Una niña de diez años resultó herida el domingo en el barrio de Sant Roc de Badalona a causa de una bala durante un tiroteo entre clanes familiares rivales. Afortunadamente, la bala impactó en un brazo de la menor, que sufrió una herida no grave. Pero esa misma bala podría haberle causado una herida mucho más grave, y acaso la muerte.
Este tiroteo de Sant Roc no es un hecho excepcional. Por el contrario, refleja un fenómeno al alza. Cinco días antes se había producido otro en el mismo barrio. En la madrugada del domingo hubo dos tiroteos, uno en Tordera y otro en el barrio de la Florida en l’Hospitalet, donde el aumento de la actividad delictiva ha aconsejado a los Mossos poner en marcha un plan para frenar el uso de armas de fuego y de armas blancas en el marco de la delincuencia que actúa con violencia.
En Catalunya se producen ahora una media de dos tiroteos semanales. El año pasado se contabilizaron 93 tiroteos, un 30% más que en el 2024. Siete personas murieron en estos intercambios de disparos y otras 29 fueron heridas. En lo que llevamos de año han muerto ya cuatro personas por esta causa. Son datos en cierta medida alarmantes. Por más que suelan producirse en situaciones de lucha entre clanes de narcotraficantes, los disparos pueden alcanzar a personas sin ninguna relación con ellos, por el mero hecho de hallarse en las inmediaciones de la disputa, en el lugar y en la hora inadecuados.










