El subsecretario de Defensa de Estados Unidos, Elbridge Colby, había dado varias señales. Hace varias semanas, cuando salió a la luz que Donald Trump quería reducir su número de tropas en la OTAN, Colby ponía el foco en el tema nuclear y añadía que Washington continuaría utilizando su arsenal para proteger a los miembros de la Alianza. “Estados Unidos seguiría extendiendo su disuasión nuclear a Europa”, dijo. Esa disuasión nuclear se engloba en un paraguas bajo el que se protegen seis países: Bélgica, Alemania, Italia, Países Bajos, Turquía y Reino Unido. Washington parece haber abierto ahora la puerta para que sean más. Según Financial Times un grupo de funcionarios está en conversaciones con otros estados de la Alianza para ampliar el despliegue de armas nucleares. No hay acuerdo firmado ni fecha estimada, pero sí varios gobiernos interesados. Las mismas fuentes han afirmado al medio estadounidense que Polonia y los tres países bálticos podrían ser los siguientes en albergar en su territorio las llamadas Aeronaves de Doble Capacidad (DCA), capaces de lanzar ataques nucleares, como el F-15E Strike Eagle y el F-35A Lightning II. El pacto viene, en todos los casos, con letra pequeña. Estas armas, a pesar de ser desplegadas en países miembros de la Alianza, están bajo protección y tutela estadounidense. Solamente las fuerzas de Washington pueden utilizarlas. El objetivo es que, ante una hipotética amenaza, la simple presencia del arsenal nuclear sea capaz de disuadir al enemigo. “El despliegue proporciona una plataforma a los aliados no nucleares de la OTAN para dar forma a la política y la planificación nuclear de la Alianza como medio para garantizar su seguridad sin adquirir armas nucleares", aclara la organización en los términos y condiciones del acuerdo. El anuncio de las conversaciones entre EEUU y algunos miembros de la organización transatlántica ha sido interpretado también como un gesto de buena voluntad por parte de Washington después de unas semanas turbulentas para las relaciones con Bruselas. Principalmente, por la intención del presidente Donald Trump de reducir los efectivos en Alemania y retirar más de 4.000 activos en Polonia. La decisión la aclaraba después Mark Rutte, secretario general de la OTAN, quien explicó que estos movimientos forman parte del esperado ‘cambio de reparto de fuerzas’ o burden shifting. Básicamente, EEUU mantiene su compromiso y disuasión nuclear, pero con una menor presencia de militares sobre el terreno. Los aliados europeos, así como Canadá, se encargan de la defensa convencional (con tropas) del espacio de la Alianza. Sin embargo, los ya conocidos vaivenes de Donald Trump sobre el papel en la seguridad de los países de la OTAN siguen siendo un motivo de inquietud entre los aliados. "No sorprende que estos debates estén teniendo lugar, ya que los gobiernos europeos buscan formas de reforzar visiblemente las garantías de seguridad de Estados Unidos en medio de la confusión provocada por las recientes retiradas anunciadas por Washington. Lo que muestra el informe es que existe disposición en ciertos sectores de la administración estadounidense para responder a esta necesidad", apunta Luigi Scazzieri, analista experto en Defensa del think tank European Union Institute for Security Studies, a El Confidencial. Interesados en la disuasión estadounidense En el ampliado paraguas nuclear estadounidense, hay varios países que han levantado la mano para mostrar interés. "Son precisamente los que se sienten más amenazados por Rusia, y eso los hace especialmente favorables a cualquier medida que contribuya tanto a disuadir a Rusia como a mantener implicado al ejército estadounidense en Europa", afirma por su parte John Callahan, profesor asociado de Relaciones Internacionales del New England College. Es el caso de los tres países bálticos que, según Financial Times, forman parte de las conversaciones. Por ahora, solamente lo ha confirmado el ministro de Defensa lituano, Robertas Kaunas. “Efectivamente, se están llevando a cabo. No quiero entrar en detalles en este momento porque son información clasificada, pero las conversaciones continúan y Lituania no se mantiene al margen”, aseguró en una rueda de prensa. Las autoridades de Estonia no se han pronunciado y no han confirmado la noticia pero, en febrero, afirmaron que el país está dispuesto a alojar armamento nuclear de la OTAN en su territorio "en caso de que fuera necesario" y si aumentan las tensiones con Rusia. Sin embargo, los países bálticos no disponen de aviones de combate y no podrían participar en el reparto nuclear tal y como funciona actualmente. "Aunque sí podrían albergar aeronaves estadounidenses con capacidad nuclear si esa opción llegara a plantearse", aclara Tony Lawrence, director del programa de política y estrategia de defensa del Centro Internacional de Defensa y Seguridad en Tallin, Estonia, a este periódico. El otro gran interesado es Polonia. "El país opera cazas F-35, que podrían certificarse para misiones nucleares, por lo que podría convertirse más fácilmente en socio dentro del actual concepto de reparto nuclear", añade el experto. Varsovia no ha escondido en ningún momento su intención de