Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Han pasado tan solo un par de días de celebrada la primera vuelta presidencial y han finalizado los vaticinios de todos quienes nos creemos no solo directores técnicos de fútbol sino expertos politólogos. Lo único cierto es lo que se desprende de los datos y resultados electorales de los que da cuenta la Registraduría. Ese ente, por demás, realizó un trabajo serio y eficiente, como es costumbre.Las premoniciones de las encuestas, sondeos, trackings y similares, así como las expectativas de los electores, son ya cosa del pasado. La segunda vuelta será en escasas tres semanas, y a ella acudirán quienes resultaron premiados con el voto de los colombianos, con independencia de las consideraciones de quienes estuvimos lejos de atinarle a lo ocurrido, pues no es momento de decirlas ni de escucharlas. Ahora lo relevante es lo que viene y no lo que pasó. La primera gran realidad es la de que barrieron los candidatos que representaron a los extremos y que el centro fue estruendosamente derrotado, pero no eliminado. Se advierte que se consolidó la ya vieja idea de que el centro no tiene presidente, pero sí lo pone. Entre Paloma, Fajardo, y los demás candidatos (quitando el voto en blanco) hay un 13 % (3’120.000 votos aproximadamente) y por ello, quien logre su mayor tajada obtendrá lo que le hace falta para ganar la presidencia. Llegarán los coqueteos de ambas campañas a esos grupos de electores que, siendo minoría, valen hoy un potosí. La segunda gran realidad es que los resultados muestran, por primera vez, que la oposición al gobierno de Petro, que hemos adelantado algunos con insistencia diaria a través de múltiples foros, ha calado en más de la mitad de los colombianos, quienes mostraron respaldo irrestricto a las campañas que recogieron las tesis de que el gobierno de Petro no solo había sido malo sino desastroso, y sobre todo criminal. La campaña de Abelardo y la de Paloma (que venía de la Gran Consulta) consolidan más de la mitad de los votos, todos de descontento con el actual régimen de izquierda.La tercera gran realidad es que Abelardo es el absoluto ganador. Ganó con contundencia, sin duda alguna, y nadie puede ahora desconocer su triunfo. Se convierte así, es el líder político no solo de la derecha colombiana sino de la oposición a Petro quien, como mal perdedor, salió a atacar y a poner en duda los resultados electorales que, en términos generales, hacen ver como muy factible una derrota de Cepeda que traduzca el desastre de su gobierno.Si bien muchos de quienes perdieron han salido a unirse a la aplanadora de Abelardo y ello puede contribuir a ratificar y rubricar su triunfo en la segunda vuelta y ganar la presidencia, no puede esa campaña ahogarse en triunfalismos, no solo porque bajar la guardia sea necio, sino porque en estas tres semanas deberán resistir los muchos y variopintos ataques y embates del presidente Petro y de su gobierno. Petro asumirá, así sea ilegal, la jefatura de debate de la campaña de Cepeda, porque ahora la cosa ya no es solo sacar adelante a su candidato, sino buscar perpetuarse en el poder a través de Cepeda y su anunciada constituyente, y ese partido lo jugarán, a otro precio.Petro es el jefe de la mano negra y hará de todo, incluso hasta cosas legales, para procurar la victoria de su pupilo Cepeda, a quien no solo le quiere confiar su inexistente legado sino su propio cuero. No puede perderse de vista que el gobierno de Petro y los grupos ilegales que lo acompañan no se han jugado aún a fondo, pues si algo tenía 100 % de certeza es que Cepeda estaría en la segunda vuelta. Para el gobierno y todo lo delincuencial que lo rodea, meterle energía y plata a la primera vuelta era quitárselas a la segunda.Así las cosas, el reto para quienes no queremos ver perpetuado el desastroso régimen es resistir la mano negra de Petro. De lograrlo, la izquierda radical no gobernará 2026-2030 y mucho se habrá salvado.Conoce más