es prácticamente nulo. Pero las imágenes de cafeterías y edificios residenciales destruidos, ucranianos corriendo a refugiarse en los refugios antiaéreos o el metro e incluso museos reducidos a escombros reproducen una imagen de fuerza. Pero también es una motivación física: lo hace porque puede hacerlo, porque ha descubierto un agujero en el cielo. El ataque del 2 de junio fue especial; Rusia lanzó un número récord de misiles Iskander-M y Zircon, las dos armas que más se han demostrado capaces de penetrar las agostadas defensas antiaéreas de Kiev. Ninguno de los 8 misiles Zircon —lanzados en dos tandas simultáneas de 4 misiles cada una— desplegados ese día fue derribado. Se necesitan dos o tres misiles interceptores para tener una buena probabilidad de destruir un solo misil Iskander-M, Kinzhal o Zircon, los modelos más rápidos del arsenal ruso. Este último llega a alcanzar una velocidad de tres kilómetros por segundo en su fase final, lo que lo hace el misil más difícil de neutralizar; aunque no imposible. Actualmente, entre todos los sistemas de defensa antiaérea suministrados a Ucrania, solo los misiles interceptores PAC-3 (Patriot) han demostrado ser capaces de derribar misiles de este tipo. Pero el extremadamente veloz Zircon no es el único problema. En los últimos meses, la tasa de interceptación de los Iskander-M ha ido cayendo: de los 33 lanzados el 2 de junio, solo 11 fueron derribados. La creciente proporción de misiles Iskander-M y Zircon utilizados en los ataques de este mes apunta a dos tendencias preocupantes. La primera la detallaba el portavoz del Mando de la Fuerza Aérea del Ejército ucraniano, Yuriy Ihnat, a Le Monde: "Los rusos conocen perfectamente el estado en el que se encuentran nuestras reservas de Patriot y SAMP/T, y se están aprovechando de ello". Y la segunda la describía el portal especializado ucraniano Defense Express: "Los ataques de misiles simultáneos apuntan a que los rusos no recargaron los lanzadores; lo que significa que el enemigo ya dispone de cuatro lanzadores de los sistemas de misiles modernizados Bastion-M" capaces de disparar este tipo de misil, y sobre todo, suficiente producción de misiles. "El cálculo general del enemigo era obviamente sobrecargar el sistema de defensa antimisiles y agotar las reservas de misiles antibalísticos del sistema SAM Patriot", resume. Mientras los PAC-3 son producidos por el grupo estadounidense Lockheed Martin a un ritmo de unos 50 al mes y ni siquiera llegan para solventar el ritmo de disparo en la guerra de Irán, que la Casa Blanca considera prioritaria. En menos de tres meses, se estima un consumo de varios centenares de misiles PAC-2 y PAC-3 para contrarrestar los ataques iraníes con misiles y drones. Rusia, pese a las sanciones, es capaz de producir 60 misiles Iskander-M al mes. Los arsenales de misiles antibalísticos están ahora casi agotados, y Ucrania ha quedado públicamente relegada en la agenda por el presidente estadounidense, Donald Trump. Zelenski ya ha denunciado esa escasez, señalando retrasos en los paquetes prometidos. Dmytro Lytvyn, asesor de comunicación de Zelenski, afirmó el 27 de mayo que el ucraniano había enviado una carta urgente a Trump y al Congreso de EEUU alertando de la crítica escasez de sistemas de defensa aérea que sufre el país. La respuesta vino del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, quien dijo un vago comentario de que Washington “encontraría la manera” de ayudar a Ucrania a defenderse. “Donde pudimos ayudar a Ucrania, ayudamos". No parece suficiente. Esta semana, Ihnat, el portavoz de la Fuerza Aérea, afirmó que en muchas unidades militares, los lanzadores están casi sin munición, y los representantes de la Fuerza Aérea se ven obligados a solicitar con urgencia incluso partidas de apenas 5 o 10 misiles. Es decir, apenas suficientes para derribar 5 misiles rusos. Mark Cancian, del Center for Strategic and International Studies, lo llama "ventana de vulnerabilidad" en un reporte publicado la semana pasada. Los comentarios de Zelenski, que no ha dudado en apuntar a Washington como cuello de botella clave en esta escasez, han incluso forzado a que el propio secretario de la OTAN, Mark Rutte, se personara en Kiev hace dos días, para asegurar que los interceptores están llegando a Ucrania "cada día y cada semana" y que Estados Unidos "está haciendo todo lo que puede" para sostener la demanda, abordando directamente las dudas de algunos socios sobre la continuidad del apoyo de Washington. “Quiero defender aquí a Estados Unidos. Creo, basándome en todas las pruebas de las que dispongo, que están haciendo todo lo que pueden en cuanto a la entrega de misiles Patriot PAC-3 y PAC-2 a Ucrania”, afirmó. Las dudas no vienen de la nada. En mayo, EEUU comunicó a sus socios europeos probables retrasos en las entregas de armas previamente contratadas, y que los suministros podrían incluso verse interrumpidos durante los próximos meses, a medida que el Pentágono prioriza su uso para la guerra en Irán, según reportaron tanto Reuters como Politico o el Washington Post, citando fuentes diferentes. Y la inquietud alcanzó mayores cotas cuando el Washington Post informó que el Pentágono estaba estudiando desviar armas de la iniciativa destinada a armar prioritariamente a Ucrania (el mecanismo PURL, pagado con el dinero de los socios atlánticos) para en su lugar reponer sus propios arsenales. Hay, desde luego, una sensación de falta de tiempo. Tras los ataques de este 2 de junio, Zelenski ordenó a su equipo finiquitar los detalles de un nuevo acuerdo de compra de sistemas de defensa aérea Patriot "en siete días". "Hemos esperado demasiado". Los últimos 90.000 fondos del paquete de ayuda europea, desbloqueados este mismo mayo tras la derrota del húngaro Viktor Orbán, serán los que paguen por esos Patriot. “La lista de espera para los sistemas Patriot se mide en años”, aseguró. “Podríamos empezar a recibir este nuevo paquete de sistemas Patriot alrededor de 2030, algo que para mí era inaceptable... Así que hubo un acuerdo con determinados países que podían ceder su lugar en la cola para que nosotros pudiéramos recibir un sistema Patriot. Pero solo puedes ocupar ese puesto en la lista si has pagado el contrato. Y tenemos que pagarlo”.