02/06/2026 06:00 Actualizado a 02/06/2026 06:15 A la vista del discurso que pronunció ayer en el Cercle d’Economia, parecería que Salvador Illa quería simplemente dibujar un panorama radiante de presente crecimiento económico y brillante futuro pero sin hablar de los problemas. Nuevos presupuestos y futuro modelo de financiación autonómica (si la estabilidad política, el PP lo permite y Junts se contiene), con la consiguiente lluvia de millones, en gran parte inversiones en infraestructuras. Estos fueron los ejes de una intervención inusualmente corta, lo que fue de agradecer por el público asistente y focalizada en la venta de sus éxitos. Por lo demás, frío e inconcreto. Su propio equipo no fue capaz de explicar en los pasillos el plan de 3.300 millones que avanzó.Diálogo entre Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya, y Teresa Garcia-Milà, presidenta del Cercle d’EconomiaAndreu EstebanApenas una mención, forzada por la presidenta del Cercle, Teresa Garcia-Milà, al conflicto con maestros y profesores. Nada de los médicos. Ni de Rodalies. Síntomas graves ambos del cuarteamiento del Estado del bienestar. Una degradación de áreas significativas de servicios esenciales, uno de los motores del rampante descontento social que las encuestas empiezan a registrar de manera sostenida. Como las listas de espera.Illa pasa de puntillas por el choque con maestros y médicos... y elude la situación política generalLa coincidencia temporal de las acciones reivindicativas es más que casual. Es la manifestación de un clima y de la respuesta contra él. Se trata de un expediente que interpela directamente a su propuesta política y a su programa de prosperidad compartida, que ha convertido en slogan de gobierno y del que dependerá su próximo resultado electoral. Y pocos foros empresariales encontrará como el Cercle, por su carácter transversal, para discutirlos y exponerlos abiertamente.En el ámbito de la vivienda, donde las diferencias con los empresarios y el Cercle están meridianamente definidas, se desmarcó con elegancia de la vinculación con la inmigración y las regularizaciones que planteó Garcia-Milà. Esta tampoco habló de impuestos, lo que el president debió agradecer.Pero si los vacíos mencionados son llamativos, más lo fue la elusión de cualquier referencia a la crítica situación política española. Mientras la derecha y la extrema derecha presionan a favor del adelanto electoral y buscan vías diversas para presentar una moción de censura parlamentaria viable que derribe el Gobierno de Pedro Sánchez, acosado también por causas judiciales más o menos transparentes, según los casos, Illa prefirió no decir ni una palabra. Hoy pasará por las jornadas el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Tal vez Illa quería dejar todo el protagonismo político a Sánchez, que cierra mañana.Adjunto al director de La Vanguardia. Periodista especializado en información económica