Pablo Scarpellini Los �ngelesActualizado Domingo,
mayo
17:13En junio de a�o pasado, Gwynne Shotwell tuvo que lidiar con una de las situaciones m�s complejas y delicadas de su carrera. Se sinti� atrapada en la disputa entre su jefe en SpaceX, Elon Musk, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Tras unos meses de caranto�as y romance pol�tico, el choque de egos se volvi� insostenible y termin� en sonada ruptura. Musk amenaz� con retirar la nave espacial que transportaba a astronautas hasta la Estaci�n Espacial Internacional y Shotwell tuvo que mediar para que las aguas volvieran a su cauce antes de que la situaci�n se les saliera de las manos.No es un escenario inusual en Silicon Valley. Detr�s de la visi�n casi mesi�nica de los nuevos gur�s de la era digital han ido proliferando mujeres brillantes y poderosas en las sombras cuya principal misi�n ha sido frenar los ocasionales �mpetus irracionales de sus fundadores. Shotwell en SpaceX, figura clave en la pr�xima salida a bolsa del gigante espacial, Sarah Friar en OpenAI, cerebro financiero de la empresa dirigida por Sam Altman, Sheryl Sandberg en Facebook, la directora ejecutiva de operaciones durante 14 a�os, o Ruth Porat en Google. Los emporios actuales no ser�an tales sin su intervenci�n.Para saber m�sPorat lleg� a Google en 2015 procedente de Morgan Stanley, donde hab�a sido una de las banqueras m�s respetadas de Wall Street. La empresa ya era un gigante, pero un gigante con los modales financieros de una startup: proyectos fara�nicos, gastos en moonshots -esos grandes experimentos que pod�an cambiar el mundo o no servir para nada- y una cultura que consideraba el rigor presupuestario algo ligeramente aburrido.Porat introdujo disciplina. Hizo que los n�meros importaran tanto como las ideas. Se gan� el respeto de los inversores y la reputaci�n de ser la adulta en la sala. Hoy es presidenta y directora de inversiones de Alphabet, la matriz de Google. Nadie en el sector duda de que su llegada cambi� la trayectoria de la compa��a.En Facebook la historia tiene otro nombre y otra textura. Cuando Mark Zuckerberg fich� a Sheryl Sandberg en 2008 la red social era ya un fen�meno cultural pero todav�a no sab�a muy bien c�mo ganar dinero. Sandberg ven�a de Google, conoc�a el negocio de la publicidad digital como nadie y tra�a consigo algo que Zuckerberg, con 23 a�os, no ten�a: experiencia en construir estructuras empresariales que escalan.Sheryl Sandberg fue durante 14 a�os la directora de operaciones de Meta.GETTYDurante 14 a�os fue la COO (directora de operaciones) de Meta, la arquitecta silenciosa del modelo de negocio que convirti� los likes en uno de los imperios publicitarios m�s rentables de la historia. Tambi�n escribi� Lean In, el libro que se convirti� en manifiesto para una generaci�n de mujeres profesionales y que la instal� en el imaginario colectivo como s�mbolo del empoderamiento femenino en el mundo corporativo. Su salida de la junta de Meta en 2024 se vivi� como el fin de una era.Gwynne Shotwell, presidenta y COO de SpaceX.BUSSINESS WIREEl caso de Gwynne Shotwell es quiz�s el m�s singular de todos porque su jefe es el m�s singular de todos. Elon Musk es, por definici�n, el empresario m�s dif�cil de acompa�ar en la historia reciente del capitalismo: impulsivo, contradictorio, capaz de anunciar en X decisiones que afectan a miles de empleados y de cambiar de opini�n una semana despu�s.Shotwell lleva en SpaceX desde el a�o 2002, cuando la empresa ten�a seis empleados y una idea que muchos consideraban una fantas�a cara. Hoy es presidenta y COO de la compa��a que ha redefinido la industria aeroespacial, que lanza cohetes reutilizables con una cadencia que la NASA tard� d�cadas en imaginar, y que tiene contratos con el ej�rcito, con agencias espaciales de todo el mundo y con la ambici�n de llevar humanos a Marte.Shotwell no aparece en los memes. No tiene el perfil medi�tico de Musk. Pero dentro del sector hay un consenso t�cito: sin ella, SpaceX no existir�a tal como la conocemos. Es la que convierte la visi�n en ingenier�a, los sue�os en calendarios de lanzamiento, las promesas en entregas reales.En OpenAI, la encargada de mover una parte fundamental de los hilos es Sarah Friar. La directora financiera del gigante de la inteligencia artificial -conocida por su popular chatbot, ChatGPT- se ha encargado de convertir la ambici�n desmedida de Altman en algo que el balance pueda sostener. OpenAI quema miles de millones al a�o en computaci�n, talento e infraestructura, y opera bajo una presi�n inversora sin precedentes.Friar es conocida por la precisi�n milim�trica de cada decisi�n y por no dejar margen alguno a la improvisaci�n. Altman, por el contrario, funciona a golpe de intuici�n y es tan conocido por las ideas que lanza al vuelo como por desaparecer de una reuni�n casi antes de haberla empezado. De 53 a�os, Friar creci� en un pueblo minero del norte de Irlanda durante los a�os del IRA y el conflicto armado, una mujer hecha a s� misma.Representa el poder en las sombras, el talento que acapara muchos menos titulares que los de su c�lebre jefe, parte de un grupo selecto de mujeres que resultan vitales para entender el mundo tal y como lo conocemos.
















