No hay nadie que afirme seriamente que los rankings universitarios son un fiel reflejo de lo que ocurre adentro de las universidades. Esos estudios tienen muchas debilidades, como que están pensados solo desde la lógica de sistemas muy selectivos como el anglosajón, que no contemplan el valor de la formación universitaria y la extensión para diversas comunidades, o el impulso que pueden generar para el desarrollo de una región o un país. Sus métricas miden solo una parte de lo que una universidad hace y vale.La pregunta resulta más pertinente porque esa caída coincide con un ajuste sin precedentes en el área. Entre 2023 y 2025, el presupuesto ejecutado a nivel nacional en Educación y Cultura cayó 47,7% en términos reales, mientras que para 2026 se proyecta una reducción acumulada de 54,4%. En Ciencia, la caída fue de 45% entre 2023 y 2025 y podría alcanzar 55,7% en 2026. Además, la inversión que reciben las universidades nacionales para funcionamiento, investigación, hospitales y salarios está en sus niveles más bajos de las últimas dos décadas. ¿Cuánto de todo esto puede estar influyendo?Claro que hay otros factores que pueden afectar y conviene revisar. “Vacas sagradas” como el ingreso irrestricto, pensar en un eventual aporte de los graduados, nuevas formas de financiamiento del sector privado, priorizar más las carreras estratégicas, vincular mejor la investigación con el desarrollo regional. Pero es difícil revisar todo esto en un contexto de ahogo, de instituciones que pelean por sobrevivir mes a mes.Cualquier modelo de desarrollo que se diseñe a futuro para el país va a requerir de la capacidad instalada en ciencia, reconocida a nivel global y también por los millones de argentinos que eligen las universidades nacionales para estudiar.Por eso es necesario que este tema esté en agenda. El ajuste en educación superior puede contribuir al equilibrio fiscal, pero la caída simultánea de las universidades argentinas en los rankings debe llamar la atención. Porque si bien es cierto que esas clasificaciones no explican por sí mismas la realidad universitaria, la señal puede anticipar un deterioro que va a costar mucho revertir.
Una caída para prestar atención
Las universidades argentinas retroceden en los rankings internacionales. ¿Es la señal de que hay que cambiar?













