Pedro Sánchez prometía este fin de semana durar “hasta el 2027 y más allá”. Aquí me recordó al muñeco de Toy Story , Buzz Lightyear, que decía aquello de “hasta el infinito y más allá”. El líder del PSOE sustituye ahora “infinito” por “2027”, y lo cierto es que sí se le puede hacer muy largo, lo que queda de aquí a convocar elecciones, como dice que quiere, en el 2027. ¿Sí? ¿Seguro? ¿Merece la pena? Porque está claro que el camino seguirá siendo largo, pesado, desagradable, por el clima irrespirable que ahora Feijóo dice que vive de forma insostenible la política española, pero que él y su amigo del “quien pueda hacer que haga” ayudan a crear día a día desde hace mucho, concretamente con aceleración especial cuando el 2023 no ganaron como esperaban y no pudieron, gobernar.
Y, por cierto, esto ocurre con un esquema y ritmo muy parecidos a los de los “años de la crispación” que vivió la política española cuando en 1993 Aznar no ganó como esperaba y tampoco pudo gobernar. Este mal está ahí y es muy grave, tóxico y lo ensucia y desacredita todo infinitamente, política, judicatura y otros poderes del Estado que, como confesó Luis Maria Ansón, una vez ya instalado Aznar en el poder, lo removieron todo para desalojar a un presidente al que las urnas no expulsaban por sí solas.













