El momento tan esperado había llegado. Ya no quedaba espacio para más pruebas o ensayos. Los que tenían ilusiones y los detractores quedaban en la misma línea. Carlos Bilardo había logrado lo que tanto pregonó durante buena parte de su ciclo: tener a todos sus jugadores un mes en la concentración para poder trabajar. Había llegado la hora del debut en México ‘86 para la selección argentina frente a Corea del Sur. Una Copa del Mundo donde no llegó entre las favoritas, pero que lentamente iba a mostrar su nivel, hasta hacerlo superlativo. El instante supremo de la verdad decía presente.Lunes 2 de junio a las 15 horas. Por supuesto que había expectativa, pero no la locura que se ha generado en los Mundiales más recientes. Sobre todo en los primeros partidos de aquellas ediciones, la atención era más bien del futbolero, de quien estaba en el día a día. Si el equipo marchaba bien, comenzaba a sumarse el resto. Fue un lunes gris y nublado, sin demasiado frío, cuando a las tres de la tarde, el árbitro español Sánchez Arminio, dio el pitazo inicial. PUBLICIDADComienza el Mundial para Argentina. Diego Maradona sale del túnel, precedido por Ricardo Bochini y antes de José Luis Brown, que se enteró de su titularidad apenas una horas antes por la enfermedad de Daniel PassarellaEran épocas donde la televisión por cable era patrimonio de poca gente y no existían los canales deportivos. Por ende, la previa fue inexistente. Los partidos se los habían repartido entre los cuatro canales (ATC - 9 - 11 - 13), al tiempo que el 2, aún con poca recepción en Capital, emitió todos los cotejos del torneo, en unas transmisiones que quedaron en el recuerdo. Comandadas por Quique Wolff, en una de sus primeras apariciones en TV, mezclaban humor y seriedad. Los encuentros de Argentina eran separados de a pares, por eso el debut con Corea del Sur se vio por la pantalla del 9, con Jorge Bullrich, Antonio Rattín y Dante Zavatarelli y por el 11 con el histórico Horacio Aiello y Pichuqui Mendizábal. Las horas previas no fueron de calma en el campamento nacional. Dos días antes, un ilustre como Daniel Passarella comenzó con molestias estomacales, que fueron empeorando en la madrugada del debut. Algunos matutinos lo pusieron en la formación, mientras que otros colocaban la duda entre él y Brown. El propio Tata recordaba cómo se enteró que sería titular: “La misma mañana del partido ante Corea, como yo compartía la habitación con Passarella, me di cuenta que era imposible que él jugase. Sin embargo, Bilardo no me decía nada. De pronto, me lo crucé a la salida del desayuno. Solo me preguntó cómo estaba, diciéndome siempre Bron (risas). Cuando se había alejado unos metros, me soltó: ‘Mirá que jugás vos, eh’. Carlos era así”. PUBLICIDADLa formación del debut. Parados: Sergio Batista, Néstor Clausen, Oscar Garré, Nery Pumpido, José Luis Brown, Oscar Ruggeri, Diego Maradona. Abajo: Jorge Burruchaga, Ricardo Giusti, Pedro Pasculli y Jorge ValdanoOtra duda que habían publicado los diarios estaba en el lateral derecho, porque en aquel partido, el Narigón aún no colocó sobre el césped su famoso 3-5-2. Fue un esquema más clásico, con cuatro defensores. Las últimas actuaciones de Néstor Clausen, tanto en Independiente como en la Selección, no habían conformado, entonces se barajaba la posibilidad que ese lugar sea ocupado por el Vasco Olarticoechea, quien ya llevaba mucho tiempo sin actuar allí. Finalmente, el hombre de los Rojos de Avellaneda, arrancó como titular. Todo estaba listo. Mientras la tele mostraba ya la gráfica con las formaciones y Víctor Hugo Morales y José María Muñoz preparaban sus gargantas para hacernos vibrar por radio, Argentina y Rivadavia respectivamente, en el vestuario del estadio Olímpico, Carlos Bilardo, quizás en una faceta distinta, más cerca del motivador, dijo unas últimas palabras que marcaron a muchos. Entre ellos, Jorge Valdano: “‘¿Ustedes saben que hoy no hay colegio en Argentina para vernos, no?’”