Hace apenas unos días, algo poco habitual ocurrió en la sede de la Conferencia Episcopal Española: obispos y dirigentes sindicales de CCOO y UGT se sentaron a la misma mesa por primera vez en más de veinte años. Abordaron temas de común interés como la situación de las personas migrantes, las mujeres, el empleo juvenil, la salud laboral y la dignidad del trabajo humano ante los desafíos de la transformación tecnológica. No es un dato anecdótico.

El encuentro coincide con la publicación de la primera encíclica del Papa León XIV y con su visita a España el próximo 6 de junio. Antes de que los focos se concentren en el protocolo, convendría leer con atención el texto que trae bajo el brazo, Magnifica Humanitas: sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, publicada el pasado 15 de mayo. Un texto largo y denso que la mayoría de los medios han despachado en dos párrafos. Es un error.

No porque la Iglesia sea una institución ajena a las contradicciones, ni porque su agenda moral sea la de este artículo, sino porque formula con una claridad inusual preguntas que el sindicalismo global lleva años intentando articular: ¿Quién gobierna la inteligencia artificial? ¿A quién sirve? ¿Qué le pasa al trabajo cuando la máquina ya no sustituye solo el músculo sino también el criterio?