Estos amistosos previos al Mundial siempre son traicioneros. La mayoría, en rigor, están condenados al olvido, a esos partidos que nadie recordará en algunas semanas. Y si se los recuerda, es porque fueron una trampa. O por alguna lesión imprevista, como la que le sucedió a la joya alemana Lennart Karl, o porque el equipo exhibió más preguntas que respuestas, o más errores que aciertos. Bueno, el triunfo de la Selección ante Honduras en Texas no tuvo nada de todo eso, lo cual es un triunfo en sí mismo. Pero además fue la bendición para algunos jugadores que probablemente no jueguen el Mundial, pero debutaron con la camiseta del equipo nacional: los jugadores de Santiago Beltrán y Joaquín Freitas y el de Boca, Tomás Aranda. Y ahí está la magia de la noche de Texas ante ¡91 mil personas! La gestión Scaloni ya está pensando en el mediano y largo plazo, más allá de lo que suceda en este Mundial. Quizás se trate del único proyecto nacional a largo plazo que tiene este país: nuestra selección. Algo impensado hace tan solo ocho años, cuando en Rusia 2018 todo era improvisación. Obviamente que quedan algunos interrogantes –qué pasará con Dibu Martínez, quiénes serán los laterales–, pero sobre todo quedan conclusiones: Giuliano Simeone parece afianzado en el equipo, Barco puede ser el Molina de este Mundial, Lo Celso está en la lista por algo más que una recompensa por haberse perdido Qatar 2022 por lesión.