NoticiaLa noche del pasado 1 de junio, en otro punto del Atlántico, dos cobradiarios habían sido asesinados con apenas hora y media de diferencia.El caso se suma a una seguidilla reciente. La noche del pasado 1 de junio, en Soledad, dos cobradiarios fueron asesinados con apenas hora y media de diferencia. Foto: Redes sociales03.06.2026 15:30 Actualizado: 03.06.2026 15:30
A la 12:30 de la madrugada de este miércoles 3 de junio, en una terraza del barrio El Edén, en el suroccidente de Barranquilla, la violencia volvió por Deison Andrés Morales Almanza, de 25 años. LEA TAMBIÉN El joven, que trabajaba como cobradiario, se encontraba conversando con su hermana y su cuñado frente a su vivienda —a la que había llegado hace apenas dos semanas— cuando una motocicleta irrumpió en la escena. El parrillero extendió el brazo, desenfundó un arma de fuego y disparó al menos cinco veces.No hubo intercambio de palabras ni advertencia que nublara el aparente objetivo de este ataque. Morales quedó tendido, gravemente herido, y sus familiares lo trasladaron de inmediato al Camino La Manga, pero murió minutos después en la madrugada. Los sicarios desaparecieron de inmediato.Un pasado atentado detrás de los móvilesLa muerte de Deison no se explica únicamente con lo ocurrido esta semana. Su historia viene arrastrándose desde el 24 de diciembre de 2024, cuando logró sobrevivir a un ataque armado en el barrio Por Fin. Aquella vez no corrió con la misma suerte su compañero de trabajo, Juan David De la Hoz Pertuz, quien fue asesinado en el lugar.Deison Morales Almanza. Foto:Redes socialesAmbos realizaban cobros cuando fueron atacados. Desde entonces, versiones recogidas por las autoridades apuntaban a que el hecho estaba relacionado con la pérdida de dinero de una ruta de cobradiario, una falta que, en ese circuito, no suele quedar sin consecuencias.Deison sobrevivió aquella vez, pero también quedó marcado, ya que durante meses vendría siendo objeto de amenazas. Diecisiete meses después, los disparos lo alcanzaron.Un dato que ahora toma peso en la investigación es que Morales llevaba solo dos semanas residiendo en la vivienda donde fue asesinado. El movimiento abre dos lecturas: que intentaba bajar perfil y alejarse de un riesgo latente; o que, pese a cualquier intento de moverse, ya estaba plenamente ubicado dentro de una cadena de seguimiento.En cualquiera de los escenarios, el desenlace parece responder a una lógica criminal que va por una persecución sostenida en el tiempo.El tercer cobradiario asesinado en menos de 48 horasEl caso se suma a una seguidilla reciente. La noche del pasado 1 de junio, en Soledad, dos cobradiarios fueron asesinados con apenas hora y media de diferencia.Arriba, Gustavo Rodríguez Charris (28 años); Abajo, Miguel Olivero Álvarez (30 años). Foto:Redes socialesMiguel Ángel Olivero Álvarez, atacado en su vivienda en Ciudad Bonita, quien habría reportado amenazas previas y Gustavo José Rodríguez Charris, muerto en Ciudad Cortissoz en medio de un ataque que iba dirigido a otra persona.Tres homicidios en menos de dos días, en situaciones distintas, pero que llama la atención por tratarse de un mismo oficio.Aunque los hechos no aparecen conectados entre sí de forma directa, sí convergen en un mismo sistema del del cobro ‘gota a gota’ o ‘pagadiario’, una economía ilegal profundamente arraigada en Barranquilla y su área metropolitana.En este esquema, las rutas de cobro representan flujos constantes de dinero en efectivo, con territorios delimitados y vigilados y cobradores que operan como activos dentro de una cadena que no tolera muchas fallasLas pérdidas, las deudas internas o los incumplimientos no se tramitan por vías legales. Se resuelven bajo reglas impuestas por la violencia. En ese contexto, la muerte de Deison refuerza esta dinámica repetitiva en la que las amenazas no siempre se ejecutan de inmediato, pero persisten hasta cumplirse.Aunque los cobradiarios son víctimas frecuentes de homicidio, lo cierto es que forman parte de una actividad ilícita. El “gota a gota” está tipificado como usura en Colombia cuando excede los límites legales, lo que implica sanciones penales.Esa condición genera una zona gris en la que no realizan mayores denuncias formales, no hay rutas de protección y los conflictos quedan encapsulados dentro del mismo circuito ilegal. Así, las amenazas circulan sin control institucional y, cuando se cumplen, ya es demasiado tarde. LEA TAMBIÉN Deison Morales logró esquivar la muerte una vez, pero en el sistema en el que se movía, sobrevivir no significaba quedar a salvo. A la 12:30 de la madrugada de este miércoles 3 de junio, en una terraza del barrio El Edén, en el suroccidente de Barranquilla, la violencia volvió por él.También te podría interesar:Siguen asumiendo la mayor carga del trabajo no remunerado. Foto:el tiempo Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












