Retratos Contempor�neosEl artista boricua canta en espa�ol de Puerto Rico y desde ah� se ha convertido en el m�sico latino m�s escuchado del planeta. Su actitud y mensaje contra las pol�ticas del ICE ayudan a visibilizar la realidad de millones de migrantes latinos en EEUU. Empieza en Madrid su monumental proyecto de 10 conciertosEl m�sico puertorrique�o durante un concierto en Barcelona.EFEActualizado S�bado,
mayo
23:08Como todo el mundo sabe, Benito Antonio Mart�nez Ocasio es un boricua que canta en espa�ol de Puerto Rico. Tiene 32 a�os. Es el m�sico m�s escuchado del mundo en este mismo momento. En la �ltima Super Bowl despleg� un espect�culo formidable en defensa y homenaje de la diversidad del continente americano y dijo a Trump cantando que era un necio y un sujeto siniestro, del peor linaje del racismo y de la peor escuela del imperialismo. Esto le dijo Bad Bunny, que as� es como se dio a conocer Benito Antonio Mart�nez Ocasio.M�sico tremendo, ha logrado algo muy extra�o: levantar una carrera sideral en 10 a�os. Hace una d�cada era repartidor de supermercado y lo conoc�an s�lo en su calle. Hoy le ha dado la vuelta a la m�sica mezclando y desajustando estilos hasta hacer lo propio y sonar a nuevo. Pero adem�s de esto, Bad Bunny despliega alegr�a y orgullo identitario, fuerza del colectivo y desaf�o susurrante contra esos l�deres nocivos del presente, empezando por La Bestia. Bad Bunny no es un ingenuista que va desplegando arcadias horteras desde el reguet�n o las cosas del trap. No lo es. Bad Bunny trae una extra�a revoluci�n -sea eso ya lo que sea- en un momento en que vuelve a estar ah� la amenaza del hombre/dios, esos que no mejoran la historia y avisan mal el futuro. Contra el crecimiento del racismo, la xenofobia, el ICE estadounidense y el odio al migrante, �l ondea una alegr�a de cantar y moverse y compartir. Una alegr�a de estar sin perder la credencial de ser quien se es, porque hay momentos en la vida en que el miedo estorba. Bad Bunny est� mucho m�s vivo que La Bestia en la cultura americana (la del continente). Y junta alrededor de la m�sica a la gente de la manera m�s viva, que nunca es la del reba�o. Solicita no agachar la cabeza y aceptar la violencia, el desprecio, la injusticia o la corrupci�n como un destino impuesto. Esta, bien entendida, es una forma de rebeld�a moral. Contra la idea del mundo como un lugar feroz y confeccionado por unos cuantos tipos sacados de un mismo molde que el de La Bestia, la sugerencia de Bad Bunny es desafiar con coraje los excesos y atropellos impuestos por esos mismos tipejos porque somos m�s que ellos. Muchos m�s. Se puede mantener a raya la indignidad de los indignos algunas veces, incluso cantando, incluso bailando. Porque la alegr�a, cuando viene bien dada, nunca es una consigna agonizante. Bad Bunny llega a Madrid para 10 conciertos gigantes despu�s de armar la tremolina en Barcelona. Lo suya no es una utop�a razonable y de buena fe, sino la llamada a enterarse de otra manera de que la realidad es m�s diversa y m�s rica y el neoimperialismo de EEUU es una tuberculosis incubada con mentiras y desde la Casa Blanca no dar�n tregua mientras la ocupe La Bestia. El resto es el milagro de estar vivo. Me parece que de esto va tambi�n el rollo de Bad Bunny y por eso gusta tanto. No se trata de poner en marcha la gran discoteca de la actualidad, sino encontrar desde la m�sica la manera en que millones de invisibles, ciudadanos que no se reflejan en los espejos de los lugares desde donde el mundo se manipula, tengan su evidencia, su manifestaci�n, su brillo. Por Bad Bunny m�s ciudadanos saben d�nde est� Puerto Rico y que su pueblo es un protectorado de EEUU. Quiero decir: un pa�s sometido a la tutela de otro. Un pa�s tambi�n de emigrantes. Un pa�s tambi�n esquilmado. Lo expresa a su manera en un disco poderoso: DeB� TiRAR M�S FOToS. La portada es estupenda porque dice sin ruido lo que quiere decir: sobre el c�sped de un jard�n sencillo hay dos sillas blancas de pl�stico, una junto a la otra. Dos sillas dispuestas para una conversaci�n, pero en las que no hay sentado nadie. Porque quiz� las mujeres y los hombres que los ocupaban marcharon, no est�n ya. Tuvieron que salir. Perdieron el lugar o les forzaron a perderlo. Ser extranjero forzoso provoca en tantos seres humanos una sensaci�n de angustia muy pr�xima al p�nico. Esto, de otro modo, tambi�n lo denuncia Bad Bunny. Y la perversi�n de echar al aire mensajes de miedo al otro contaminando el �nimo del respetable: de quienes creen en la violencia de rechazar y de quienes padecen esa misma violencia desatada. Esa huella de carbono ideol�gico pudre sociedades enteras. Es la espada lun�tica que levanta La Bestia en sus apariciones burras. Es el evangelio de la extrema derecha rampante. Bad Bunny es un muchacho boricua y reci�n llegado al dinero que viene de la calle misma y no juega a las consignas agonizantes, sino que hace m�sica y con ella dice "qu� bueno ser lo que somos y serlo como lo queremos ser". M�s o menos un ant�doto colectivo contra ese trumpismo hipernacionalista que es un c�ncer pol�tico que se da a derecha y a izquierda. Bailar y cantar es la provocaci�n. La historia de la humanidad no puede reducirse a los hechos que seleccionan y difunden cada d�a quienes manejan como un veneno buena parte del mundo. Por eso bailar y cantar, a lo Bad Bunny, activa las endorfinas por un rato. Y tambi�n engrasa el j�bilo, el alborozo y la euforia en defensa propia con entusiasmo latino. Latino de Am�rica. Es un fen�meno interesante, ni el primero ni el �ltimo, de c�mo el espect�culo masivo, la codicia millonaria de la industria de la m�sica y la frivolidad rampante del negocio da paso, a veces, a alguien dispuesto a aprovechar alguna grieta inasequible en esa mec�nica y de repente su voz llega m�s lejos y apremia a m�s gente. No deja de ser negocio, pero aviva conciencias. Y eso ha pasado.















