Madrid (EFE).- Vigilan la atmósfera, los océanos y la evolución del clima; monitorean catástrofes naturales, el tráfico marítimo, las fronteras o la deforestación; y prestan servicios esenciales de seguridad y defensa; pero los satélites son capaces también de detectar los movimientos milimétricos y ocultos del estadio Santiago Bernabéu.
No hay alarma; los datos reportados por un satélite (el ‘PAZ’ de la operadora española Hisdesat) revelaron desplazamientos muy claros, de hasta 3,5 centímetros, en la estructura del estadio, pero también que no se detectaban movimientos significativos en las calles y edificios circundantes y que esos movimientos se limitan a la estructura del renovado campo de fútbol, según concluyó un trabajo que ha dado a conocer la Agencia Espacial Europea.
El ‘mercado’ de la Observación de la Tierra (EO) desde el espacio está experimentando una profunda transformación, evolucionando desde el simple suministro de imágenes hacia un modelo de inteligencia estratégica y económica, y proyecta un crecimiento masivo para la próxima década impulsado por la inteligencia artificial y las necesidades de seguridad en un contexto geopolítico complejo.
Los datos de la multinacional Novaspace, una consultora especializada en el sector aeroespacial, apuntan que el mercado de la observación de la Tierra desde el espacio va a crecer desde los aproximadamente 5.000 millones de dólares actuales hasta los más de 8.000 en el horizonte de 2034, un crecimiento sustentado en la seguridad y la defensa, el análisis basado en la inteligencia artificial, las imágenes de muy alta resolución y el monitoreo continuo de infraestructuras.









