El internet empieza a llegar poco a poco a Irán después de casi tres meses de bloqueo absoluto. Minutos después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su Operación Furia Épica, el Gobierno de los ayatolás aplicó un 'cerrojazo' de la red, del mismo modo que ya hizo el pasado mes de enero durante las masacres de los días 8 y 9, en las que algunos informes señalan que fueron asesinadas al menos 30.000 personas. En esta ocasión, la diferencia es que los ataques venían de fuera y no del propio régimen. En los últimos días, usuarios iraníes han aprovechado para publicar en sus redes sociales imágenes —a las que no se había tenido acceso hasta ahora— de la destrucción que generaron los ataques aéreos. En otros se ve cómo una tormenta de misiles cae en la casa donde estaba el exlíder, el ayatolá Ali Jameneí, quien murió en esa ofensiva. El regreso de las conexiones, sin embargo, está siendo muy paulatino. Muchos centros de datos aún no han vuelto a estar operativos y los que sí están controlados por las autoridades iraníes, que tienen la capacidad para restringir o no un canal de conexión o de comunicación. Es el caso de Instagram, Facebook o WhatsApp. Hablar con algún ciudadano que se encuentre en Irán es un ejercicio de paciencia. "Lo siento, es lo que tiene intentar tener una conversación por aquí". Quien habla es Arman (nombre ficticio para preservar su seguridad), una ciudadana iraní y traductora de español, con la que El Confidencial ha intentado ponerse en contacto en distintas ocasiones durante la guerra. En ninguna de ellas hubo respuesta. Sin embargo, desde el pasado fin de semana, los mensajes empiezan a llegarle con más o menos facilidad. Lo difícil ocurre en las llamadas. Durante los 40 minutos que dura nuestra conversación, la llamada a través de WhatsApp ha tenido que reanudarse hasta en 6 ocasiones. Arman ha vivido estos últimos meses en un bloqueo comunicativo absoluto. "Media hora después del inicio del primer ataque aéreo yo ya no tenía internet", relata. "Recogí mis cosas, cogí a mis hijas y nos fuimos a casa de mis padres, dos calles más arriba porque ellos tienen una antena parabólica. Ahí seguíamos las noticias. La única vía para estar informados, más allá de los canales del régimen, es a través de 'Irán International'", afirma. Un canal en el que, según ella, "algunos sostienen que solo trabajan periodistas financiados por Israel". Los primeros ataques de la Operación se ejecutaron contra la casa en la que se encontraba Ali Jameneí, en Teherán, a 25 kilómetros de la ciudad de Pardis, donde se encontraba Arman. "Todo el mundo estaba contento. Recibía la guerra con alegría porque nosotros no nos sentíamos parte de ella", sostiene. "Creemos que es una guerra de Estados Unidos e Israel contra el régimen de los ayatolás, no contra el pueblo iraní", argumenta. "Sinceramente, estábamos esperando los ataques. Es imposible hacer frente al régimen… por eso los estábamos esperando. Más aún después de las masacres de enero", insiste. "Trump nos había prometido que nos llegaría ayuda…Aquí en Irán no podemos más", sostiene. "De verdad que pensábamos que el único que podía hacer frente al régimen era Estados Unidos", afirma. Horas después de los primeros bombardeos, empezaron a circular noticias sobre la posibilidad de que Jameneí hubiera muerto en estas primeras ofensivas. Nadie en su familia quería creérselo por si al final resultaba ser mentira. "Para mí era imposible creerlo. Yo pensaba que estaba escondido y que era algo que hacía continuamente", indica. Sin embargo, la alegría se desató en esa casa después de que tanto Estados Unidos como Israel e Irán confirmaran la noticia. "Todo el mundo gritaba de alegría porque el líder había muerto" "Corrimos por toda la casa. Salimos a la terraza, gritando y celebrando su muerte. Desde ahí pudimos ver a decenas de vecinos saliendo a sus balcones, a las calles. Incluso los coches estaban pitando sin parar. Todo el mundo gritaba de alegría porque el líder había muerto", asegura. Pero en Irán este tipo de celebraciones pueden salir muy caras. Su padre intentó contener los gritos de celebración de su hija y sus nietas por el miedo a que alguien pudiese escucharles. Desde la revolución islamista, la sociedad vive polarizada entre los que son afines al Gobierno de los ayatolás y los que quieren que desaparezca. Bajo el gobierno de los ayatolás nadie sabe con certeza quiénes son sus vecinos. Si son colaboracionistas del régimen o no, si pueden informar de quién eres o incluso poder meterte en la cárcel. La desconfianza en el otro es el pan de cada día en una sociedad a la que la han obligado a dudar de todo y de todos. Sin embargo, en ese momento, todo daba igual. Las calles eran una fiesta. La muerte del ayatolá parecía acercar la posibilidad de un Irán sin su Gobierno del terror. Sin embargo, no ha sido así. Las bombas han demostrado no ser capaces de acabar con el régimen ni tampoco las negociaciones de paz, enquistadas en una espiral que no ha acabado en nada más allá del alto el fuego. "Si Estados Unidos e Israel deciden seguir con la guerra, harán falta tropas terrestres, como ocurrió en Irak", asegura Arman. Aunque el mejor escenario, asegura, sería una "salida negociada que pueda poner fin al régimen por la vía diplomática". A pesar de que es un escenario muy difícil, insiste en que los ayatolás "no pueden estar más tiempo en el poder". Durante el mes de la guerra, Arman no salió de casa más allá que para comprar comida. Una nueva rutina que se aplicó a sí misma y que hacía cada diez días porque no sabía "dónde las bombas podían caer". Además, el Gobierno de los ayatolás había implementado una nueva maquinaria de presión en las calles. No solo por parte de la Guardia Revolucionaria iraní, que se dedicó a vigilar algunas calles y plazas —actualmente también lo están haciendo—, sino a través de protestas masivas de los seguidores del régimen. De hecho, que España rechazara la guerra (posteriormente lo haría Francia o Italia) y no permitiese a Trump utilizar sus bases fue visto por el gobierno de los ayatolás como un apoyo que supo utilizar bien. "Durante días hubo manifestaciones de gente afín al régimen que ondeaba la bandera de España con el escudo del régimen". "Fue muy decepcionante para nosotros ver a España así", asegura. "Hasta ponían fotos de Pedro Sánchez en los misiles. No lo podíamos creer", insiste. Más allá de los destrozos, el verdadero coste de la guerra que han sufrido los iraníes ha sido la inflación, que se ha disparado en estos últimos meses. Esta ciudadana iraní cuenta cómo varios de sus conocidos se han quedado en el paro. La falta de dinero junto con el alza de los precios en los productos más básicos ha empujado a cientos de iraníes a vivir al límite. Por eso, un regreso de los ataques no sería una buena noticia para los iraníes. "Al final somos nosotros los que más sufrimos", insiste. "No solo por el corte de internet, que nos deja totalmente incomunicados, sino porque la inflación se dispara. La gente no puede trabajar y eso apenas les permite sobrevivir. Muchos no pueden ganarse la vida más", lamenta.
Detrás del velo iraní
A pesar del regreso de las conexiones, muchos centros de datos aún no han vuelto a estar operativos y los que sí, están controlados por las autoridades iraníes









