A los 19 años, Zuhaitz Gurrutxaga debutó con la Real Sociedad en un partido contra el Atlético de Madrid. De un día para otro pasó a compartir vestuario con sus ídolos y a convertirse en una figura conocida. Lo que nadie veía era lo que ocurría dentro de su cabeza.Ante Iker Jiménez en Cuarto Milenio, el exfutbolista explicó que la presión y el foco mediático derivaron en un trastorno obsesivo-compulsivo severo. "Mi mente me envía mensajes de peligro sin filtrar", describió. Esa ansiedad constante se calmaba con compulsiones que, con el tiempo, se multiplicaban sin control.El día que la Real Sociedad se proclamó subcampeón de liga, Gurrutxaga acabó solo en la tarima de celebración, sin atreverse a bajar. No tocaba a los rivales por miedo al contagio, entrenaba en manga larga para no rozar el césped y llegó a fingir una lesión para evitar salir al campo: "Estaba cumpliendo mi sueño, pero yo no quería jugar. Me escondía detrás del rival para que no me pasaran".El origen de todo, según él, puede estar en sus primeros días de vida. Nació con un problema cardíaco y fue operado a los veinte días. Sus padres solo podían verle a través de un cristal. "Me pregunto si no he estado el resto de mi vida buscando el cariño que me faltó ese primer mes", reflexionó.Cuando salió del fútbol, reconoció que sintió que había fracasado. Por eso se subió a los escenarios como monologuista: "Me subo al escenario por esa falta de cariño, para mirar a los ojos a esas personas que siento que he decepcionado". Su vida dentro del trastorno, concluyó, fue "un infierno inconfesable y vergonzoso".
El exfutbolista de la Real Sociedad que lo tenía todo y no quería jugar: "Tu vida se convierte en un infierno inconfesable"
Zuhaitz Gurrutxaga relató en 'Cuarto Milenio' cómo el trastorno obsesivo-compulsivo que desarrolló en plena carrera deportiva acabó con su sueño de ser futbolista profesional.












