La reciente presencia de una ciudadana en la Asamblea Nacional portando una vestimenta inspirada en la bandera del Ecuador, durante la presentación del Informe a la Nación del presidente de la República el 24 de mayo de 2026, no debe ser interpretada como un hecho anecdótico ni como una simple expresión de patriotismo. Por el contrario, constituye un episodio que obliga a reflexionar sobre el progresivo debilitamiento de la cultura cívica y el desconocimiento de las normas que regulan el uso de los símbolos patrios en nuestro país.Los símbolos nacionales cumplen una función fundamental en la construcción de la identidad colectiva y la cohesión social. La bandera, el escudo y el himno representan la memoria histórica, la soberanía y los valores que sustentan la existencia misma del Estado. Por esta razón, su uso no puede quedar sujeto a interpretaciones individuales ni a manifestaciones circunstanciales de afecto patriótico. El respeto hacia estos emblemas se encuentra regulado por disposiciones legales que establecen claramente las formas apropiadas e inapropiadas de utilización.La normativa ecuatoriana es explícita al prohibir que la bandera nacional sea utilizada como vestimenta o como parte de prendas de vestir. Esta disposición no responde a un formalismo excesivo, sino a la necesidad de preservar la dignidad y el carácter representativo de un símbolo que pertenece a toda la nación y no a intereses, grupos o personas particulares. Cuando estas normas son ignoradas o relativizadas, se envía un mensaje equivocado a la ciudadanía: que las disposiciones destinadas a proteger el patrimonio simbólico del país son opcionales o pueden ser vulneradas sin consecuencias.PublicidadResulta aún más preocupante que este hecho haya ocurrido precisamente en la Asamblea Nacional, espacio donde se ejerce la representación política del pueblo ecuatoriano y donde se elaboran y fiscalizan las leyes de la República. Que una conducta contraria a las normas sobre los símbolos patrios se produzca en el principal escenario legislativo del país evidencia una preocupante falta de conocimiento o de interés por preservar la institucionalidad y el respeto a los emblemas nacionales.Las naciones fortalecen su identidad colectiva no solo mediante discursos sobre patriotismo, sino a través del cumplimiento efectivo de las normas que protegen sus símbolos y tradiciones. La educación cívica pierde credibilidad cuando quienes deberían ser referentes de respeto institucional toleran o minimizan actos que contradicen las disposiciones vigentes. El patriotismo auténtico no consiste en exhibir los colores nacionales de cualquier manera, sino en honrar su significado y respetar las normas que garantizan su integridad.Por ello, este episodio debe servir como una oportunidad para promover un debate serio sobre la educación cívica, la cultura democrática y la necesidad de reforzar el conocimiento de los símbolos patrios entre autoridades y ciudadanos. La bandera nacional merece respeto, no reinterpretaciones que desvirtúen su carácter institucional y su profundo significado histórico.PublicidadPublicidadLa defensa de los símbolos patrios no es una postura conservadora ni una cuestión protocolaria; es una obligación cívica que contribuye al fortalecimiento de la identidad nacional, la memoria histórica y el respeto por las instituciones de la República. (O)Carlos Luis Sánchez Pacheco, docente, Guayaquil
Símbolos patrios: entre la ignorancia cívica y la indiferencia institucional
La defensa de los símbolos patrios no es una postura conservadora ni una cuestión protocolaria; es una obligación cívica...















