Italia recibió con la pasajera conmoción de siempre la noticia de que un "horror indescriptible" se había producido, como calificaron con razón la Iglesia y los sindicatos al asesinato colectivo. Cuatro inmigrantes que vivían como esclavos en Amendolara, una zona de Calabria, habían sido ajusticiados por sus dos "caporales", paquistaníes como ellos, al encerrarlos en un vehículo al que le prendieron fuego en una estación de servicio hace dos noches.Un quinto trabajador, afgano, que también trabajaba en los campos, se salvó al tirarse del vehículo. Sufrió graves heridas, pero está vivo y pudo denunciar a los culpables, que fueron capturados.Un fenómeno conocido y sin soluciónLo que ocurre en muchos campos del sur italiano es archiconocido e, incluso, existe una ley avanzada aprobada para detener el fenómeno de superexplotación y esclavismo de inmigrantes, en el que al parecer intervienen mafias como la paquistaní en alianza con mafias locales. Naturalmente, la ley no se aplica.El contexto es espantoso, casi increíble, aunque todos saben lo que pasa. Lo sabe el gobierno central, lo sabe la oposición y, naturalmente, lo conocen las autoridades locales. Se han visto muchas denuncias por televisión, abundan las denuncias impotentes y la ley aprobada hace diez años, tras otros asesinatos de inmigrantes, sigue sin aplicarse.Los cinco jornaleros que viajaban con ambos "caporales" en la camioneta se habían atrevido, desesperados, a reclamar sus salarios.Pedían 150 dólares mensuales. Los tenían en un lugar sin camas. Les habían prometido un sueldo, pero después de un tiempo no les daban nada. Lo denunció el trabajador afgano que logró salvarse y ahora, con los brazos y otras partes de su cuerpo forrados de blanco para protegerlo de sus heridas, cuenta todo. "No nos daban dinero, solo comida", dijo.No les daban lo que les habían prometido al llegar. Como las protestas continuaban, los llevaron hasta la estación de servicio, donde se bajaron para cargar combustible, dijeron, y cerraron todas las puertas. Después, prendieron fuego al vehículo. Era la madrugada del martes.La policía secuestró las filmaciones del sistema de videovigilancia de la estación de servicio. Las imágenes muestran a dos personas bloqueando las puertas desde el exterior mientras arrojan líquido inflamable desde la puerta trasera. Se ven las llamas y ambos huyen, pero fueron rápidamente apresados.El sobreviviente que logró escapar fue salvado por la policía y llevado a un hospital. Denunció todo y a todos.Reacciones de la Iglesia y los sindicatosLa Iglesia reaccionó con la debida indignación: "Basta del sucio silencio de conveniencia. Basta de esa zona gris que ve, sabe y deja las cosas como suceden. Basta con la perversa costumbre de considerar normal que hombres de tierras lejanas cosechen, trabajen, vivan, duerman, viajen y mueran como cuerpos sin historia". Una declaración indignada y justa, que hizo el obispo calabrés Francesco Savino, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).También los sindicatos reaccionaron. En la misma línea que la Iglesia, calificaron el crimen de "horror indescriptible". La CGIL, el mayor sindicato italiano, hizo un llamado a los políticos para que "tomen medidas más concretas para combatir las abominaciones de la vida cotidiana que sufren a menudo los trabajadores migrantes en nuestros campos".Los dos "caporales" que recibieron la orden de asesinar a los inmigrantes que pedían un sueldo miserable de 150 dólares mensuales por deslomarse todos los días levantando las cosechas y plantando, como se ve por todos lados en los campos calabreses y de otras regiones del sur italiano, están siendo interrogados.El eje de hierro en los campos entre la mafia local "Ndrangheta" y los caporales enarbola la amenaza de: "quien se rebela, muere"."Son los nuevos esclavos de Italia", denuncian la prensa. Así viven los inmigrantes llevados a Basilicata, Calabria y Puglia. El diario La Repubblica informa que "en la investigación coordinada por el procurador Alessio Cocciole, surge también el segundo nivel, quizás el más difícil de salir a la luz: el de los italianos que son los llamados dadores de trabajo".