El gobierno nacional avanzó esta semana con el cierre de los complejos de Chapadmalal, en la provincia de Buenos Aires, y Embalse, en Córdoba. Ya se determinó el cese del alojamiento, l desmantelamiento total de las estructuras operativas y el despido de los trabajadores, 102 entre las dos unidades turísticas, que ya pasaron a la órbita de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE). El próximo objetivo es la venta o la concesión de los terrenos. Lo paradigmático de que el desguace de los dos principales íconos del turismo social en la Argentina, impulsados durante el primer peronismo, lo llevó adelante Daniel Scioli, hoy secretario de Turismo y Ambiente, pero con una historia política estructurada en los últimos treinta años alrededor del Partido Justicialista. Con la resolución 2026-129 de la Jefatura de Gabinete, Nación pasó al personal de los complejos a disponibilidad. El primer paso para desmantelar las dos unidades turísticas fue el decreto 216/2025, que establecía que ya no habría obligación del Estado en garantizar servicios de turismo social. Y ya en abril del año pasado, Scioli envió una nota ante AABE en la que declaraba la “innecesariedad” de los hoteles de Chapadmalal y Embalse. El objetivo es claro: vender, concesionar o explotar los complejos. “Quieren entregar un patrimonio histórico. Es como entregar el Cabildo o la Casa de Tucumán. Es la destrucción de una obra que es irrepetible, no se puede construir de nuevo un complejo”, denuncia a este diario Silvia Daria, creadora del Museo Eva Perón, de Chapadmalal, que inauguró en enero de 2003 justamente Scioli, todavía secretario de Turismo y Deportes de la Nación.