El retorno de la Selección de Ecuador tras su participación en Corea-Japón 2002 demostró que el impacto de la Tricolor iba más allá de los resultados deportivos. A pesar de quedar eliminados en la primera fase, -tras caer en el debut 2-0 ante la poderosa Italia, perder por la mínima diferencia 2-1 frente a México y cerrar con un histórico triunfo 1-0 sobre Croacia-, la obtención de esa histórica primera victoria hizo que el país recibiera a sus jugadores como verdaderos héroes. Una multitud impresionante esperó al plantel en el aeropuerto y lo escoltó en caravana hasta el parque La Carolina, en el norte de Quito, donde jugadores y afición se unieron en un solo coro para cantar el himno nacional.Juan Carlos Burbano de Lara, volante de primera línea y capitán de El Nacional, fue uno de los convocados de la nómina del estratega colombiano Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez para la cita en Asia.PublicidadEl exmediocampista dialogó con EL UNIVERSO para repasar el detrás de escena, las intimidades del camerino y el significado social de esa primera participación mundialista. Aunque en el desarrollo del torneo permaneció como una variante estratégica y no llegó a sumar minutos en la cancha en su única cita mundialista, su presencia y liderazgo fueron vitales a la interna del grupo.Para Burbano, la clasificación fue la cúspide de un viaje que comenzó en los escenarios más humildes del fútbol local. Al evocar lo que significó formar parte de ese grupo privilegiado, el exvolante se trasladó de inmediato a sus raíces.“Realmente fue el momento más lindo que uno ha podido vivir en la vida deportiva, porque ahí se resume todo lo que uno vivió desde niño. Uno recuerda los primeros pasos en el colegio, en el barrio, en la canchita de tierra, en la liga barrial”, recuerda con nostalgia el exfutbolista.PublicidadPublicidadEse esfuerzo colectivo se tradujo en un fenómeno social inédito para el territorio ecuatoriano.“Nunca le he visto yo al país tan unido como esa vez. El recuerdo más bonito es eso, ¿no?. Que el ecuatoriano cuando trabaja en equipo, cuando no piensa en el bien personal, sino en el bien común, sumamos fuerzas y podamos lograr cosas importantes. Creo que la selección rompió el regionalismo que había antes. El de la Sierra con el de la Costa se llevó bien”, afirma.PublicidadLa magnitud de la primera clasificación a una Copa del Mundo caló hondo en toda una generación, dejando un estándar para el futuro de la Tri.“Ver al país tan feliz, tan unido como esa vez fue hermoso. Ese legado quedó de que las selecciones que quieran conseguir cosas importantes tienen que trabajar en equipo”, reflexiona.El impacto de Japón: De los niños de Tottori a las canchas futuristasUna vez instalados en territorio asiático, la delegación nacional descubrió un mundo completamente nuevo. El choque cultural y la calidez del pueblo japonés marcaron los primeros días de la Tricolor en su búnker de concentración.“Cuando llegamos a Tottori en Japón hubo como 100 niños japoneses en el aeropuerto y decían sí se puede. Y estaban con banderas de Ecuador. Nos recibieron como si fuéramos japoneses”, relata Burbano sobre el recibimiento.PublicidadAquel asombro inicial se trasladó de inmediato a los escenarios deportivos, cuya infraestructura tecnológica superaba todo lo que el plantel había visto hasta ese momento.“Me emocionaron mucho ver las canchas. Nunca he estado en unas canchas tan hermosas como esas. Solo las de entrenamiento ya eran increíbles. Y de ahí el estadio ese que parecía platillo volador, la cancha salía a tomar sol con un botón... el estadio se convertía en un estadio de béisbol”, describe él. Finalmente, el día del estreno oficial llegó, trayendo consigo una mezcla de orgullo patrio y la emoción de los primeros hitos ecuatorianos en las Copas del Mundo.