La Guardia Costera de Aruba vigila la frontera con VenezuelaLa desaparición de un joven que trataba de llegar a Aruba en una embarcación junto con un grupo de migrantes, pone de relieve el drama de los “balseros” venezolanos que arriesgan sus vidas lanzándose al mar rumbo al Caribe Neerlandés buscando mejores condiciones de vida.El portal arubeño 24Ora publicó el domingo 31 de mayo un caso representativo de este fenómeno. Un bote zarpó desde las costas del estado Falcón, en la región noroccidental, con destino a la isla. Además de migrantes, la lancha llevaba un cargamento de droga. PUBLICIDADLas personas se tiraron al agua para llegar nadando a la orilla. Algunos habrían logrado colarse, burlando los controles policiales. Pero hasta la fecha permanece desaparecido un hombre de 23 años, que tiene en Aruba a familiares sin papeles.Hechos como este se repiten con frecuencia. Desde Falcón, uno de los estados más pobres de Venezuela, se pueden ver las luces de Curazao y Aruba, a 70 y 20 kilómetros de sus costas, respectivamente. PUBLICIDADEn la zona operan bandas que se dedican al tráfico de personas, que en oportunidades además de trasladar a seres humanos transportan drogas, armas y hasta animales exóticos.Durante décadas, estos dos territorios del Reino de los Países Bajos sacaban provecho de los visitantes venezolanos, que iban a disfrutar de sus playas y a dejar miles de dólares en sus tiendas. PUBLICIDADCon la explosión de la crisis política y económica en la República Bolivariana, Caracas llegó al extremo de cerrar las fronteras por años y las islas ahora exigen visa a los venezolanos. Oranjestad aún mantiene la prohibición a los vuelos directos con Venezuela.La Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V), que agrupa a agencias de Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil, señala que hasta febrero de 2026 solo en América Latina y el Caribe se cuantificaban casi 7 millones de venezolanos en condición de refugiados y migrantes.PUBLICIDADCiudadanos venezolanos en un campamento sanitario levantado con la ayuda de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en una fotografía de archivo. EFE/ Mario Caicedo