unirse a la iniciativa de disuasión nuclear de Washington, antes incluso de que fuera anunciada este martes. El año pasado, el expresidente polaco Andrzej Duda pedía directamente el despliegue de armamento nuclear estadounidense en su territorio. "Estaríamos más seguros si este tipo de armamento se desplegara en nuestro territorio", aseguró en una entrevista con Financial Times. TE PUEDE INTERESAR Zelenski en Bucarest y Trump en Pekín: "Polonia está preparada para acoger tropas" Lola García-Ajofrín. Bucarest Adrian Cochino (Hotnews. Rumanía) El mandatario añadió que Vladímir Putin no ha tenido inconveniente a la hora de mover armamento nuclear hacia Bielorrusia, su principal aliado en su frontera occidental, y por ello piensa que no hay motivo para que la OTAN no haga lo mismo. Pero, más allá de EEUU, Polonia se ha sumado también a otros planes. Tras advertir que un "profundo cambio en la geopolítica estadounidense" había colocado al país, así como a Ucrania, en una "situación objetivamente más difícil", el primer ministro, Donald Tusk, declaró que debe aumentar drásticamente el tamaño de sus fuerzas armadas e incluso "buscar oportunidades relacionadas con las armas nucleares". En el discurso, pronunciado el año pasado en el Parlamento polaco, Tusk aseguró que estaba discutiendo el otro gran plan de disuasión nuclear del único país con armas nucleares dentro de la UE: Francia. Emmanuel Macron anunciaba recientemente un plan para redibujar el mapa nuclear europeo en el que, por primera vez, ofrecía trasladar temporalmente una parte de su arsenal nuclear a países europeos aliados. "Se ha dado un nuevo paso en la disuasión francesa. Estamos entrando en el camino de lo que yo llamo 'disuasión avanzada'",dijo Macron. El mandatario francés ya había invitado a otros países a unirse a un "diálogo estratégico" en 2020, pero los aliados no mostraron demasiado interés. La invasión rusa a gran escala en Ucrania y las dudas sobre el compromiso de Donald Trump con la defensa europea reabrieron ese debate, esta vez con mayor participación. En las últimas semanas, Francia ha mantenido conversaciones con Alemania, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Grecia y Suecia. No hay anuncios oficiales, pero sí una intención de unirse a la disuasión nuclear de París. El compromiso es mayor desde Berlín, que ha declarado que dará "los primeros pasos concretos" este año, incluyendo la participación alemana en ejercicios nucleares franceses y visitas a emplazamientos estratégicos. La última incorporación al plan francés ha sido Noruega. Precisamente este país se unía a un debate candente en los países de la región nórdica, desde Finlandia hasta Dinamarca, sobre la posibilidad de desarrollar un programa de armamento nuclear conjunto. "Mientras países peligrosos posean armas nucleares, las democracias consolidadas deben tener acceso a armas nucleares", alertó el primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson. Varios analistas han comentado en artículos de opinión y editoriales que la defensa de países como Noruega se basa en la "buena voluntad y la solidaridad de Donald Trump y en la humanidad de Vladímir Putin". A pesar de que una unión de defensa nórdica con armas nucleares es un reto complejo a nivel operativo y político, el debate sigue activo. Tiene hasta un toque folclórico y se ha propuesto que la iniciativa se llame "Martillo de Thor", en referencia a la mitología vikinga. Confiar o no confiar en Donald Trump Las iniciativas europeas de disuasión nuclear van sumando adeptos, pero también varios retos por delante. Actualmente, solo Reino Unido y Francia poseen armamento nuclear (aunque el de Reino Unido es tecnológicamente dependiente de EEUU); unas 400 ojivas nucleares desplegadas entre ambos países. EEUU, en comparación, cuenta con 3.700 ojivas en su arsenal. En el caso de algunos países como Alemania, formar parte de este tipo de acuerdos de disuasión nuclear implicaría abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear, lo que podría aumentar las tensiones con Rusia. Paralelamente, algunos funcionarios europeos han afirmado que existe un temor de que hablar demasiado sobre una alternativa europea, y mucho menos intentar construir una, anime a Trump a retirar su promesa de disuasión nuclear en el continente. Aun así, los países europeos parecen querer correr el riesgo. "La administración Trump no ha ocultado que quiere que los aliados europeos asuman la responsabilidad principal de la defensa y la disuasión convencionales en Europa. Pero también quiere conservar la responsabilidad exclusiva de la disuasión nuclear, utilizando sus propias capacidades y a través de los acuerdos de reparto nuclear de la OTAN", afirma Tony Lawrence a El Confidencial. Lo que ha cambiado es la confianza de los aliados europeos. "Parecen menos dispuestos a confiar en la disuasión extendida de Estados Unidos. Ampliar el grupo de aliados que participan en el reparto nuclear sería una forma de reforzar la credibilidad del compromiso estadounidense. También fortalecería la disuasión frente a Rusia. Y, quizá, reduciría el deseo de los aliados europeos de desarrollar sus propias alternativas", concluye el analista.