. Y a mí aquello me emocionó más que cualquier otra cosa que haya dicho Bilardo durante el Mundial. Es impresionante el vínculo del futbolista con la infancia, porque te devuelve a tu condición de niño en la escuela. Tiene que pasar algo muy importante para que no haya clases. O una catástrofe o una fiesta”. PUBLICIDADLa icónica imagen, que recorrió el mundo y fue símbolo de las reiteradas infracciones de los coreanos sobre MaradonaArgentina formó con: Nery Pumpido; Néstor Clausen, José Luis Brown, Oscar Ruggeri y Oscar Garré; Ricardo Giusti, Sergio Batista, Jorge Burruchaga, Diego Maradona; Pedro Pasculli y Jorge Valdano. A excepción de este último y el capitán, todos los demás eran debutantes en Copas del Mundo. Pumpido había estado en España ‘82, pero no disputó ni un minuto, ya que era el tercer arquero, detrás de Fillol y BaleyEl cuadro del Narigón se lanzó al ataque desde el arranque. Cuando iba 1 minuto y 13 segundos se produjo la primera de las muchísimas faltas que los coreanos iban a perpetrar sobre la humanidad de Diego. Enseguida, un mal pase de Giusti le dejó servida la contra a los asiáticos que terminó en un tiro libre cerca del área por falta del propio Gringo. Por suerte, el tiro se estrelló en la barrera. PUBLICIDADEl derechazo de Jorge Valdano, que fue el primer gol de Argentina en México '86A los cinco minutos le hicieron la segunda infracción a Diego, que un fotógrafo retrató y quedó como símbolo: la pierna derecha del defensor impacta por sobre su rodilla izquierda, al tiempo que él cierra los ojos y exclama su dolor en un grito. Tras permanecer casi un minuto en el piso, se incorporó y ejecutó el tiro libre. Pegó en la barrera, él se anticipó a todos y de cabeza habilitó a Valdano, quien, entrando al área por la derecha, sacó un remate cruzado que abrió el marcador. Argentina siguió yendo al ataque y pudo aumentar a las 12 con un violento remate de Burruchaga que se estrelló en el poste. A los 18 minutos, luego de recibir la cuarta infracción, Diego le reclamó al árbitro que seguía sin sacar amarillas. Tomó el tiro libre sobre el sector izquierdo y con esa precisión única que tenía en su botín izquierdo, colocó la pelota en el punto penal, por donde apareció Ruggeri para poner el 2-0 con un impecable golpe de cabeza. PUBLICIDADA partir de allí, Corea se adelantó en el campo y creó algunas situaciones de peligro, más por desacoples defensivos argentinos que por virtudes propias. Unos minutos más tarde, Clausen jugó una pelota hacia atrás para Brown, en una típica maniobra que hace cualquier equipo para acomodarse. Una estruendosa silbatina del público mexicano fue el preludio de lo que se viviría de ahí en adelante, donde el cuadro nacional fue permanente abucheado y los locales, siempre hincharon por nuestros rivales. Cuando ya se terminaba el primer tiempo el árbitro sacó su primera tarjeta amarilla. Fue al coreano Jung Moo por un golpe en la cara a Maradona. Era la novena infracción que sufría Diego en el partido…La tapa de El Gráfico dándole valor al triunfo en el debut de la Copa del MundoApenas se había disputado el primer minuto del segundo tiempo, cuando llegó el tercer gol de Argentina. Un saque largo de Pumpido, picó cerca del área coreana y un defensor la cabeceó hacia un costado, con tanta mala fortuna que cayó en los pies de Maradona. En una rápida carrera superó a su marcador y llegó hasta el fondo, como un puntero