Para Jeffrey Epstein era su "n�mero uno", el mote macabro que le puso el pederasta despu�s de abusar sexualmente de ella. Ghislaine Maxwell, pieza esencial de la trama, la reclut� en la mansi�n de Donald Trump en Florida, Mar-a-Lago, cuando solo ten�a 16 a�os. Ya para entonces sab�a lo que era una violaci�n. Su padre empez� a meterse en su cama con solo 6 a�os y poco despu�s se la entreg� a un amigo de la familia para que siguiera aprovech�ndose de ella.Despu�s llegaron los a�os de explotaci�n sexual sistem�tica a manos de Epstein, los jets privados, la retah�la de gente poderosa entrando y saliendo de su vida, hasta una veintena de hombres, y el d�a en que la obligaron a acostarse con el pr�ncipe Andr�s de Inglaterra. Est� todo en sus memorias, La chica de nadie (Planeta), que hoy se publican en Espa�a.El suyo es el recuento de un trauma perpetuado en el tiempo, la dolorosa historia de Virginia Roberts Giuffre, una de las primeras mujeres en denunciar la operaci�n de Epstein y su poderosa red de prostituci�n de menores. A�os pas� recopilando su versi�n de los hechos hasta que no pudo soportar m�s la carga emocional. En abril de 2025 se quit� la vida, dejando atr�s tres hijos en su Australia natal y un marido que abus� f�sicamente de ella durante a�os. Ten�a 41 a�os.Amy Wallace, la periodista y editora que se ha encargado de darle forma a sus memorias, cree que Giuffre "estaba cansada de los recuerdos que ten�a en la cabeza", los cuales describe en el libro con detalles expl�citos: "hombres que se cern�an sobre ella y, simplemente, la devastaci�n de sentirse in�til". Pero est� convencida de que no ha sido un esfuerzo en vano, que el libro ayudar� a muchas v�ctimas de abuso sexual. "He recibido llamadas de hombres y mujeres de todo el mundo", dice en una conversaci�n con EL MUNDO. "La prioridad para Virginia era ayudar a la epidemia de supervivientes que hay ah� fuera".Wallace admite que no ha sido un camino f�cil, que presionaron a Giuffre para que no contara su historia, que hay pol�ticos tanto dem�cratas como republicanos implicados en el esc�ndalo y que la clave es seguir la pista del dinero para completar las piezas que faltan en este escabroso y pol�mico rompecabezas que tanto ha tratado de enterrar Trump, el hombre que lleg� a ser el mejor amigo de Epstein durante casi una d�cada.Del republicano hay varias menciones en el libro. El primer contacto lo sit�a en verano de 2000. El padre de Virginia trabajaba en mantenimiento en Mar-a-Lago. A los pocos d�as de empezar a trabajar ella tambi�n, su padre la llev� al despacho de Trump para present�rsela. "Esta es mi hija", le dijo con una voz que transmit�a orgullo. "Trump no pudo ser m�s amable conmigo, me dijo que era fant�stico que estuviera all�", recuerda Giuffre.Wallace es mucho m�s contundente con el republicano. "Es una verg�enza, tanto su reacci�n personal como la de su Departamento de Justicia", apunta en torno al manejo del caso, que hace unas semanas le cost� la cabeza a la fiscal general encargada de manejar la desclasificaci�n de los papeles, Pam Bondi. "Han publicado la mitad de los archivos de Epstein y con eso est�n diciendo que han terminado. Por lo tanto, la forma en que publicaron dichos archivos, tachando a un gran n�mero de posibles perpetradores, tanto hombres como mujeres, es ilegal. Esos nombres no deb�an haber sido tachados".Para saber m�sTrump prometi� durante su campa�a publicar los archivos de Epstein. En cuanto gan� las elecciones, cambi� de posici�n y comenz� a tachar todo el asunto de fabricaci�n. "Solo puedo especular, pero la �nica explicaci�n l�gica es que donantes que aparecen en esos archivos le llamaron para pedirle que no lo hiciera. No creo que sea una teor�a conspiratoria muy descabellada."Wallace admite que la parte m�s dura no fue relatar los abusos de Epstein y Maxwell, la mujer que se encargaba de alimentar la red de j�venes para el financiero y que est� cumpliendo una condena de 20 a�os por sus delitos. Fue reconstruir la vida de Giuffre antes de que ellos aparecieran. "Era importante para Virginia que los abusos de su padre estuvieran en el libro, porque nunca lo hab�a contado", explica Wallace.Giuffre hab�a reconocido p�blicamente haber sido abusada por un amigo de la familia, pero nunca hab�a revelado que su padre fue el primero. Quer�a dejar claro que las v�ctimas de abuso sexual no nacen, se hacen. "Lo cont� con una valent�a enorme y a un coste emocional muy alto para ella misma", explica la ex periodista del Los Angeles Times.La de Giuffre fue una infancia complicada desde el principio, criada en un pueblo de Florida, Loxahatchee, parte de una familia marcada por la violencia dom�stica y el alcoholismo. "De noche, en la oscuridad, yo me manten�a en