Noticia Exclusivo suscriptores El núcleo de esta estrategia es una planta equipada con tecnología de punta para el tratamiento de Residuos de Construcción y Demolición.Bogotá transforma escombros clandestinos en material para las vías Foto: UAESPPERIODISTA31.05.2026 20:37 Actualizado: 31.05.2026 20:37
En un esfuerzo por mitigar una de las problemáticas ambientales y de espacio público más complejas de la capital, Bogotá ha puesto en marcha una estrategia técnico-industrial para transformar los escombros y Residuos Provenientes de Puntos Críticos y Arrojo Clandestino (RPCC) en nuevos materiales para la construcción de vías y andenes.La iniciativa, enmarcada en un modelo de economía circular, busca reducir drásticamente el volumen de basura que satura el relleno sanitario Doña Juana.Actualmente, el rendimiento del sistema permite recuperar cerca del 33 por ciento de cada tonelada de escombros recolectados en las calles mediante procesos de separación y tratamiento de Residuos de Construcción y Demolición (RCD). El rendimiento del sistema permite recuperar cerca del 33 por ciento de cada tonelada de escombros. Foto:UAESPSin embargo, la meta de la administración distrital es ambiciosa: duplicar la eficiencia operativa hasta alcanzar el 70 por ciento de aprovechamiento de estos desechos, reincorporándolos directamente a la infraestructura pública de las distintas localidades.Una planta de tres hectáreas para la transformación urbanaEl núcleo de esta estrategia es una planta especializada de tres hectáreas equipada con tecnología de punta para el tratamiento de RCD. LEA TAMBIÉN Este complejo industrial tiene la capacidad de procesar y transformar cerca de 350 toneladas diarias de escombros en agregados reciclados de alta calidad, listos para ser utilizados en proyectos de mantenimiento vial y urbanismo.El impacto de este proyecto apunta a aliviar la crisis del principal vertedero de la ciudad. "Diariamente al relleno sanitario Doña Juana ingresan aproximadamente 5.875 toneladas de residuos, por eso le hacemos un llamado a la ciudadanía recordándoles que el mejor residuo es el que no se produce", afirmó Armando Ojeda, director de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), al evaluar la presión operativa que sufre el relleno.El impacto de este proyecto apunta a aliviar la crisis del principal vertedero de la ciudad. Foto:UAESPEl balance operativo durante 2026El volumen de residuos acumulados en el espacio público evidencia la magnitud del desafío logístico. En lo que va de la vigencia de 2026, Bogotá ha recolectado un total de 129.315 toneladas de RPCC en puntos críticos de la ciudad.El balance técnico de la gestión de estos residuos revela cómo se distribuye su procesamiento actual:58.010 toneladas han sido sometidas a procesos de gestión integral y tratamiento especializado.41.892 toneladas se han valorizado con éxito mediante procesos de clasificación y transformación en agregados reciclados.16.178 toneladas correspondieron a rechazos derivados del propio proceso de valorización debido a la contaminación o degradación del material.71.245 toneladas no pudieron ser recuperadas y requirieron disposición final en celdas autorizadas.El volumen de residuos acumulados en el espacio público evidencia la magnitud del desafío logístico. Foto:CAR¿Cómo funciona la planta?La sección Bogotá de EL TIEMPO conoció que la iniciativa nació de la necesidad de un plan de circularidad para la ciudad. Lo que comenzó como un proyecto piloto con una planta pequeña, cuyo material solo alcanzaba para mejorar las vías internas de acceso de los camiones recolectores en Doña Juana, se ha convertido en un complejo industrial a gran escala que promete revolucionar la obra pública local. LEA TAMBIÉN La operación de la planta se rige bajo un esquema técnico estrictamente organizado que contempla ocho etapas clave: recepción, control, preclasificación, separación, tratamiento, valorización, aprovechamiento y disposición final controlada de los materiales no recuperables.El proceso, coordinado por Aguas de Bogotá, arranca en las calles mediante un complejo sistema de mapeo y cuadrillas de recolección que identifican y recogen los puntos de arrojo clandestino.A diferencia de la basura ordinaria, estos residuos de puntos críticos y clandestinos (denominados técnicamente RPCC) no van al lugar directo de disposición final del relleno sanitario. Su destino es una montaña de acopio especial donde comienza su transformación.La Uaesp le detalló a esta casa editorial que, en primer lugar, al llegar a la planta, los operarios se encargan de separar los elementos reciclables que no corresponden a la línea de construcción; por ejemplo, el plástico, el cartón y otros residuos aprovechables.Los operarios se encargan de separar los elementos reciclables. Foto:UAESPPosteriormente, el material restante (los escombros y residuos provenientes de puntos críticos y arrojo clandestino) pasa a la fase de filtración y separación mecánica. Este insumo ingresa a la planta, que cuenta con bandas transportadoras de movimiento especializado distribuidas en un diámetro de entre 30 y 50 metros, donde el sistema clasifica de forma precisa los componentes aptos para luego ser molidos.Finalmente, este material pasa a un proceso de trillado y conformación en el que máquinas especializadas muelen y procesan el insumo hasta obtener un material granulado tipo 2, es decir, una especie de gravilla de alta resistencia. LEA TAMBIÉN La Uaesp explicó que, de las 968 toneladas de escombros y residuos clandestinos que entran al sistema, la planta tiene la capacidad de producir diariamente entre 300 y 350 toneladas de material de construcción nuevo.El destino final de este granulado reciclado no es el almacenamiento estático. El material procesado se dispone en pilas de transferencia donde es recogido directamente por las volquetas de la Unidad de Mantenimiento Vial (UMV).El destino final de este granulado reciclado no es el almacenamiento estático. Foto:UaespEl factor clave: cultura ciudadanaA pesar del despliegue tecnológico e industrial en la planta de tratamiento, las autoridades y expertos coinciden en que la infraestructura es solo una parte de la solución. La sostenibilidad de este modelo de economía circular depende en última instancia de frenar el flujo de arrojo clandestino de escombros en esquinas, humedales y separadores viales.Si bien las obras de infraestructura del Distrito comenzarán a notar la incorporación de estos materiales reciclados, consolidar la meta del 70% de aprovechamiento exigirá una transformación profunda en la cultura ciudadana, recordando que la gestión de los residuos y el cuidado del entorno urbano es una cadena de corresponsabilidad que inicia desde cada hogar y obra particular en la ciudad.Laura Daniela AlarcónREDACCIÓN BOGOTÁ Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