derecho, pero dentro del área. Sacó un centro perfecto que Jorge Valdano, sin marca, mandó al fondo del arco. En su relato por radio Argentina, Víctor Hugo anticipó algo que podía venir con respecto al 10 y, por suerte, acertó: “Diego Maradona, ahora por derecha, sacó todo su genio, su repentización, y la vigencia que va a tener en este campeonato del mundo”.PUBLICIDADCon el marcador claramente a favor, Argentina comenzó a mostrar algo que sería clave en el torneo, que era la permanente movilidad de sus hombres por la cancha: Valdano cerca de Batista en el círculo central o Giusti en intentos ofensivos. Ni hablar de Burruchaga, que nunca estaba quieto y aportaba una dinámica decisiva, camino a ser el gran socio de Diego. Un desborde de Pasculli por izquierda, con centro atrás, le pudo dar la posibilidad al 10 de gritar por primera vez en México, pero su remate salió alto desde una inmejorable posición. No íbamos a tener que esperar mucho para festejar una conquista suya… A los 73 llegó el descuento de los coreanos con un golazo desde fuera del área de Chang Sur Park, que superó a Nery Pumpido. Era un premio a la tenacidad de los asiáticos, que pese al score adverso y sabiéndose inferiores, fueron para adelante, cambiando un poco el estilo con respecto al primer tiempo, donde cometieron muchas faltas, con la anuencia del árbitro, poco idóneo para una cita mundialista. PUBLICIDADDiego Maradona, que tiró el centro, abraza a Oscar Ruggeri, autor del segundo gol argentino con un golpe de cabezaInmediatamente, el Doctor Bilardo hizo su primer cambio del Mundial, con el ingreso de Carlos Tapia por Pedro Pasculli, con el claro fin de tener un poco más la pelota en la mitad de la cancha. Y al minuto siguiente fue la segunda modificación: Julio Olarticoechea por un Sergio Batista a quien se veía extenuado. El Vasco fue como volante central, el lugar donde se había destacado en Boca en la última temporada, pero que no sería la posición que lo consagrará en México ‘86. En un par de minutos, Valdano tuvo dos chances claras de aumentar el marcador, pero respondió muy bien el guardavalla coreano. El final fue con una moderada alegría, con la satisfacción del deber cumplido, con una sólida actuación y la punta del grupo, porque en el partido inaugural, habían igualado en un tanto Italia y Bulgaria. A partir de allí comenzaron las cábalas, o costumbres, como le gustaba decir al Doctor, que así las contó en su autobiografía: “Antes de cada partido, visitábamos el centro comercial Perisur, para distraernos un rato. La primera vez pagó Pumpido y, como ganamos, volvió a hacerlo en cada salida. Al principio firmábamos pocos autógrafos, pero con el correr de las victorias y al trascender que manteníamos ese hábito, el lugar se llenaba. ¡Para la semifinal y la final nos rodeaba tanta gente que no podíamos caminar! El día del partido con Corea, subimos al micro y nos sentamos en distintas posiciones. Yo adelante, junto a la ventanilla derecha, a mi lado Pachamé, sobre el pasillo. Nadie volvió a cambiar en el resto del campeonato. El operativo de seguridad nos asignó dos policías que iban en sus motos. Se llamaban Tobías y Jesús y nos acompañaron siempre. Otra costumbre surgió a partir que un jugador le entregó al conductor del micro un cassette grabado con música de intérpretes argentinos, para que las canciones sonaran rumbo al estadio. En casi todo el trayecto se escuchó el tema de Sergio Denis titulado ‘Gigante chiquito’, que finalizó justo cuando el vehículo se detuvo en la playa de estacionamiento del estadio. Fue la canción oficial hasta el día de la final”. PUBLICIDADPróximo episodio: ItaliaFecha: 5 de junioLocación: Estadio Cuauhtémoc de Puebla