Órbita Laika ha regresado a La 2 igualando los registros máximos de audiencia de sus 10 temporadas anteriores. Una de las novedades principales de esta nueva tanda de programas es el salto del divulgador científico Ricardo Moure (Valladolid, 39 años) de colaborador a copresentador, junto al matemático Eduardo Sáenz de Cabezón, ya veterano en este rol y a quien le une una amistad y una relación profesional más antigua que el propio programa. En estos primeros espacios juntos, ya han hecho un viaje por Japón, han descubierto toda la ciencia que esconde un aeropuerto y los enigmas de los gatos.Moure ganó el concurso de monólogos científicos Famelab en 2014 y se ha formado como actor. En Big Van, un grupo de monólogos científicos, conoció a Sáenz de Cabezón. Durante varias temporadas ha sido su contrapunto humorístico en TVE. “Yo le daba a mi sección un poco de mamarracheo apoyándome en contenido científico y guiones que escribía yo mismo”, recuerda el biólogo molecular en uno de los lugares que pisa a menudo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Ahora, la gran diferencia es que tiene que ayudar a dirigir a los colaboradores, con un contenido que no ha escrito él mismo. Eli Prats, otra de las colaboradoras de Órbita Laika, también forma parte de Big Van. “Que casi todos nos conozcamos tan bien ha remado mucho a favor del programa”, cuenta Moure. La otra novedad de esta undécima temporada es el público que han incorporado al plató. “Órbita Laika ya tiene su fandom particular. En estos primeros programas se han acercado muchos seguidores, sobre todo de Eduardo, así que es un público que sabe y no le puedes contar cualquier cosa”, apunta su nuevo presentador. Se trata de una experiencia que se acerca a lo que ha vivido en sus monólogos de humor. “Te demanda más energía y te obliga a estar más dentro del programa, porque a cada instante detectas lo que le está interesando a la gente y lo que no. Eso ayuda a que la temporada sea más divertida y tenga más ritmo”, defiende Moure, quien celebra que el programa de La 2 le permita añadirle a ese toque de comedia y simpatía cierta crítica social mientras habla de biología. De la prehistoria a la actuaciónMoure es un curioso híbrido entre ciencia y comunicación. Lo primero le viene de familia. Su padre, José Alfonso Moure Romanillo, se dedicaba a la arqueología y al arte rupestre y fue director del Museo Arqueológico Nacional. “Tenía mucha labia. Cuando daba clase o alguna conferencia, sí se permitía meterle algo de humor”, recuerda. Su madre se dedicaba a la prehistoria. Le llevaban a menudo a excavaciones y a cuevas y se crió en una casa repleta de guías de animales y plantas. “Yo era un poco niño friki. Iba cogiendo los bichitos en el campo o en el jardín de mi edificio con el típico bote con agujeros, los miraba en la guía a ver qué eran y luego los soltaba”, dice.La parte de guionista y actor le llegó en la universidad. De adolescente era muy tímido, así que entró en los típicos grupos de teatro. Al terminar, continuó en una escuela de teatro en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Y de ahí, cumplidos los treinta y habiendo ya debutado en televisión como colaborador de Andreu Buenafuente en el programa En el aire, decidió acudir a una escuela de actores profesional, la de Nancy Tuñón. “Buenafuente es un gran jefe. Él sabía que yo era científico, pero que no tenía experiencia en cámara y que había que ayudarme. Se tomaba la molestia al terminar el programa de decirme cosas que había visto que se podían mejorar. Gracias a eso aprendí mucho en solo un año”, comenta Moure, quien también ha aparecido en los últimos tiempos en La Roca (La Sexta), La aventura del saber (La 2), Aquí la Tierra (La 1) y en Serendipias, de la Cadena SER.“Disfruto mucho de esa sección en la radio porque es muy tiktokera. Aunque con las redes sociales soy un poco como Paquita Salas. Soy de la tele, a mí dame una Belinda Washington", dice con ironía. Considera que no haber dedicado tiempo a crear material para redes sociales le ha penalizado en algunos aspectos. “En su día, pensé que hay un montón de científicos que hacen divulgación en redes, mientras que científicos que tengan formación escénica no hay tantos y era ahí donde yo podía aportar algo. Como decía Anna Castillo en la serie de Los Javis, qué difícil es soñar con lo que sueñan tantas personas”, cuenta. A Moure no le importaría “hacer un papelito de villano histórico o científico antiguo si TVE hiciera otra temporada de El Ministerio del Tiempo”. Fue precisamente en una excavación en la que descubrió su sexualidad. “Yo tendría unos 18 años y no me planteaba si era gay o hetero. Tenía un compañero que trabajaba sin camiseta. Era rubio, de estilo punki, se le marcaban los abdominales y me dije: Yo creo, Ricardo, que igual eres un poquito...“, cuenta. Moure defiende que no solo el mundo artístico y creativo acoge a la comunidad LGTBI+, sino que la ciencia también es un refugio para el colectivo. ”Todo aquello que te abra una ventana a mundos diferentes lo es", argumenta. Aunque él no la haya vivido en primera persona, también es consciente de que existe homofobia en el mundo de la ciencia. Lo sabe a través de lo que le han contado algunos compañeros y de PRISMA, Asociación para la Diversidad Afectivo-Sexual y de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación. “En la ciencia también hay muchas machistadas. La oveja Dolly se llama así por Dolly Parton. Y no porque el animal cantase bien, sino porque la crearon con células de glándula mamaria. A esos científicos les pareció bien hacer referencia a las tetas de Dolly Parton. Básicamente, la oveja Dolly es el chiste del perro ‘mis tetas’ llevado a la realidad por grandes genios de la biología. Es tremendo”, desvela.El presentador intenta compensar esa decepción dedicando su faceta de escritor a expandir la mirada de sus lectores. Su primer libro, Sexo salvaje. El kamasutra de la naturaleza (La Esfera de los Libros, 2025), hace un recorrido por las curiosidades íntimas del mundo animal. El científico explica que el texto “es una excusa para tratar cinco o seis grandes conceptos de biología que ayudan mucho a amueblar la mente respecto a entenderla o cómo funciona la evolución”. En el segundo de ellos se dedica a seducir a una audiencia determinada a favor de la divulgación científica, como ocurre en el nuevo Órbita Laika o en sus monólogos. Aunque esta vez se trata del lector infantil: Bichos súper raros y asquerosos ​para futuros científicos (Penguin, 2026), con ilustraciones de Marta Piedra. “Conforme nos vamos haciendo mayores, vamos cogiendo cierta ceguera al mundo animal, aunque lo tengamos al lado. Así que he querido escribir un libro al niño que fui”.