Donald Trump afirmó a las apuradas que Estados Unidos estaba ganando la guerra contra Irán por un amplio margen: “Hemos diezmado todo su imperio maligno” (7 de marzo de 2026). Por su parte, Benjamín Netanyahu repitió que Israel “es más fuerte que antes” y que el régimen iraní se encontraba "más débil que nunca" (3 de mayo de 2026). Aristóteles, afirmó que "la victoria es agradable no solo para quienes aman conquistar, sino para todos, pues produce una idea de superioridad". A diferencia de las guerras convencionales, que suelen tener un punto claro de "misión cumplida", el enfrentamiento contra Irán corresponde a lo que se conoce como conflicto armado de final abierto (Open-Ended Warfare). En este tipo de confrontaciones no existen objetivos terminales bien definidos, ni plazos temporales ni un desenlace previsible. Irán, por su parte, cuenta con una estructura militar dual y deliberadamente compleja: por un lado, el Ejército Regular (Artesh), orientado a la defensa territorial convencional; por el otro, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC o Pasdaran), encargada de la seguridad interna y de operaciones asimétricas en el exterior. Esta descentralización responde a la doctrina conocida como defensa en mosaico (Mosaic Defense).
Aberturas y mosaicos
La Guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán persiste en forma de conflicto congelado: ninguna de las partes ha logrado sus objetivos principales y el costo económico y humano de reanudar las hostilidades a gran escala resulta prohibitivo.
Irán implementa "Defensa en Mosaico": estructura descentralizada donde cada provincia opera autónoma, garantizando funcionamiento del régimen sin liderazgo central. Esta arquitectura resiste ataques quirúrgicos, impidiendo victoria decisiva en conflictos sin objetivos terminales—a diferencia de doctrinas israelí (destrucción masiva) y estadounidense (paralización operativa).











