02/06/2026 05:00 Actualizado a 02/06/2026 06:52 El peor escenario posible entre partes cuando se ha iniciado la cuarta semana de la huelga indefinida del profesorado valenciano ha tomado forma con elementos que apuntan a una preocupante escalada de la tensión. De un lado, la Conselleria de Educación, que dirige Carmen Ortí, cree que lo ofertado al colectivo es suficiente, con la negativa a contemplar algunas de las mejoras que exigen los sindicatos STEPV, UGT y CCOO, entre estas, y al margen del salario, defender el valenciano en las aulas. El profesorado, mientras, mantiene el pulso y ya se han producido algunas escenas preocupantes, como el incomprensible empujón de un policía nacional a una manifestante lesionada, lo que ha forzado a abrir un expediente al citado miembro de las fuerzas de seguridad. El CSIF, sindicato que aceptó la oferta de Educación, ha denunciado que la pasada noche el resto de sindicalistas no les dejó salir de la sede de la Conselleria. En paralelo, la consellera y también el president Pérez Llorca endurecen sus expresiones contra el colectivo que mantiene las protestas recurriendo una y otra vez a que solo les mueve una motivación “política”.Los profesores en Valencia piden a la consejería mejoras laborales.AgenciasLa situación de la huelga indefinida valenciana es insostenible. Y en cualquier conflicto entre trabajadores de una Administración con los gestores de la misma la obligación de agotar todas las vías de solución es de quien gobierna. Así sucedió en Andalucía con Juan Manuel Moreno Bonilla cuando en 2022 acabó con la huelga docente, y así ha sucedido este fin de semana en Catalunya con el acuerdo entre el ejecutivo de Salvador Illa y el profesorado. Dos ejemplos que deberían tenerse en cuenta en la Comunitat Valenciana, que parece ser, una vez más, un punto y aparte en la gestión de conflictos en la geografía española. En septiembre se inicia otra huelga en Madrid donde también gobierna el PP, dato a tener en cuenta en el actual contexto.Fuentes del PP defienden que el conflicto no va a pasarles factura electoral, pero sí creen que la imagen valenciana, y en especial la de Pérez Llorca, puede salir dañada si no hay una pronta solución. En el caso del profesorado, es más que evidente el agotamiento del colectivo, donde miles de docentes han perdido más de 1.000 euros de su nómina por mantenerse en huelga. Sin olvidar los efectos sobre las familias y los alumnos, que son los que desean, más que nadie, que este pulso acabe con la mejor de las soluciones posibles.El anterior conflicto educativo tuvo lugar en febrero de 2012, con los graves episodios de la conocida como “primavera valenciana”. Era una protesta por los recortes en Educación cuya violenta represión provocó un grave deterioro del PP valenciano. El Consell de Pérez Llorca debería tomar nota y esforzarse en buscar una solución definitiva; mientras el profesorado debe poner de su parte para que este diálogo funcione. De seguir así, nadie va a ganar nada y todos saldrán perdiendo en esta batalla, con consecuencias, hoy por hoy, impredecibles. fLicenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991