Cuando el papa León XIII publicó Rerum Novarum, en 1891, el mundo atravesaba otra transformación capaz de alterar para siempre la relación entre personas, trabajo y poder económico. La Revolución Industrial había consolidado jornadas extenuantes, explotación laboral y una concentración inédita de riqueza, mientras el liberalismo económico y las ideas marxistas disputaban sentidos sobre el futuro. Aquella encíclica, considerada fundacional para la doctrina social de la Iglesia, se adelantó varias décadas a discusiones que desembocaron en regulaciones laborales, reconocimiento de derechos sindicales y formas embrionarias del Estado de Bienestar.
Ciento treinta y cinco años después, otro papa León vuelve a intervenir frente a una transformación cuyos alcances todavía resultan inciertos. El próximo 25 de mayo, el Vaticano presentará Magnifica Humanitas, la primera encíclica dedicada íntegramente a la Inteligencia Artificial (IA). Y aunque el documento aún no se conoce en detalle, el gesto resulta significativo: una institución milenaria considera necesario pronunciarse sobre una tecnología que promete aumentar productividad, reorganizar economías y, al mismo tiempo, modificar el sentido mismo del trabajo humano.













