La vocación como salvavidas, tan desmitificada y denostada ahora, tiene varias particularidades cuando uno se dedica a la comediaJean Smart y Hannah Einbinder, en el final de 'Hacks'.Hace unos años, Barbra Streisand rememoró el día en que fue a cantar al show de Judy Garland con ella. A modo de introducción, sobre el escenario se lanzaron unas divertidas pullas: “Tenemos todos tus discos en casa y eres tan buena que te odio”, arrancó la anfitriona. “Oh, Judy, eres muy dulce, eres tan genial que llevo años odiándote. De hecho, mi ambición es ser lo suficientemente genial para que me odien tantos cantantes como a ti”. A pesar de su juventud entonces —tenía 21 años—, o más bien gracias a ella, la Streisand tenía una seguridad en sí misma arrolladora que le impidió comprender los miedos de Garland. “Ella bebía vino blanco y le temblaban las manos, y se agarraba a mí. Y pensé: ¿De qué va esto? Cuando uno se hace mayor, ¿qué es este miedo? Lo comprendo ahora”. Judy moriría seis años después. Traigo este detalle a colación porque en el último episodio de Hacks —y a partir de aquí habrá revelaciones sustanciales de la trama— suena la versión de Happy Days que interpretaron las dos leyendas aquel día de 1963. Lo hace justo después de que Deborah Vance, enferma de cáncer, reacia al tratamiento y a punto de coger un tren a Zúrich para recibir la eutanasia, cambie de opinión. Lo hace porque se le ocurre un chiste. El mejor de una serie de gags que ella y Ava andan improvisando sobre la muerte. “Lo peor de la muerte es que ni siquiera puedo disfrutar de estar en los huesos”. La vocación como salvavidas, tan desmitificada y denostada ahora, tiene varias particularidades cuando uno se dedica a la comedia. La primera, que es un recurso de riesgo, habida cuenta, como mencionan en el propio episodio, de la cantidad de cómicos que se han quitado la vida, tal vez al no poder sostener, que diría aquel, la contradicción entre persona y personaje. La segunda es que no solo se trata de algo que a uno se le da bien o a lo que se siente llamado, es sobre todo una manera de mirar. Un lenguaje, el que convirtió a Deborah y Ava en amigas íntimas. Ya lo decía Deborah en la primera temporada de la serie de HBO Max: “Cuando compartes el sentido del humor con alguien es como encontrar a alguien que habla tu mismo pequeño idioma”. Durante cinco años sus devotos espectadores hemos compartido ese idioma con ellas. Que las lágrimas de emoción por la trama y de pena por su fin en este último episodio no nos engañen: seguiremos hablando el idioma de Hacks.Archivado EnTelevisiónOpiniónSeries televisiónSeries comediaHBOHumorBarbra StreisandJudy GarlandActrices