“Quien controla la inteligencia artificial impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas”.Podría haberlo escrito Margrethe Vestager, Lina Khan, Ursula von der Leyen o Bernie Sanders. Pero no. Lo escribe Robert Francis Prevost, licenciado en Matemáticas y Papa de la Iglesia Católica. Y lo hace en la encíclica Magnifica Humanitas que publicó el lunes 25 de mayo, donde habla de la IA y de su impacto en la humanidad. En cierto modo, Prevost empezó a escribirla cuando salió al balcón de San Pedro y anunció su nombre pontificio: León XIV.En 1891, León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum (de las cosas nuevas) en tiempos de la Revolución Industrial, cuando las máquinas de vapor desposeían a muchos trabajadores de sus empleos. Fue el primer documento de la Iglesia que decía que el mercado tiene límites morales y que los trabajadores no son una mercancía. Ciento treinta y cinco años después, Prevost elige el mismo nombre papal y decide responder a una nueva revolución industrial: la de los bits. La Magnifica Humanitas es la Rerum Novarum digital. Entonces los desposeídos eran los obreros de las fábricas, los trabajadores de cuello azul; ahora son también los de cuello blanco. León, más que un homenaje, es un r eboot de la saga.Esta imagen se repetirá en breve por las calles de Barcelona ANGELO CARCONI / EFEPrevost lleva toda la vida estudiando a Agustín de Hipona –fue Prior General de la Orden de San Agustín en Roma desde 2001 hasta 2013– y, leyendo la encíclica, se nota. Agustín teorizó en el siglo V que toda ciudad se construye sobre un amor: la Civitas Dei, sobre el amor a Dios y a los demás, y la Civitas Terrena, en cambio, sobre el amor sui: sobre el orgullo, el control, la voluntad de dominio. No hay ciudades neutras; todas expresan los valores de quien las ha construido. Las ciudades del siglo V eran tan hijas de su tiempo como lo es la IA del de hoy.Prevost aplica exactamente la receta agustiniana a la IA, y lo hace con más precisión que muchos analistas: la IA no es una herramienta, es una institución. Y, como toda institución, lleva incrustados los valores de sus creadores. La encíclica lo dice literalmente: “Todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones”. Silicon Valley se construye sobre la eficiencia, los beneficios y el control. Cuando usas su IA, habitas su Civitas Terrena. Y ni siquiera lo sabes, porque es –remata Prevost– “la infraestructura invisible de los sistemas”.El Papa responde también a la pregunta planiana de “y todo esto quién lo paga”: “La propiedad de los datos no puede confiarse sólo al sector privado: debe reglamentarse. Son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos ni confiados a unos pocos”. Cambie datos por medios de producción y se lo firma el mismo Marx. Tiene su gracia porque León XIII escribió la Rerum Novarum también para combatir el marxismo. Su sucesor –del Papa, no de Marx– lo hace sonar profético: ay de aquellos que recogen lo que no han sembrado y cosechan lo que no han plantado. Lo que Alphabet ha levantado sobre tus palabras, tus imágenes y tus mensajes, no es suyo. Lo que Meta ha acumulado de tus años y de tus horas, no es suyo. Lo que ChatGPT genera es de quien sembró el trigo. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un tecnobro entre en el reino de los cielos.Institución y valoresLa inteligencia artificial no es una herramienta, es una institución. Y, como toda institución, lleva incrustados los valores de sus creadoresEs la versión bíblica del argumento de soberanía digital que la Unión Europea lleva diez años intentando articular y que Silicon Valley lleva diez años ignorando. Con una diferencia: al ser el cabeza de una teocracia de un estado no democrático, Prevost no necesita un reglamento ni una mayoría en el Parlamento: le basta con ser, con 1.400 millones, el influencer más grande del mundo. Literal.Y un bonus track: para presentar la encíclica, Prevost eligió a Christopher Olah, cofundador de Anthropic, la empresa que Trump ha vetado en departamentos gubernamentales y que se ha negado a ceder sus sistemas al ejército.El bando que Prevost ha elegido es, precisamente, el que ha puesto a Trump entre la espada y el LLM. En abril Anthropic presentó Mythos, su modelo más avanzado. Mythos ha descubierto de forma autónoma miles de vulnerabilidades críticas en más de 1.000 proyectos de código abierto y software crítico. Anthropic se ha negado a lanzarlo públicamente y ha limitado el acceso a un consejo reducido de empresas seleccionadas por el daño que podría hacer. Es tan capaz que Trump, el hombre que derogó todas las restricciones a la IA de su predecesor, se está planteando ahora si pedir a las empresas que entreguen sus modelos al gobierno noventa días antes del lanzamiento.Vestager ha impuesto multas multimillonarias a Google. Lina Khan ha abierto investigaciones antimonopolio a empresas tecnológicas en EE. UU. Von der Leyen ha aprobado la Ley Europea de la IA. Bernie Sanders lleva años repitiendo que hay que poner las riendas a las Big Tech.JerarquizadaSi la regulación fuese perjudicial, el Vaticano ya hace muchos siglos que habría bajado la persianaNo sé cómo le irá a Prevost, pero León XIV tiene el capital moral de más de 1.400 millones de followers y, echando cuatro números, me sale que la mayoría no viven en Palo Alto, sino en las economías de África, América Latina y el Sudeste Asiático. Followers que hacen trabajos expuestos a la automatización y sin red de protección. Un americano nacido en Chicago y con nacionalidad peruana es hoy el regulador digital más europeo del planeta.El 9 de junio León XIV llegará a Barcelona, con una Biblia bajo un brazo y un documento de IA y de derechos digitales bajo el otro; una habla sobre Babel i Jerusalén, el otro sobre que la IA que usas te impone sin que te des cuenta la moral de quien la ha construido.A los contrarios a la regulación, Prevost les ofrece un baño de agustinismo: ninguna empresa ni ningún imperio ha durado dos mil años. Apple lleva cincuenta. OpenAI, diez. La institución más regulada, jerárquica y normativa de nuestro tiempo es la que más éxito ha tenido en toda la historia. Si la regulación fuese perjudicial, el Vaticano ya hace muchos siglos que habría bajado la persiana. Yo lo escucharía.
Civitas Terrena, por Josep Maria Ganyet
“Quien controla la inteligencia artificial impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas”. Podría haberlo escrito Margrethe Vestager, Lina Khan, Ursula von der Leyen o Bernie Sanders. Pero no. Lo escribe Robert Francis...
León XIV publicó 'Magnifica Humanitas' el 25 de mayo: la IA es una institución que impone la moral de sus creadores, no una herramienta neutral. Con 1.400 M de seguidores y Anthropic como interlocutor elegido, lidera el debate de AI governance fuera de Silicon Valley.













