El 3 de junio de 2015 no nació un programa político. No nació una ideología. No nació una plataforma electoral. Nació un grito desesperado producto de una necesidad urgente: basta de femicidios. Ni Una Menos fue, probablemente, una de las consignas más elementales y desesperadas de la historia democrática argentina. No pidió una reforma constitucional. No exigía una ley específica. No reclamaba un aumento salarial ni una modificación institucional concreta. Pedía algo mucho más básico: que dejaran de matar mujeres. "Paren de matarnos", “basta de femicidios”. El asesinato de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio en la localidad santafesina de Rufino, fue la chispa que encendió la pradera. La indignación acumulada por una sucesión de crímenes contra mujeres derivó en una convocatoria realizada por periodistas, escritoras y artistas a través de las redes sociales. El 3 de junio de ese año, cientos de miles de personas se movilizaron frente al Congreso y en más de 80 ciudades del país bajo una consigna tan simple como contundente: "Ni Una Menos".
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