“El debut contra Italia, el escuchar el himno por primera vez en un Mundial, sí fue emocionante. Ver a una mancha amarilla ahí en las gradas de gente que fue a Japón... Son momentos lindos. Nos tocó regresar rápido, pero creo que regresamos con la frente en alto porque logramos ganar por primera vez en un Mundial”, añade.La dura competencia y el choque con los gigantesEcuador compartió el Grupo G con Italia, México y Croacia. En el análisis retrospectivo, Burbano admite con total franqueza que la inexperiencia y la atmósfera que rodeaba al evento les pasaron factura en el debut.“Yo creo que nosotros, como todo era primera vez, más nos ganó la fiesta que era por fuera. Estábamos disfrutando de esa fiesta, pero no caíamos en cuenta que veníamos a competir. Recién cuando ya nos tocó en la cancha contra Italia, ahí caímos en cuenta de que teníamos que competir porque el que pierde un primer partido, dos partidos, ya se regresa a la casa”, confiesa.La diferencia física también se hizo sentir de inmediato en el césped, ejemplificada en una jugada particular del compromiso.“Cuando Italia nos hace el gol, ahí nos dimos cuenta de que teníamos que estar al nivel de un Mundial. Inclusive en esa jugada que Augusto Poroso choca con (Christian) Vieri, Augusto Poroso siendo tan fuerte cae al piso con el choque de Vieri. Yo creo que sí nos faltó más atención, más concentración, pero nos recuperamos enseguida. Lastimosamente México nos remontó y después le ganamos a Croacia, pero ya no nos alcanzó para clasificar”, explica sobre el desarrollo del torneo.A pesar de no avanzar de ronda, los goles marcados quedaron grabados en la memoria colectiva, nacidos de los pies de un histórico lateral.“Siempre nacen de un centro, de Ulises. Realmente Ulises es uno de los mejores laterales derechos que ha habido en la historia del país. Le centra muy bien al Tín (Agustín Delgado) y el Tín es un gran cabeceador. Entonces hizo un golazo. México nos remontó el marcador y luego también de otro centro queda la pelota ahí y (Édison) Méndez la agarra de primera... y sale a festejar el gol con Milton Rodríguez que le había ofrecido el preparador de arqueros”, detalla.La victoria final ante el combinado croata redondeó una participación digna, considerando los pergaminos del rival.“A Croacia le ganamos y Croacia creo que había sido tercero en el anterior Mundial... Entonces, sí fue meritorio haberle ganado a Croacia también”.El rival más difícil y una camiseta de ‘suerte’Al ser consultado sobre cuál era el adversario más complejo del grupo, Burbano no duda en señalar a la Azzurra debido a las figuras que componían su plantilla.“Italia. Italia por ser campeona mundial y por tener jugadores de la talla de (Francesco) Totti, de (Alessandro) Del Piero, de (Paolo) Maldini, estaba (Gianluigi) Bufón, estaba Vieri... y recuerdo que Totti fue el mejor de ese partido”, destaca.Sin embargo, aquella experiencia contra los europeos le deparó una de las reliquias más preciadas de su carrera profesional, de la forma más inesperada en el camerino.“Después del partido algunos compañeros cambiaron camisetas. Yo estaba en la banca, entonces no cambié mi camiseta. Estaba en el camerino y entró un señor italiano con una funda y dice, “¿Quién quiere cambiar la camiseta?” Yo le digo yo. Saco la camiseta de la funda, y era la de Totti. Entonces, me cayó de suerte la camiseta de Totti... Esa camiseta la tengo de muy lindo recuerdo de ese mundial”, cuenta con una sonrisa.El vestuario ante la derrota y la lección del ‘Bolillo’Asimilar los tropiezos en la máxima cita del fútbol no fue sencillo. El ambiente en el vestuario combinó la tristeza natural del momento con la resiliencia propia de los atletas de alto rendimiento.“El ambiente siempre fue bueno. Es claro que con una derrota a uno no le duele y uno por supuesto piensa en el país que está representando en un mundial. Las derrotas sí duelen, pero tampoco hay que ser tan dramáticos y la vida sigue. Creo que los deportistas aprendemos a recuperarnos rápido de una derrota”, afirma el exmediocampista.La convivencia prolongada durante más de treinta días de gira previa puso a prueba la paciencia del equipo, obligándolos a mantener el enfoque lejos de sus hogares.