El mensaje general de doña Letizia casi parecía dirigido a alguien en particularLa reina Letizia durante su intervención por el Día Mundial sin Tabaco, en una imagen difundida por la Casa Real.Francisco GómezCuando escuché a la reina Letizia arremeter en un mensaje institucional contra “vapeadores, cigarrillos electrónicos, bolsitas de nicotina, shishas, puffs, pods y… todo eso” me dieron ganas de darle un abrazo: el mensaje general me pareció de pronto dirigido a alguien en particular. Siempre me ha fascinado que una periodista tan inteligente y magnética pueda vivir silenciada por los límites de su institución, aunque la encabece un tío cañón. Es muy fuerte lo que las mujeres podemos hacer por los maridos. De todas maneras, seguramente solo esté proyectando. Yo durante algunos años de mi vida estuve felizmente casada, aunque mi esposo solo existía para los trabajadores del estanco que tenía debajo de casa. Era esta una expendeduría muy dinámica, con un dueño que insistía en llamar a los empleados “mi equipo”. La renta per capita en la zona era muy alta y como en todo vecindario bien que se precie, las fuerzas vivas comerciales, de la farmacia a la cava, tejían relaciones preguntando por la familia. “¿Cómo está su hijo, doña Carmen?”. No había promoción que no tuviese una oportunidad en aquel local: todas las semanas alguna azafata atraía a decenas de incautas con ese imán de pijas que es el cigarrillo electrónico. Yo siempre me defendía de las arremetidas de Philip Morris con la misma frase, porque nadie miente mejor que un adicto: “Vengo a comprar para mi marido”. Era decir esa palabra e imaginarlo guapo como un príncipe, rico como un rey. Teníamos dos hijas rubias, sanotas, buenas estudiantes. Por ellas hubiese parado de fumar. En fin. Conseguí que dejaran de aturdirme con promociones pero a cambio me preguntaban religiosamente por un hombre que no existía pero sobre el que se construyó un respeto férreo basado en las buenas costumbres. Se puede adivinar qué paisanaje puebla un barrio solo mirando el rostro a sus estanqueros, de ahí que Eloy de la Iglesia hiciera a una de Vallecas tan célebre. No sé en qué barrio compraría el tabaco si viviera en Zarzuela. Archivado EnOpiniónReina LetiziaTabaquismoCigarrillo electrónicoEstancosFelipe VIMatrimonioDivorcioEloy de la Iglesia