Noticia Exclusivo suscriptores Un análisis del LEE de la Universidad Javeriana revela que los casos reportados de problemas de convivencia escolar crecieron 206 % entre 2022 y 2025.Bullying en colegios Foto: iStockSUBDIRECTOR VIDA01.06.2026 16:39 Actualizado: 01.06.2026 16:39

Los colegios colombianos reportaron en 2025 casi el triple de casos de problemas de convivencia escolar que en 2022. Ese año se registraron 3.496 situaciones en el Sistema de Información Unificado de Convivencia Escolar (Siuce) del Ministerio de Educación. En 2025, la cifra llegó a 10.695, un crecimiento del 206 por ciento en apenas tres años. Solo entre 2024 y 2025 se sumaron 2.865 casos nuevos. Así lo revela un nuevo análisis del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, publicado en el marco del Día Mundial contra el Acoso Escolar. LEA TAMBIÉN Pero el dato más alarmante no está en el volumen total, sino en uno de sus componentes: los casos con ideación suicida. Entre 2022 y 2025 crecieron un 233 por ciento, y en el último año se contabilizaron 407 registros de este tipo dentro del Siuce. Para los investigadores del LEE, este hallazgo "plantea un reto urgente para la política pública en materia de salud mental y convivencia escolar".El acompañamiento en medio del acoso escolar es vital. Foto:iStock¿Más violencia o más reporte?Ante este incremento, los investigadores plantean dos lecturas posibles, y advierten que probablemente ambas sean ciertas a la vez. Por un lado, el aumento puede indicar que el sistema educativo está funcionando mejor: más colegios reportan, los orientadores están mejor capacitados y la cultura institucional frente al acoso ha madurado. Por otro, puede reflejar que la violencia efectivamente está aumentando, o al menos que situaciones que antes se normalizaban u ocultaban están comenzando a nombrarse y a activar protocolos.Un dato inclina la balanza hacia la segunda interpretación. Si el crecimiento fuera solo producto de un mejor reporte, los casos menos graves —los llamados Tipo II, que corresponden a agresiones repetitivas pero no constitutivas de delito— deberían crecer más rápido que los más graves, simplemente porque son más frecuentes y más fáciles de identificar por los equipos escolares. Pero ocurre lo contrario: los casos Tipo III, que involucran presuntos delitos, pasaron de representar el 39,4 por ciento del total en 2022 al 43,2 por ciento en 2025. El sistema, en otras palabras, está captando cada vez más situaciones de mayor gravedad, lo que difícilmente puede atribuirse solo a una mejora administrativa.El crecimiento en los reportes tampoco es homogéneo en el territorio. Está concentrado en unas pocas secretarías de educación que lideran el registro, mientras la mayoría de los municipios del país contribuyen con cifras que no guardan ninguna proporción con su tamaño. Esto significa que los promedios nacionales encubren realidades muy distintas, y que los avances en la cultura de reporte son todavía un logro localizado, no una transformación que haya llegado a todo el sistema. LEA TAMBIÉN Quiénes son las víctimasEl informe también traza un perfil detallado de quiénes padecen estas situaciones. Las niñas concentran el 60,1 por ciento de los casos, una proporción que se mantiene estable a lo largo de todo el período analizado y que los investigadores atribuyen a dinámicas de género estructurales, no a variaciones del azar. Las formas de violencia que las afectan más —la agresión relacional, la violencia sexual, el ciberbullying— tienden a ser las menos visibles y las más difíciles de documentar, ya que con frecuencia ocurren en espacios privados o semiprivados donde no hay testigos institucionales.Los casos se concentran sobre todo en la secundaria baja: los grados sexto, séptimo y octavo acumulan el 44,9 por ciento del total, con una edad promedio de 13 años, el pico de la curva. El ingreso a la secundaria obliga a los adolescentes a renegociar su lugar en un grupo social nuevo, más grande y competitivo, precisamente cuando los cambios de la pubertad los hacen más vulnerables al juicio de sus pares. Pero reducir el problema a la adolescencia sería un error: los grados primero a quinto concentran 5.496 casos, casi el 21 por ciento del total, con 822 registros en primero y 834 en segundo. El acoso escolar no espera a la adolescencia para aparecer.En cuanto a los tipos de agresión más frecuentes, la violencia física sigue siendo la más reportada, con el 52 por ciento de los casos, seguida de la agresión relacional (20 %), la verbal (12 %), el ciberbullying (8 %), la gestual (5 %), el hurto (2 %) y el expendio de sustancias (1 %).La menor de edad que ha sufrido de bullying por parte de sus compañeros también tiene 13 años. Foto:iStockEl ciberbullying, un fenómeno que desborda la escuelaUno de los fenómenos que más preocupa a los investigadores es el ciberbullying, que entre 2022 y 2025 creció un 185 por ciento hasta alcanzar 2.192 casos reportados. A diferencia de otras formas de agresión, este "trasciende el espacio escolar, no se limita a horarios y amplifica sus efectos en el tiempo y el entorno digital", señala el informe. Las niñas son sus principales víctimas: representan el 74,2 por ciento de los casos, una proporción notablemente más alta que en el promedio general.Entre los eventos que lo desencadenan, la discriminación por aspecto físico encabeza la lista con 226 casos, seguida por la discriminación por género (118), los conflictos de pareja (50) y la discriminación por orientación sexual (41). También se identificaron 40 casos de sexting —difusión no consensuada de imágenes íntimas—, lo que los investigadores interpretan como una señal de que el sistema comienza a reconocer nuevas formas de violencia digital que afectan principalmente a niñas adolescentes. "El hecho de que existan pocos registros no significa que el fenómeno sea reducido, sino que apenas se está empezando a reconocer y reportar", advierten.El subregistro, el problema detrás del problemaCon todo, los investigadores advierten que las cifras del Siuce apenas capturan una fracción de lo que realmente ocurre en los colegios del país. La comparación con Bogotá lo ilustra con contundencia: mientras el sistema nacional reportó 10.695 casos en 2025, el sistema de alertas de la capital —que concentra cerca del 12 por ciento de la matrícula escolar del país— registró 38.765 situaciones de abuso y violencia ese mismo año, un 89 por ciento más que en 2022. Y la paradoja es que Bogotá, siendo la secretaría más grande del país, prácticamente no transfiere datos al Siuce nacional: en todo el periodo 2020-2025 solo figuran 33 casos provenientes del Distrito. No es que Bogotá tenga menos acoso, es que tiene otro sistema. "Esta diferencia sugiere que el sistema nacional opera por debajo de su capacidad potencial", concluyen desde el LEE.La diferencia también es notoria en lo que respecta a la ideación suicida. El Siuce registró 407 casos con esta característica en todo el país, mientras que el sistema de Bogotá reportó 9.588. Un factor de diferencia de 95 veces para una ciudad que representa el 12 por ciento de la matrícula nacional.La magnitud real del fenómeno podría ser inconmensurablemente mayor. Según las pruebas PISA 2022, el 23 por ciento de los estudiantes colombianos declara ser víctima de acoso regular o permanente, diez puntos por encima del promedio de la Ocde, lo que ubica al país en el puesto 11 entre los evaluados con mayor proporción de estudiantes afectados. Con más de ocho millones de estudiantes en el sistema oficial, esa proporción equivaldría a cerca de 1,8 millones de casos anuales. El Siuce registró 10.695. La brecha entre lo que el Estado mide y lo que los estudiantes viven sigue siendo, en sí misma, uno de los problemas más urgentes por resolver.REDACCIÓN EDUCACIÓN Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.