guardia", recuerda sobre aquellos a�os de abuso. "Mi padre no entraba siempre en mi habitaci�n, pero cada noche tem�a que lo hiciera. La puerta cruj�a al abrirse, dibujando una franja de luz procedente del pasillo, y las bisagras chirriaban un poco: siempre recordar� ese leve chirrido".El �nico recuerdo agradable de aquella �poca era su yegua, Alice. "Busqu� ayuda en Alice. Intentaba aferrarme a la sensaci�n de que era parte de mi familia, de que ten�a alg�n v�nculo, si no ya con mis padres, o conmigo incluso, al menos con mi caballo, con nuestros bosques de pinos, con la islita en medio de nuestro estanque. Pero esa sensaci�n de v�nculo se desdibujaba un poco m�s cada d�a".Con los a�os, la ni�a aterrorizada se convirti� en adolescente rebelde y descontrolada. "Siempre que pod�a, iba con chicos mayores, beb�a y sal�a de fiesta, y pr�cticamente no quedaba ninguna droga que no hubiera tomado", rememora. Su madre, Lynn, la oblig� a entrar a un reformatorio en Florida del que poco despu�s se escap�. En su huida, se dej� recoger en la carretera por un obrero de la construcci�n que la viol� a punta de pistola. "Me viol� primero por delante y luego por detr�s", relata con crudeza. "La �nica lubricaci�n fue la saliva que se escupi� en la mano. Imagin� que iba a morir, que me tirar�a en alguna cuneta". Pero logr� escapar.Poco entonces apareci� Maxwell. Se la top� a la entrada del club Mar-a-Lago. En cuanto la vio le ofreci� un trabajo de masajista para un hombre rico, socio del club y un genio con un don para hacer dinero, en sus propias palabras. "Le encanta ayudar a la gente", le dijo. Le dio la direcci�n, el 358 de El Brillo Way en Palm Beach, y unas horas m�s tarde estaba en casa del pederasta, pese a que no hab�a dado un masaje en su vida.Giuffre recuerda las fotograf�as de mujeres desnudas mientras sub�a las escaleras hacia el segundo piso, la cama de matrimonio gigante y la camilla verde turquesa en la que estaba tumbado Epstein, boca abajo y completamente desnudo. "Ten�a 47 a�os, el triple que yo", apunta Guiffre.Con una mezcla de astucia y malicia, Maxwell le fue explicando cada paso a la joven, cada vez m�s nerviosa e insegura. Le pidi� que acariciara a Epstein, que le pasara la mano por el trasero y que actuara con naturalidad cuando el financiero de pelo canoso se dio la vuelta y luci� su erecci�n sin pudor. "Yo hab�a visto las partes de hombres antes, por supuesto, pero no me esperaba aquello", escribi� Giuffre. Pidi� que aquello parase, pero Maxwell ni se inmut�. Minutos despu�s, la propia madame se empez� a quitar la ropa mientras desvest�a a la joven, en una escena grotesca de prostituci�n de menores disfrazada de presunto erotismo.Antes de pedirle una felaci�n y que se subiera encima de �l para penetrarla, Epstein le pregunt� si estaba tomando anticonceptivos y c�mo y cuando hab�a perdido la virginidad. Tras terminar con su rutina, incluyendo la ducha posterior, el pederasta dict� sentencia: "Es buena, nos la quedamos", le dijo a Maxwell.Virginia, en el primer curso de primaria.Wallace describe al ped�filo como "una persona de inteligencia extraordinaria y de una capacidad de manipulaci�n que es dif�cil de exagerar"Y as� pasaron dos a�os. "Desde el principio, me manipularon para participar en conductas que me consumieron, erosionando mi capacidad para entender la realidad e impidiendo que me defendiera", escribe. "Aqu� no hab�a barrotes en las ventanas ni cerraduras en las puertas. Pero yo era una prisionera atrapada en una jaula invisible".Wallace describe al ped�filo como "una persona de inteligencia extraordinaria y de una capacidad de manipulaci�n que es dif�cil de exagerar". Epstein ten�a la habilidad de mirar a cualquier persona a los ojos —el consejero delegado de una empresa, el rector de Harvard o una ni�a de 14 a�os— e identificar exactamente cu�l era su punto vulnerable. "Luego insinuaba que pod�a ayudarte con eso. Atra�a a gente de todas las edades, de todas las clases, de todos los g�neros". A trav�s de los ojos de Giuffre, el libro muestra por primera vez por qu� las chicas se quedaban atrapadas en esa red. "No estaban encadenadas, pero la mezcla de manipulaci�n, de hacerlas sentir valiosas un d�a y abusadas al siguiente, creaba un caldo de cultivo t�xico del que era muy dif�cil salir."En el aire, la pregunta de si Trump y el resto de la red de �lite de Epstein llegar�n a ser imputados por la trama. "Cualquier crimen de abuso sexual es dif�cil de procesar judicialmente", admite Wallace. Pero la informaci�n est� ah�. Giuffre nombr� a m�s de veinte hombres ante el FBI en dos ocasiones distintas. Esos nombres est�n en los archivos. Est�n en deposiciones bajo juramento que se han hecho p�blicas. "Si alguien quiere buscarlos, est�n ah�."