“La selección se fue un mes antes al mundial y un mes antes es bastante tiempo. Sí, es cansado y después casi los 10 días que estuvimos en Japón... claro, mucha gente tal vez pensaba ya en el regreso. Pero el Bolillo dijo, “La mayor lección que vamos a tener no era en ese mundial ahí en ese momento, sino al regreso. Cómo nos íbamos a comportar con la gente... Teníamos que ser mundialistas de ahí en adelante””, revela Burbano.Ese estatus conllevó una responsabilidad social ante los jóvenes del país que los veían como espejos a seguir.“Significaba que no por ser mundialistas teníamos que creernos más que nadie, que teníamos que mantener la humildad, mantener el respeto por la gente. Ya te queda como un compromiso, una responsabilidad el intentar dar ejemplo, porque hay muchos niños que tal vez se fijaban en Aguinaga, se fijaban en el Te Delgado o en Caviedes”.Rutinas, carritos de golf y una amistad que nació del origamiDentro de la rigidez de los entrenamientos y las charlas técnicas, el plantel buscaba momentos para distenderse en las instalaciones del hotel.“Yo acuerdo alguna tarde que estuvimos en el hotel de Tottori, que había una cancha de golf. Cogimos un carrito, nos fuimos todos a recorrer las pistas de golf. Alex jugaba golf también. Nos dimos la vuelta a toda la cancha de golf y fue un momento chévere ese que compartimos. Hay algunas fotos de nosotros en con el carrito de golf subidos como 10 personas”, detalla sobre el día a día.Además de las vivencias grupales, Burbano protagonizó una conmovedora historia personal con una pequeña aficionada japonesa, un vínculo cultural basado en el intercambio de obsequios tradicionales.“Una niña japonesa con la mamá en un centro comercial me pidieron un autógrafo. Entonces yo le doy la firma y le doy un abrazo a la niña. La niña se va para atrás, la mamá también se asusta porque ellos no tienen la costumbre de saludar con contacto. Al día siguiente fue el entrenamiento con la niña y la niña fue llevando una pieza de origami. Entonces me regaló eso. Yo le pedí a mi papá que me mande unas piezas de balsa de unos loritos. Entonces le regalé a la niña... El día que nos íbamos de Totori, estábamos al aeropuerto y la niña me da el paquete, yo le di mi camiseta. Abro el regalo y era un quimono”, relata sobre el encuentro.La despedida definitiva de la localidad asiática selló un lazo de amistad que perduraría a través de las décadas gracias a invitaciones posteriores para clínicas de fútbol.“Volví a Japón, volví a Tottori dos veces y en el aeropuerto, ¿quién estaba para recibirme? La niña, la niña ya más grande. Ahora la niña ya tiene 29 años, ella se llama Kari y tengo contacto con ella en Facebook. Entonces esa anécdota quedó porque quedó esa amistad que nació ahí en un mundial con una niña japonesa... Son cosas lindas del fútbol que te dejan para toda la vida”.Transformación personal y la mirada a la Tri en el Mundial 2026La experiencia de la Copa del Mundo forjó la filosofía de vida de Juan Carlos Burbano, dotándolo de herramientas para asimilar la autocrítica y encarar los temores tanto dentro como fuera del campo.“El fútbol te cambia porque te hace más disciplinado, te hace saber ganar, saber perder. Cuando uno pierde tiene que aceptar que el rival fue mejor. Y sobre todo en la pérdida es cuando analizas bien qué te faltó, te haces autocrítica y la idea es volverlo a intentar. En la vida podemos tener días buenos, días malos, problemas, pero siendo deportista uno los enfrenta con valor, con carácter”, menciona. La toma de decisiones bajo presión es otro de los legados que resalta de su carrera.“Tener miedo es normal, pero la idea es enfrentar ese miedo, dar el paso adelante. Si te va bien, chévere, si te va mal, ya aprendiste y el siguiente paso das un paso mejor. Esperemos que ahora la selección actual pueda también representarnos bien y nos lleve más lejos todavía. Yo creo que estamos bien, tenemos buenos jugadores... pero los talentosos tienen que poner eso al servicio del equipo, no para lucirse personalmente, sino tiene que pensar en equipo”, concluye de cara a la cita de Norteamérica que será el quinto Mundial para la Tricolor. (D)