Las lágrimas son agua que, en su recorrido, limpia más de lo que se alcanza a ver. Esas gotitas saladas que, en ocasiones, pueden convertirse en pequeños ríos incontenibles no solo denotan tristeza, sino cualquier emoción intensa que necesita expresarse.

Desde la psicología, llorar no solo es signo de “sentirse mal”, sino una forma en que el cuerpo comunica, regula y procesa emociones que, a veces, se sienten muy grandes para ser expresadas únicamente con palabras.

“Las lágrimas emocionales son una respuesta natural del cerebro ante emociones intensas. Cuando vivimos situaciones que nos provocan tristeza, alegría, enojo, frustración o incluso alivio, nuestro sistema nervioso activa procesos físicos que ayudan a liberar la carga emocional”, explica Nancy Gálvez, psicóloga clínica y organizacional de Psicosalud NG.

A decir de la psicóloga Gilda Argueta, de la clínica Emotiva, se trata de una reacción neurológica que busca restaurar el equilibrio del cuerpo, pues crea una válvula de escape que libera presión y se activa ante emociones fuertes.

“Cumplen una función reguladora, ya que contienen sustancias químicas como endorfinas, que funcionan como calmantes naturales; oxitocina, que está relacionada con el vínculo y el cuidado; y hormonas como el cortisol y la prolactina, relacionadas con el estrés”, explica.