La noche parisina se encendió con el júbilo de la Liga de Campeones; tras batir al Arsenal en Budapest, el Paris Saint-Germain alzó la copa de la mano de Marquinhos, aunque la celebración derivó en disturbios y pirotecnia que la policía intentó dispersar. Mientras tanto, en las canchas de Roland Garros, Marta Kostyuk desafiaba con su derecha el temple de Iga Swiatek, y en el baloncesto norteamericano, Devin Vassell sellaba con un imponente mate el frenesí del séptimo partido de la NBA.
Sin embargo, el eco del mundo también trajo gravedad. En el Congo, el dolor marcó el traslado de las víctimas tras el cruento asalto de las Fuerzas Democráticas Aliadas. Una tensión similar, transmutada en el fragor político, se vivió en Newark ante el centro Delaney Hall por las políticas migratorias, en Lima contra la candidatura de Keiko Fujimori, y en Ciudad de México, donde el pegado de carteles de desaparecidos alzó un grito digno contra el olvido institucional.










