Despu�s de 50 a�os de ca�da de los precios del capital, el trabajo y la energ�a, el pr�ximo medio siglo ser� muy diferente para Estados Unidos.La inercia de las expectativas es una fuerza poderosa. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 a�os superaron el 5% en 2023 antes de volver a bajar. Pero en las �ltimas semanas, al repetirse esta tendencia, los inversores parecen aceptar finalmente que Estados Unidos est� dejando atr�s la era de los bajos tipos de inter�s e iniciando una nueva etapa con muchos m�s factores inflacionarios que en el pasado.Existen varias razones para ello: desde el aumento de los precios de la energ�a y los bienes relacionados con la guerra y los aranceles, as� como la reindustrializaci�n y el creciente gasto en defensa, hasta la forma en que los gigantes de la IA est�n acaparando bienes inmobiliarios, chips, agua y electricidad, elevando el precio de estos productos en toda la econom�a. El descenso de la demanda de bonos del Tesoro estadounidense tampoco ayuda.Adem�s, existen problemas m�s sutiles como el aumento de la deuda, los conflictos geopol�ticos y el populismo. Estos riesgos implican que los prestamistas exigir�n una prima m�s alta por los pr�stamos otorgados en los pr�ximos a�os.En conjunto, el mensaje es claro. Seg�n una nota reciente para clientes del economista jefe de Apollo, Torsten Sl�k, "los inversores deber�an prepararse para un entorno de tipos de inter�s persistentemente altos" a corto, medio y largo plazo.Dicho de otro modo, estamos presenciando el fin de una era: la era de lo barato. Durante los �ltimos cincuenta a�os, aproximadamente, Estados Unidos se ha sustentado en la premisa de que todo sea barato: capital barato, mano de obra barata y energ�a barata. Las principales din�micas geoecon�micas y geopol�ticas respaldaban estos factores.Por ejemplo, la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 30 a�os cay� durante casi medio siglo hasta hace relativamente poco, pasando de un porcentaje cercano al 15% a principios de la d�cada de 1980 a alrededor del 1% durante la pandemia. El expresidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, dio inicio a esta era con los ajustes monetarios que comenzaron en 1979. Pero la tendencia se mantuvo porque todos los principales vectores macroecon�micos la respaldaron.D�cadas de globalizaci�n y avances tecnol�gicos en la manufactura redujeron el precio de los bienes. Una avalancha de petrod�lares (dinero procedente de pa�ses exportadores de petr�leo) hacia Estados Unidos gener� una nueva y abundante oferta de dinero barato. La privatizaci�n de los sistemas de pensiones cre� una mayor demanda de todo tipo de nuevos productos financieros, en los que los estadounidenses invirtieron grandes sumas de dinero. Los prestatarios extranjeros quer�an m�s deuda p�blica de EEUU, porque no hab�a un lugar m�s seguro para depositar su dinero que Estados Unidos.Todos estos factores han cambiado o est�n cambiando.Cada subasta de bonos del Tesoro atrae a menos compradores internacionales, en lugar de m�s. El desacoplamiento y la decisi�n de Estados Unidos, Europa y otros pa�ses de repatriar al menos parte de su capacidad industrial cr�tica seguramente elevar� los precios de bienes y servicios a corto y medio plazo (aunque tambi�n podr�a aumentar la resiliencia a largo plazo).El v�nculo con el petrod�lar, que muchos argumentan que ayuda a contener la inflaci�n, parece estar reduci�ndose a medida que China intenta liquidar una mayor parte de su comercio de combustibles f�siles con otras naciones en yuanes. Quiz�s a�n m�s importante, aunque la guerra en Ir�n afecta con mayor dureza a los importadores de energ�a asi�ticos, como China, a corto plazo, sin duda llevar� a Pek�n a redoblar sus esfuerzos por controlar el futuro de la energ�a limpia, mientras Estados Unidos se aleja de sus compromisos clim�ticos. Esto desviar� capital de Estados Unidos hacia China a largo plazo.�Y qu� hay del costo de la mano de obra? El estancamiento salarial, especialmente entre los trabajadores menos cualificados, fue una constante en la era de lo barato. La deslocalizaci�n, el declive del poder sindical, la automatizaci�n y la primac�a del accionista (que favorec�a la ingenier�a financiera en lugar de la inversi�n en los trabajadores) impulsaron los m�rgenes corporativos y reforzaron el poder del capital sobre el trabajo. �Estamos a punto de ver tambi�n el fin de esa parte de la historia del "todo barato"?Este es el �nico �mbito en el que todav�a cabe hacer advertencias. Es cierto que la escasez de mano de obra, un mayor n�mero de medidas de fuerza sindicales (incluidas algunas grandes y exitosas en sectores clave como la fabricaci�n de autom�viles), las restricciones a la inmigraci�n y el crecimiento de la afiliaci�n sindical en algunas �reas han propiciado mejoras salariales para los trabajadores en los �ltimos a�os. Sin embargo, esas tendencias se han visto contrarrestadas m�s recientemente tanto por el aumento de las primas de los seguros m�dicos —cuyo coste las empresas en EEUU compensan, en parte, manteniendo los salarios m�s bajos— como por la inteligencia artificial.La tecnolog�a podr�a determinar, en �ltima instancia, si estamos a punto de ver m�s o menos inflaci�n en Estados Unidos. �Se distribuir�n los efectos de la IA en la productividad de forma generalizada entre industrias y particulares, creando nuevos puestos de trabajo y v�as de ingresos? �O ser� simplemente una herramienta para reducir empleos e incrementar los m�rgenes corporativos, aun cuando el propio despliegue de la IA cree tanta presi�n inflacionaria que el resultado sea un aumento de los costes en lugar de una reducci�n? En el escenario m�s optimista, seg�n un modelo reciente del Yale Budget Lab, la deuda nacional disminuye dr�sticamente. En el pesimista, aumenta, ya que el gobierno se ve obligado a ayudar a los trabajadores desplazados.El primer escenario podr�a conducir a una menor inflaci�n, mientras que el segundo podr�a hacer que aumente. Har�n falta a�os para que todo esto se desarrolle. Pero hay algo que ya parece claro: la mayor�a de los participantes del mercado han pasado toda su vida en la era de lo barato. Para adaptarse a lo que viene ser� necesario dejar atr�s las viejas expectativas.