La comunidad arqueológica de Rumanía está de celebración. Se han descubierto tres collares de oro que forman parte de un tesoro de 3.000 años de antigüedad en el condado de Prahova, al noreste de Bucarest. Lo más curioso de este hallazgo ha sido la forma en que los arqueólogos llegaron a él.
La llamada que los alertó del descubrimiento fue la de un hombre, uno de los pocos propietarios de detectores de metales que hay en Rumanía. Mientras daba un paseo por Marginea Pădurii, una aldea de Prahova, el aparato empezó a emitir un sonido muy fuerte que lo alertaba de que, debajo de una piedra, había algo que quizás podía interesarle.
Lo que no se esperaba este hombre era descubrir un importante tesoro arqueológico. Además de los tres enormes collares de oro, que pesan más de 300 gramos en total, en la zona se encontraron ruedas de hierro, dos hachas pequeñas y un brazalete de bronce, un singular conjunto de objetos que sorprendió especialmente a los arqueólogos.
El hombre encontró los primeros artefactos a una profundidad de tan solo 25 centímetros, pero luego siguió excavando hasta encontrar el tesoro completo. A la mañana siguiente, entregó todo lo que había recopilado a la Dirección de Cultura del Condado de Prahova, de acuerdo con la ley rumana de patrimonio cultural.














